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Tomando la palabra
El factor Silva

Marvin Galeas*
El Diario de Hoy
marvin@yahoo.com

La historia ha demostrado que, en el país, al electorado le gustan los partidos sin muchos enredos ideológicos.

Héctor Silva es un salvadoreño nacido en Boston. Habla perfectamente el inglés, es médico, de familia acomodada, estudió en buenos colegios, es fotogénico, ha estado siempre en la lista de lo más populares: todo un bocadillo para cualquier asesor de campañas publicitarias. Sin embargo, su candidatura nunca levantó vuelo. Todo parece indicar que tendrá que conformarse con disputar el frío sótano con el candidato del PCN, de cuyo nombre, sinceramente no me recuerdo.

La candidatura del ex alcalde de la capital había causado ciertas expectativas y hasta nerviosismo en las altas dirigencias del FMLN y de ARENA. Los expertos aseguran que el llamado “centro” tiende a restarle votos tanto a la derecha como a la izquierda. En el caso de Silva, le restaría más votos a la izquierda. Por ello es que Fabio Castillo, ex coordinador del FMLN, no se alegró mucho cuando la flamante coalición anunció que ya tenía candidato. En su muy peculiar estilo, el doctor Castillo calificó la candidatura de Silva como una noticia “de-sa-gra-da-ble”.

Muchas cosas han conspirado contra Héctor Silva. En primer lugar, su tremenda indecisión. Que no voy, que tal vez, que nunca digas nunca, que tajantemente no, que la otra semana aviso, que no quiero comentar el tema y, por último, que vaya pues sí. La crónica de la indecisión tuvo publicidad. El electorado, al menos una parte, percibió al nuevo candidato como indeciso. No queremos a nadie deshojando margaritas en la silla presidencial. Va uno.

A la indecisión se suma la indefinición. PDC, PPSC, FDR, Convergencia, CDU, renovador, tulipán, ortodoxo y luego... ¡zas, otra vez CDU y PDC, toda una gira multicolor por el espectro de la izquierda. Lo grave es que, en este aspecto, el electorado, además de indefinición, puede percibir también oportunismo.

Luego está el “affaire” de la basura. Cada vez es más evidente que el negocio con CINTEC, promovido por Silva, como alcalde de San Salvador, tiene aspectos sumamente turbios. Hasta este sol nadie de los involucrados logra dar explicaciones claras a los habitantes del Gran San Salvador sobre el paradero de varios millones de dólares. Es más, últimamente, algunos de los alcaldes socios de MIDES sugieren que ellos, en realidad, no tuvieron nada que ver y que todo es responsabilidad del ahora candidato de la coalición.

Mientras ARENA y el Frente tienen ya varios meses de estar lanzando sus mensajes publicitarios, realizando mítines y giras y una fuerte presencia mediática, la coalición apenas ha sacado dos o tres avisos de periódico, no tiene mayor presencia en los medios y los candidatos se fueron de gira... a Estados Unidos. Es cierto que Héctor Silva es conocido en San Salvador y en otras áreas urbanas, pero esta elección es nacional. Es poco probable que en Pasaquina, Monteca o Candelaria de la Frontera se tenga mayor conocimiento de dicho candidato.

Hay más. La historia ha demostrado que, en El Salvador, al electorado le gustan los partidos sin muchos enredos ideológicos. El FMLN es claramente de izquierda y ARENA es inequívocamente de derecha. Aunque esta nomenclatura haya perdido mucha vigencia en otras partes del mundo y en círculos intelectuales, lo cierto es que, para los salvadoreños, sigue siendo válida como referente de ideas políticas.

La Democracia Cristiana llegó al gobierno no como un partido de centro. Llegó como la contraparte antiinsurgente, pro estadounidense y derechista de la guerrilla marxista. Una vez consolidada ARENA, la verdadera derecha, el PDC fue desplazado del poder y desde entonces no ha vuelto a levantar cabeza. Aventuras más fugaces y tristes han tenido otros movimientos políticos autodenominados de centro o social demócratas: el PD, el PSD, de Jorge Meléndez; el PSD, de Reni Roldán, Acción Democrática, el Movimiento de Unidad y toda una sopa de letras que a los salvadoreños, como a Mafalda, no les gusta.

La coalición es además una galería de personajes que juntos confunden al electorado. La foto de familia es un arroz con mango. Allí hay de todo: antiguos miembros del gobierno de Duarte, derechistas, ex aliados del FMLN, ex comandantes guerrilleros, militares, etcétera. Todo cobijado para no complicarse con la palabra mágica: centro.

Es seguro que cuando el FMLN ofrece bajar el IVA, volver al colón, subir salarios, regalar insumos agrícolas, repartir comida, abrir relaciones con Cuba y el socialismo, muchos electores se sientan seducidos, derramen lágrimas emotivas y decidan dar su voto por su candidato. Es seguro que cuando ARENA ofrece seguir por el rumbo trazado, atracción de la inversión privada, inversión en plantas y equipos y libre comercio, otros miles de salvadoreños decidan votar por la bandera tricolor.

Pero es poco probable que cuando los voceros de la coalición, sobre todo los del CDU, expliquen al electorado que el centro es un espacio de convocatoria de la sociedad civil, que busca la equidistancia entre las extremas, para luego posibilitar la gobernabilidad que nos ha de llevar a un plan de nación concertado hacia la propia identidad democrática, en donde todos los actores políticos han de sumar esfuerzos para erradicar la marginalidad y construir el desarrollo, etc., etc., logren conmover a muchos.

A estas alturas del campeonato, es claro que el factor Silva no fue lo que se esperaba. Las próximas elecciones, como el tango, serán cosa de dos.
*Columnista de El Diario de Hoy.

 

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