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La nota del día
Alrededor del automóvil gira todo un mundo
En
vez de mejorar las cosas, la persecución contra los automóviles
acabó por colapsar la economía, aislar a los pobladores
unos de otros y empobrecerlos en grado asombroso.
La industria del automóvil cubre una enorme gama de actividades
en las que se desempeñan decenas de miles de salvadoreños.
Alrededor de los automóviles (lo que incluye buses y camiones)
hay distribuidores, vendedores, representantes, dueños y
operarios de talleres, pintores, tapiceros, publicistas, aseguradores,
vendedores de repuestos, gasolineros, transportistas, vigilantes,
taxistas, choferes, reencauchadores. La lista es muy larga y, estrictamente,
incluye a los ladrones de vehículos, a quienes los desmantelan,
y a los que venden en el mercado informal las piezas robadas. Y
en eso se ocupan los detectives. Allí también caben
las señoras que ganan dinero llevando niños a colegios.
Desde extender licencias, poner multas, reparar vehículos,
tramitar su importación, conceder créditos para adquirirlos,
cobrar letras, en una forma u otra casi todo el país gira
alrededor de los automóviles; querer elevar los impuestos
de importación, o prohibir que se traigan determinados automóviles,
es tirar piedras al engranaje económico de El Salvador.
No parece concebible, pero existen sectores que buscan reducir
el número de vehículos en circulación, como
una forma de lograr ahorros y mayor progreso. Así pensaban
nuestros gobernantes en los años sesenta, y así piensan
los comunistas, que en palabras de su candidato quieren sustituir
el automóvil por mulas y carretas para los trayectos cortos.
De hecho, eso sucede en Cuba: no hay importaciones de automóviles
en parte por la bancarrota económica, en parte por los recelos
del régimen respecto a los llamados burgueses y sus automóviles.
En La Habana los taxis que usa la población no son más
que motocicletas con una improvisada carrocería encima, o
bicicletas y mulas que tiran de una canasta donde se sienta el cliente.
En vez de mejorar las cosas, la persecución contra los automóviles
acabó por colapsar la economía, aislar a los pobladores
unos de otros y empobrecerlos en grado asombroso.
¿Qué pasó con los cubanos que vivían,
trabajaban y se ocupaban en importar, vender, reparar y dar servicio
a los automóviles? Esta clase humana prácticamente
desapareció, de la misma manera en que van a desaparecer
aquellos salvadoreños que están en igual actividad
si llega el comunismo al poder. Desde gasolineros hasta mecánicos,
publicistas y financieros, representantes de marcas y los que venden
a los automovilistas en las esquinas, todos serán primero
gravemente golpeados, para luego esfumarse del paisaje.
Hay riesgo de quedarnos en la calle
En Cuba la gasolina está muy racionada aun con lo que les
regala Venezuela, y no hay piezas de recambio. De allí que
lo que se ve de automóviles en las calles son el equivalente
de dinosaurios metálicos de los años cincuenta, que
por milagro sobreviven.
El público hará bien en visitar el Salón del
Automóvil en la Feria Internacional. Allí verá
las señales de una robusta actividad económica, modelos
muy atractivos de vehículos, autos de ensueño,
tecnologías punta. Pero también podrá ver algunas
de las actividades que se relacionan con el automovilismo, desde
concebir, diseñar e imprimir los pósteres de propaganda,
hasta representantes de casas de repuesto y talleres. Con gran probabilidad
algún pariente, amigo o él mismo, estará involucrado
con ese sector, además de ser usuario y chofer.
Lo más seguro es que en años venideros estas exhibiciones
sean cada vez mejores y vistosas. O que, por votar mal, decenas
de miles de personas queden en la calle.
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