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Inicio del Sitio Lunes 17 de Noviembre
 

 

 
 

Soñando despierto
La prepotencia nos ciega ante el volante

Siempre disfruté las caricaturas de “Los Carros Locos”, de Hanna-Barbera, con la bella Penélope Glamour, los Hermanos Macana y el perro Patán, de silbante risa de pícaro.

Mario González
El Diario de Hoy
telstar@elsalvador.com

No menos interesante para un cipote de los 70 era ver en el cine las aventuras del escarabajo Cupido Motorizado o divertirse una tarde en los autos chocones en la “Autopista Infantil”.

Lo que me aterra es que muchos queremos repetir esas historias, al más audaz estilo de Jackie Chan o de Los Dukes de Hazzard, en las calles de El Salvador. El resultado es más de mil muertos en 19 mil accidentes viales de enero a octubre, lo cual puede darnos una idea de cómo cerrará el año, según nos explicó el Dr. Juan Mateu Llort, pionero del antidoping vial.

El año anterior hubo más de 24 mil accidentes causados por la imprudencia, el alcohol y las drogas y, yo agregaría, por el machismo y la prepotencia.

Parece que no nos conmueve ver por televisión el luto y el llanto de viudas, huérfanos y sobrevivientes lisiados de por vida. Nos olvidamos de Dios y de nuestras familias.

Lo cierto es que no paramos hasta que estamos frente al alto; nos cambiamos temerariamente de carril; le ponemos la luz alta a los autos del sentido contrario; nos distraemos y maniobramos torpemente hablando por celular; creemos que los demás tienen la obligación de aguantarnos. Parece que este es el único país donde los autos pasan con la luz roja y paran con la verde. Todo lo anterior con la conciencia de que puede ocurrir un choque y en el mejor de los casos huiremos, arreglaremos las cosas peleando o “asumiremos demencia”.

Si andamos en un bus, en un microbús o en un pick up, peor aún: creemos que se trata del “Auto Fantástico” de la serie de TV de los 90, que incluso hablaba. Para algunos, esos vehículos se han vuelto un símbolo del machismo y la matonería y cuando los conducen piensan que son Valentín Trujillo o los hermanos Almada en las sangrientas producciones de “Frontera Films” de los 80. Y sálvese, o mejor dicho, apártese quien pueda.

Lo más irónico es ver que esos armatostes llevan inscritos nombres o pasajes de la Biblia. Un microbusero de los que van para Apopa ha sido más sincero y lleva una efigie de Bin Laden en su vidrio trasero.

Creemos que, como Roberto Carlos en “Cacharrito”, “le montaremos una gran velocidad para recorrer la ciudad a cien millas por hora” y que “muchas chicas estarán encantadas de subir en el carrito”. Radio Éxitos transmitía en los 70 y 80 un mensaje en la voz de un niño que decía: “No corras, papito. Te esperamos en casa”.

Antes privaba mucho en el pensamiento de los conductores una palabra clave: la cortesía. Ahora parece que se ha olvidado, como ignoramos el hecho de que si vamos despacio tenemos que tomar el carril de nuestra derecha y no fastidiar a los que tienen más prisa.

Pero también como peatones cometemos imprudencias al cruzar calles concurridas con demasiada tranquilidad, casi retando a los conductores, con el riesgo de que nos dejen “planchados” en la vía como al Coyote que persigue al Correcaminos. Igual debemos decir de los motociclistas que se creen Pedro Infante y Luis Aguilar en “A toda máquina” y se meten temerariamente entre carro y carro, llevándose espejos y hasta brazos.

Don Ricardo Leiva, un veterano conductor al que sólo le falta la licencia para aviones, además de su humildad y paciencia, me enseñó una vez un consejo que siempre tengo en mente: “Don Mario, nunca olvide que el alto es la mitad de la vida...”.

 

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