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Codenando
El Kadish de Estambul

Yosef Livne*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Las masacres del sábado 15 en Estambul constituyen una muestra adicional del carácter despiadado del enemigo universal.

Es muy posible que la opinión pública alrededor del mundo ya haya perdido cualquier sensibilidad ante los fenómenos terroristas. Parece que todos suspiran un instante y el siguiente vuelve a sus asuntos rutinarios. Sin embargo, es necesario volver a despertar la conciencia y alimentar el fuego del repudio. Es el deber de gritar ¡ya basta!

 Los dos coches bomba en Turquía explotaron cuando los feligreses en sus templos dirigían sus miradas y sus plegarias a Dios. Aun los condenados a muerte tienen derecho a unos momentos de espiritualidad. Sin embargo, los que inocentemente se congregaron en sus sinagogas fueron depravados de este sagrado encuentro por aquellos cuya fe es la muerte y sus sacerdotes, los asesinos. Es cierto, el atentado era dirigido contra judíos. El odio antijudío es tan vasto y profundo que hasta los centros de culto son considerados blancos legítimos.

 Esta congregación del mal es absolutista en su odio. Cualquiera que se encuentra en el camino es victimado. Según se sabe, muchos de los que perdieron sus vidas en el atentado no eran judíos. Sin embargo, sus almas que en vida terrenal han sido musulmanes u ortodoxos o de cualquier otra religión, en un instante se unieron a la comunidad de las víctimas del terror.

 La lucha antiterrorista ya no es tan sólo tarea de pocos. Nadie se puede desvincular de los hechos y sus significados. El terror está dirigido contra todos en Afganistán, en Iraq, en Israel y en Turquía. Los que se apresuran a “explicar” el terror por una u otra política de este u otro país, no sólo demuestran una evidente falta de comprensión política, sino hasta promueven otros atentados.

Es el momento de reconocer que la cultura democrática es agredida por la cultura de la muerte. En esta lucha, los que creemos en el diálogo y las negociaciones como la herramienta para solucionar desacuerdos, estamos en un lado. Aquellos que buscan imponer su visión en forma absolutista, están al otro lado.

 Para los judíos, el odio y sus manifestaciones no es algo nuevo. Lamentablemente, el antisemitismo no desapareció. Peor, hoy en día parece que el odio antijudío encontró un disfraz muy cómodo: el antiisraelí. Sin embargo, tal como hemos logrado derrotar los enemigos y detractores de antaño, lo haremos de nuevo.

Así, cuando nos unimos a nuestros hermanos en Estambul, entonando el “Yitgadal veyitkadash shmei raba”, las primeras palabras del Kadish, la oración del luto y duelo, recordemos que somos un pueblo que ha sobrevivido durante cuatro milenio. Sabremos enfrentar y superar los desafíos de hoy.

 *Embajador de Israel.

 

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