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Comentando
Un gran mal: la mora judicial
Dicen
que el camino al infierno está sembrado de buenas intenciones.
A propósito de esta frase, desde hace muchos años
he visto magistrados que van y otros que vienen a la Corte Suprema
de Justicia, y casi todos ellos, cuando comienzan sus funciones,
expresan sus buenas intenciones de poner todos sus esfuerzos en
hacer realidad el principio constitucional de que en el país
haya una pronta y cumplida justicia, pero este gran mal sigue sin
resolverse y ahora ha tomado carta de ciudadanía.
Y para que algunos no vayan a pensar que escribo sólo por
fastidiar, habida cuenta que jueces y litigantes ya estamos fastidiados
con estas grandes tardanzas en perjuicio de nuestros patrocinados
y, sobre todo, del sistema jurisdiccional, traslado textualmente
lo que expresa la Sala de lo Constitucional bajo la referencia 277-98:
La acumulación de los procesos en los tribunales imposibilita
que se exija al juez que cumpla con el procedimiento exacto del
plazo, pues el exceso de carga de trabajo excede el alcance de su
diligencia (Revista de Derecho Constitucional No. 28, Tomo
I, julio-septiembre de 1998).
Otra muestra derivada de esa resolución, que ha adquirido
el carácter de jurisprudencia obligatoria en nuestro país,
es la siguiente: En abril de este año que agoniza y en mi
calidad de defensor particular, estuve en un juzgado de paz de Apopa,
el cual, en menos de setenta y dos horas después de habérsele
presentado el requerimiento fiscal, celebró la audiencia
inicial. Aquí está bueno el procedimiento, me dije,
y todo caminará sobre ruedas. Pero nones. La jueza, a pesar
de las pruebas de descargo y basándose en forma estricta
en un artículo del Código Penal, ordenó la
instrucción solicitada por el inflexible agente fiscal.
La audiencia preliminar se efectuó hasta el mes de septiembre,
siempre en Apopa. Ya mis patrocinados llevaban casi seis meses detenidos,
sin que se decretara una medida cautelar sustitutiva a la de prisión,
pese a nuestras gestiones. Todo es cuestión de procedimientos
y, muchas veces, de criterios muy rigoristas de alguno que otro
juzgador. De nuevo, a pesar de las pruebas de descargo, que consideramos
suficientes, irrebatibles y justas, aquel tribunal falló
por pasar la causa a un tribunal de sentencia capitalino, y no fue
hasta hace pocos días que este tribunal resolvió celebrar
la vista pública hasta el mes de julio del año entrante.
Fundamento de su tardanza: la acumulación de trabajo, porque
la verdad es que todos los tribunales sufren con esta sobrecarga,
y cuando digo todos, es que son todos. Ejemplo, esos tribunales
de Menor Cuantía que sólo son dos y tienen más
de treinta mil casos pendientes.
Es urgente, justo, necesario, que la Corte Suprema de Justicia,
Fiscalía General de la República, las procuradurías,
las asociaciones de jueces y de abogados, las universidades que
tienen la carrera de Derecho y la misma Policía Nacional
Civil celebremos cuanto antes un foro encaminado a plantear soluciones
eficaces a esta gran mora judicial que sufre el país desde
hace tiempos. No basta con estar justificando lo que es injustificable.
Centenares de personas, con seguridad muchas de ellas inocentes,
gimen tras los barrotes de un sistema penitenciario cruel y sobresaturado.
Acción es la palabra clave en este caso.
Yo estoy de acuerdo con los jueces: por mucho que ellos quisieran
celebrar pronto las audiencias, o las vistas públicas, tienen
una acumulación de casos que forman verdaderas montañas.
Los problemas del sistema jurisdiccional son muchos, pero algunos
no quieren ver o no quieren emprender la tarea de irlos resolviendo,
aunque sea poco a poco. Pero, antes que nada, urge que busquemos
medidas eficaces para todo el aparato de justicia, ya que también
las áreas civil y mercantil están igualmente saturadas
y no solamente la penal.
* Psicólogo y Abogado
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