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Martes 18 de Noviembre

 

 

 
 



La nota del día
Alrededor del automóvil gira todo un mundo

En vez de mejorar las cosas, la persecución contra los automóviles acabó por colapsar la economía, aislar a los pobladores unos de otros y empobrecerlos en grado asombroso.

La industria del automóvil cubre una enorme gama de actividades en las que se desempeñan decenas de miles de salvadoreños. Alrededor de los automóviles (lo que incluye buses y camiones) hay distribuidores, vendedores, representantes, dueños y operarios de talleres, pintores, tapiceros, publicistas, aseguradores, vendedores de repuestos, gasolineros, transportistas, vigilantes, taxistas, choferes, reencauchadores. La lista es muy larga y, estrictamente, incluye a los ladrones de vehículos, a quienes los desmantelan, y a los que venden en el mercado informal las piezas robadas. Y en eso se ocupan los detectives. Allí también caben las señoras que ganan dinero llevando niños a colegios.

Desde extender licencias, poner multas, reparar vehículos, tramitar su importación, conceder créditos para adquirirlos, cobrar letras, en una forma u otra casi todo el país gira alrededor de los automóviles; querer elevar los impuestos de importación, o prohibir que se traigan determinados automóviles, es tirar piedras al engranaje económico de El Salvador.

 No parece concebible, pero existen sectores que buscan reducir el número de vehículos en circulación, como una forma de lograr ahorros y mayor progreso. Así pensaban nuestros gobernantes en los años sesenta, y así piensan los comunistas, que en palabras de su candidato quieren sustituir el automóvil por mulas y carretas para los trayectos cortos.

 De hecho, eso sucede en Cuba: no hay importaciones de automóviles en parte por la bancarrota económica, en parte por los recelos del régimen respecto a los llamados burgueses y sus automóviles. En La Habana los taxis que usa la población no son más que motocicletas con una improvisada carrocería encima, o bicicletas y mulas que tiran de una canasta donde se sienta el cliente. En vez de mejorar las cosas, la persecución contra los automóviles acabó por colapsar la economía, aislar a los pobladores unos de otros y empobrecerlos en grado asombroso.

¿Qué pasó con los cubanos que vivían, trabajaban y se ocupaban en importar, vender, reparar y dar servicio a los automóviles? Esta clase humana prácticamente desapareció, de la misma manera en que van a desaparecer aquellos salvadoreños que están en igual actividad si llega el comunismo al poder. Desde gasolineros hasta mecánicos, publicistas y financieros, representantes de marcas y los que venden a los automovilistas en las esquinas, todos serán primero gravemente golpeados, para luego esfumarse del paisaje.

Hay riesgo de quedarnos en la calle

En Cuba la gasolina está muy racionada aun con lo que les regala Venezuela, y no hay piezas de recambio. De allí que lo que se ve de automóviles en las calles son el equivalente de dinosaurios metálicos de los años cincuenta, que por milagro sobreviven.

El público hará bien en visitar el Salón del Automóvil en la Feria Internacional. Allí verá las señales de una robusta actividad económica, modelos muy atractivos de vehículos, “autos de ensueño”, tecnologías punta. Pero también podrá ver algunas de las actividades que se relacionan con el automovilismo, desde concebir, diseñar e imprimir los pósteres de propaganda, hasta representantes de casas de repuesto y talleres. Con gran probabilidad algún pariente, amigo o él mismo, estará involucrado con ese sector, además de ser usuario y chofer.

Lo más seguro es que en años venideros estas exhibiciones sean cada vez mejores y vistosas. O que, por votar mal, decenas de miles de personas queden en la calle.

 

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