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Codenando
El Kadish de Estambul
Las
masacres del sábado 15 en Estambul constituyen una muestra
adicional del carácter despiadado del enemigo universal.
Es muy posible que la opinión pública
alrededor del mundo ya haya perdido cualquier sensibilidad ante
los fenómenos terroristas. Parece que todos suspiran un instante
y el siguiente vuelve a sus asuntos rutinarios. Sin embargo, es
necesario volver a despertar la conciencia y alimentar el fuego
del repudio. Es el deber de gritar ¡ya basta!
Los dos coches bomba en Turquía explotaron cuando los
feligreses en sus templos dirigían sus miradas y sus plegarias
a Dios. Aun los condenados a muerte tienen derecho a unos momentos
de espiritualidad. Sin embargo, los que inocentemente se congregaron
en sus sinagogas fueron depravados de este sagrado encuentro por
aquellos cuya fe es la muerte y sus sacerdotes, los asesinos. Es
cierto, el atentado era dirigido contra judíos. El odio antijudío
es tan vasto y profundo que hasta los centros de culto son considerados
blancos legítimos.
Esta congregación del mal es absolutista en su odio.
Cualquiera que se encuentra en el camino es victimado. Según
se sabe, muchos de los que perdieron sus vidas en el atentado no
eran judíos. Sin embargo, sus almas que en vida terrenal
han sido musulmanes u ortodoxos o de cualquier otra religión,
en un instante se unieron a la comunidad de las víctimas
del terror.
La lucha antiterrorista ya no es tan sólo tarea de
pocos. Nadie se puede desvincular de los hechos y sus significados.
El terror está dirigido contra todos en Afganistán,
en Iraq, en Israel y en Turquía. Los que se apresuran a explicar
el terror por una u otra política de este u otro país,
no sólo demuestran una evidente falta de comprensión
política, sino hasta promueven otros atentados.
Es el momento de reconocer que la cultura democrática es
agredida por la cultura de la muerte. En esta lucha, los que creemos
en el diálogo y las negociaciones como la herramienta para
solucionar desacuerdos, estamos en un lado. Aquellos que buscan
imponer su visión en forma absolutista, están al otro
lado.
Para los judíos, el odio y sus manifestaciones no es
algo nuevo. Lamentablemente, el antisemitismo no desapareció.
Peor, hoy en día parece que el odio antijudío encontró
un disfraz muy cómodo: el antiisraelí. Sin embargo,
tal como hemos logrado derrotar los enemigos y detractores de antaño,
lo haremos de nuevo.
Así, cuando nos unimos a nuestros hermanos en Estambul, entonando
el Yitgadal veyitkadash shmei raba, las primeras palabras
del Kadish, la oración del luto y duelo, recordemos que somos
un pueblo que ha sobrevivido durante cuatro milenio. Sabremos enfrentar
y superar los desafíos de hoy.
*Embajador
de Israel.
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