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Una
voz que iluminó la noche
Ana
María Ugarte realizó su primer concierto, sus tonadas
llenaron el ambiente de romance.
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La fuerza de su voz cautivó
a los asistentes dejándo de lado cualquier limitación
física. Foto EDH
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La pasión del tango y la suavidad de baladas como Solamente
una vez, interpretadas en la voz de la mezzosoprano salvadoreña
Ana María Ugarte, conquistaron corazones y desprendieron
los primeros suspiros de la noche.
La cantante llegó al país el viernes, para compartir
De Boston... con amor, con el público salvadoreño.
Su primera presentación se realizó ayer en el teatro
Luis Poma, donde asistieron decenas de personas que pudieron comprobar
el talento de la compatriota. Muchos disfrutaron en familia el variado
repertorio ejecutado por Ugarte y su pareja de fórmula, el
pianista Scott Nicholson.
La Primera Dama de la República, Lourdes de Flores dió
paso al recital lírico agradeciendo a los asistentes por
su presencia e invitándolos a deleitarse con la melodiosa
voz de la cantante.
La funcionaria aprovechó los primeros minutos del concierto
para recordar que las presentaciones de la mezzosoprano salvadoreña
en el país son a beneficio de los niños y las niñas
ciegas. Con esta actividad contribuimos a que varios niños
se beneficien y estén equipados para incorporarse al sistema
educativo, acotó.
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Primera Dama de La República,
Lourdes De Flores asistió
al concierto acompañada de su madre Ana María
Rivas de Rodríguez Torth y su abuela Tere de Rivas
Palacios
Foto EDH
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De Flores asistió al concierto acompañada de su madre
Ana María Rivas de Rodríguez Torth y su abuela Tere
de Rivas Palacios. Las tres disfrutaron de principio a fin el recital.
Voz privilegiada
El público pasivo escuchó las tonadas de María
Ugarte, sus movimientos corporales daban fuerza a las interpretaciones
y la química entre sus cuerdas vocales y la destreza de Nicholson
se dejaron sentir en el ambiente.
Júrame, Fingida, Dulces Recuerdos, Sin tí, Mujer y
otros romances de todos los tiempos dieron vida a la primera parte
del concierto. Ugarte realizó pequeñas pausas entre
las piezas musicales para explicar la procedencia de las piezas
e intimar con el público.
La acogida fue notoria: a cada interpretación el respetale
interrumpía con aplausos. El intermedio llegó y el
público brindó con la mezzosoprano y su acompañante,
mientras comentaban el deleite musical experimentado.
Ana María dotaba de elegancia a la escena, sus ropas, su
cabello recogido y su postura firme y segura remembreban el estilo
de las óperas clásicas. Al final la cantante irradió
su ánimo y el publicó satisfecho la despidió
de pie.
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