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Tomando
la palabra
El factor Silva
La
historia ha demostrado que, en el país, al electorado le
gustan los partidos sin muchos enredos ideológicos.
Héctor Silva es un salvadoreño nacido en Boston.
Habla perfectamente el inglés, es médico, de familia
acomodada, estudió en buenos colegios, es fotogénico,
ha estado siempre en la lista de lo más populares: todo un
bocadillo para cualquier asesor de campañas publicitarias.
Sin embargo, su candidatura nunca levantó vuelo. Todo parece
indicar que tendrá que conformarse con disputar el frío
sótano con el candidato del PCN, de cuyo nombre, sinceramente
no me recuerdo.
La candidatura del ex alcalde de la capital había causado
ciertas expectativas y hasta nerviosismo en las altas dirigencias
del FMLN y de ARENA. Los expertos aseguran que el llamado centro
tiende a restarle votos tanto a la derecha como a la izquierda.
En el caso de Silva, le restaría más votos a la izquierda.
Por ello es que Fabio Castillo, ex coordinador del FMLN, no se alegró
mucho cuando la flamante coalición anunció que ya
tenía candidato. En su muy peculiar estilo, el doctor Castillo
calificó la candidatura de Silva como una noticia de-sa-gra-da-ble.
Muchas cosas han conspirado contra Héctor Silva. En primer
lugar, su tremenda indecisión. Que no voy, que tal vez, que
nunca digas nunca, que tajantemente no, que la otra semana aviso,
que no quiero comentar el tema y, por último, que vaya pues
sí. La crónica de la indecisión tuvo publicidad.
El electorado, al menos una parte, percibió al nuevo candidato
como indeciso. No queremos a nadie deshojando margaritas en la silla
presidencial. Va uno.
A la indecisión se suma la indefinición. PDC, PPSC,
FDR, Convergencia, CDU, renovador, tulipán, ortodoxo y luego...
¡zas, otra vez CDU y PDC, toda una gira multicolor por el
espectro de la izquierda. Lo grave es que, en este aspecto, el electorado,
además de indefinición, puede percibir también
oportunismo.
Luego está el affaire de la basura. Cada vez
es más evidente que el negocio con CINTEC, promovido por
Silva, como alcalde de San Salvador, tiene aspectos sumamente turbios.
Hasta este sol nadie de los involucrados logra dar explicaciones
claras a los habitantes del Gran San Salvador sobre el paradero
de varios millones de dólares. Es más, últimamente,
algunos de los alcaldes socios de MIDES sugieren que ellos, en realidad,
no tuvieron nada que ver y que todo es responsabilidad del ahora
candidato de la coalición.
Mientras ARENA y el Frente tienen ya varios meses de estar lanzando
sus mensajes publicitarios, realizando mítines y giras y
una fuerte presencia mediática, la coalición apenas
ha sacado dos o tres avisos de periódico, no tiene mayor
presencia en los medios y los candidatos se fueron de gira... a
Estados Unidos. Es cierto que Héctor Silva es conocido en
San Salvador y en otras áreas urbanas, pero esta elección
es nacional. Es poco probable que en Pasaquina, Monteca o Candelaria
de la Frontera se tenga mayor conocimiento de dicho candidato.
Hay más. La historia ha demostrado que, en El Salvador, al
electorado le gustan los partidos sin muchos enredos ideológicos.
El FMLN es claramente de izquierda y ARENA es inequívocamente
de derecha. Aunque esta nomenclatura haya perdido mucha vigencia
en otras partes del mundo y en círculos intelectuales, lo
cierto es que, para los salvadoreños, sigue siendo válida
como referente de ideas políticas.
La Democracia Cristiana llegó al gobierno no como un partido
de centro. Llegó como la contraparte antiinsurgente, pro
estadounidense y derechista de la guerrilla marxista. Una vez consolidada
ARENA, la verdadera derecha, el PDC fue desplazado del poder y desde
entonces no ha vuelto a levantar cabeza. Aventuras más fugaces
y tristes han tenido otros movimientos políticos autodenominados
de centro o social demócratas: el PD, el PSD, de Jorge Meléndez;
el PSD, de Reni Roldán, Acción Democrática,
el Movimiento de Unidad y toda una sopa de letras que a los salvadoreños,
como a Mafalda, no les gusta.
La coalición es además una galería de personajes
que juntos confunden al electorado. La foto de familia es un arroz
con mango. Allí hay de todo: antiguos miembros del gobierno
de Duarte, derechistas, ex aliados del FMLN, ex comandantes guerrilleros,
militares, etcétera. Todo cobijado para no complicarse con
la palabra mágica: centro.
Es seguro que cuando el FMLN ofrece bajar el IVA, volver al colón,
subir salarios, regalar insumos agrícolas, repartir comida,
abrir relaciones con Cuba y el socialismo, muchos electores se sientan
seducidos, derramen lágrimas emotivas y decidan dar su voto
por su candidato. Es seguro que cuando ARENA ofrece seguir por el
rumbo trazado, atracción de la inversión privada,
inversión en plantas y equipos y libre comercio, otros miles
de salvadoreños decidan votar por la bandera tricolor.
Pero es poco probable que cuando los voceros de la coalición,
sobre todo los del CDU, expliquen al electorado que el centro es
un espacio de convocatoria de la sociedad civil, que busca la equidistancia
entre las extremas, para luego posibilitar la gobernabilidad que
nos ha de llevar a un plan de nación concertado hacia la
propia identidad democrática, en donde todos los actores
políticos han de sumar esfuerzos para erradicar la marginalidad
y construir el desarrollo, etc., etc., logren conmover a muchos.
A estas alturas del campeonato, es claro que el factor Silva no
fue lo que se esperaba. Las próximas elecciones, como el
tango, serán cosa de dos.
*Columnista de El Diario de Hoy.
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