| |

Palabras
La dulce escuela del dolor
El
dolor forja al hombre, es el axioma. Y pareciera que el Divino Escultor
forja a golpes su más querida obra: El hombre. Porque es
la vida la dulce escuela del dolor.
El que detiene el castigo, a su hijo aborrece, mas el que
lo ama, madruga a castigarlo, dice el libro de los Proverbios.
Así, el verdadero hombre de la escultura de la Creación,
tendría que ser forjado por el divino golpe del mazo creador.
Cierta vez nació un niño insensible al dolor. Los
médicos trataron de curarlo, afanados en hacerle sentir el
dolor de cualquier manera. Según ellos, esa insensibilidad,
innata en aquella criatura, era un riesgo mortal. Al no sentir dolor,
no podía detectar ningún síntoma de enfermedad
en su cuerpo, porque el dolor es una alarma natural del organismo
humano, creada para enviar señales de alerta. Al escuchar
el dolor, vamos al médico para ser sanados.
Ese dolor de la vida, en lo espiritual, también está
hecho para sanarnos. Así, precoces escolares de dolor, vamos
aprendiendo la sublime lección de la felicidad. Un rato con
lágrimas, otro trecho con alegría. Es la dulce escuela
del dolor. Donde volvemos, como cuando éramos niños,
a escribir nuestros sueños rotos en la verde pizarra del
salón de clases...
Día a Día
Al dejar de cultivar algodón y cosechas rentables, en muchas
de las tierras cooperatizadas se comenzaron a sembrar
granos, en especial maíz. Por desgracia la siembra se hace
en laderas (son relativamente escasos los terrenos planos), con
lo que la lluvia cae sin detenerse llevándose la tierra fértil,
el poco humus que haya. En sentido literal el agro regresó
a lo que existía antes de la Conquista y se cayó en
el ciclo de tierras vírgenes y fértiles, siembras
despiadadas, creciente desertización y abandono.
Antes de la guerra contra el país, trabajaban en El Salvador
diversos grupos y asociaciones cívicas cuya misión
era educar al campesino y al pequeño agricultor en buenas
prácticas de cultivo. Una de estas prácticas era sembrar
siguiendo curvas de nivel; otra, hacer tapadas en los cauces naturales,
para que el agua se infiltrara en el subsuelo. Lo segundo es siempre
un método disponible a las comunidades y a los agricultores
individuales para reverdecer sus propiedades.
|
|