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Soñando
despierto
La prepotencia nos ciega ante el volante
Siempre
disfruté las caricaturas de Los Carros Locos,
de Hanna-Barbera, con la bella Penélope Glamour, los Hermanos
Macana y el perro Patán, de silbante risa de pícaro.
No menos interesante para un cipote de los 70 era ver en el cine
las aventuras del escarabajo Cupido Motorizado o divertirse una
tarde en los autos chocones en la Autopista Infantil.
Lo que me aterra es que muchos queremos repetir esas historias,
al más audaz estilo de Jackie Chan o de Los Dukes de Hazzard,
en las calles de El Salvador. El resultado es más de mil
muertos en 19 mil accidentes viales de enero a octubre, lo cual
puede darnos una idea de cómo cerrará el año,
según nos explicó el Dr. Juan Mateu Llort, pionero
del antidoping vial.
El año anterior hubo más de 24 mil accidentes causados
por la imprudencia, el alcohol y las drogas y, yo agregaría,
por el machismo y la prepotencia.
Parece que no nos conmueve ver por televisión el luto y el
llanto de viudas, huérfanos y sobrevivientes lisiados de
por vida. Nos olvidamos de Dios y de nuestras familias.
Lo cierto es que no paramos hasta que estamos frente al alto; nos
cambiamos temerariamente de carril; le ponemos la luz alta a los
autos del sentido contrario; nos distraemos y maniobramos torpemente
hablando por celular; creemos que los demás tienen la obligación
de aguantarnos. Parece que este es el único país donde
los autos pasan con la luz roja y paran con la verde. Todo lo anterior
con la conciencia de que puede ocurrir un choque y en el mejor de
los casos huiremos, arreglaremos las cosas peleando o asumiremos
demencia.
Si andamos en un bus, en un microbús o en un pick up, peor
aún: creemos que se trata del Auto Fantástico
de la serie de TV de los 90, que incluso hablaba. Para algunos,
esos vehículos se han vuelto un símbolo del machismo
y la matonería y cuando los conducen piensan que son Valentín
Trujillo o los hermanos Almada en las sangrientas producciones de
Frontera Films de los 80. Y sálvese, o mejor
dicho, apártese quien pueda.
Lo más irónico es ver que esos armatostes llevan inscritos
nombres o pasajes de la Biblia. Un microbusero de los que van para
Apopa ha sido más sincero y lleva una efigie de Bin Laden
en su vidrio trasero.
Creemos que, como Roberto Carlos en Cacharrito, le
montaremos una gran velocidad para recorrer la ciudad a cien millas
por hora y que muchas chicas estarán encantadas
de subir en el carrito. Radio Éxitos transmitía
en los 70 y 80 un mensaje en la voz de un niño que decía:
No corras, papito. Te esperamos en casa.
Antes privaba mucho en el pensamiento de los conductores una palabra
clave: la cortesía. Ahora parece que se ha olvidado, como
ignoramos el hecho de que si vamos despacio tenemos que tomar el
carril de nuestra derecha y no fastidiar a los que tienen más
prisa.
Pero también como peatones cometemos imprudencias al cruzar
calles concurridas con demasiada tranquilidad, casi retando a los
conductores, con el riesgo de que nos dejen planchados
en la vía como al Coyote que persigue al Correcaminos. Igual
debemos decir de los motociclistas que se creen Pedro Infante y
Luis Aguilar en A toda máquina y se meten temerariamente
entre carro y carro, llevándose espejos y hasta brazos.
Don Ricardo Leiva, un veterano conductor al que sólo le falta
la licencia para aviones, además de su humildad y paciencia,
me enseñó una vez un consejo que siempre tengo en
mente: Don Mario, nunca olvide que el alto es la mitad de
la vida....
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