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Comentando
Generaciones sacrificadas
Los
salvadoreños deben apostar al mejor candidato, al único
que resguardará nuestras libertades democráticas:
Tony Saca.
El sacrificio por la causa pública
también es por la felicidad de los descendientes. Gral.
Eloy Alfaro, Ecuador 1842-1912.
Dejar un mundo mejor a las generaciones futuras, sin comunismo,
socialismo, y las linduras derivadas, ha y está implicando
enormes sacrificios de varias generaciones.
Desde que el incomprendido Presidente de EE.UU., Harry Truman, ante
el avance comunistoide afirmó en sus notas privadas de 1945,
que para que la humanidad erradicara del planeta las ideas comunistas,
la mayoría debía convencerse por la razón,
había que dejarlo fracasar. Por eso, al finalizar la II Guerra
Mundial, detuvo a los generales Mac Arthur y Patton, natos caudillos
deseosos de aplastar militarmente el comunismo chino y soviético,
respectivamente. Así estableció la política
de sólo contener su avance.
¡Cuántos fallecidos y cuántas generaciones sacrificadas
implicó tal sabia decisión!
El referido fracaso comenzó en la Unión Soviética,
en 1917, sin duda las generaciones más sacrificadas por sufrirlo
más de 70 años. Se han encontrado notas de Lenin,
que, preocupado al notar lo improductivo de su sistema, permitió
libre mercado a los pequeños agricultores, pocos meses antes
de fallecer.
Stalin, el más sátrapa, al morir Lenin y tomar control,
abolió en su totalidad el libre mercado y legalmente abolió
la propiedad privada. Era delito ser propietario. Se dedicó,
con las posesiones de 35 millones fallecidos de hambre y las de
los sobrevivientes, a desarrollar la URSS a base del trabajo forzado
de prisioneros políticos esclavizados en campos de concentración,
y sostuvo su poderío vendiendo amplias concesiones de explotación
de sus vastos recursos a enormes multinacionales occidentales. Gorbachev
confirmó esa inter-dependencia en el Wall Street Journal
del lunes 24 de agosto de 1987.
Así, disminuyó la celeridad del fracaso y se creó
el mito de éxito, que junto con un muy símil paralelismo
en China comunista influyó a los políticos occidentales
a tal grado que ahora resulta casi inverosímil para la juventud
votante.
La contención se mantuvo vigente hasta que, al ser evidente
el fracaso alimenticio del pueblo soviético, la acción
combinada del Papa Juan Pablo II, Ronald Reagan y Margaret Thatcher,
le dio el jaque mate en 1989, junto con el Glassnot
y la Perestroika concebido por Gorbachev, y continuada por Yeltsin
y Putin.
Influenciados por ese espejismo de éxito y la envidia al
próspero, los pueblos de Occidente demandaron a sus políticos,
siempre dispuestos a aumentar su poder, estatizar tantas empresas
privadas como pudiesen (acero, agua, electricidad, teléfonos,
etc.) y regular los precios de todo (médicos, taxis, plomeros,
peluqueros, etc.), que mermaron alarmantemente la productividad
inglesa, francesa, italiana, excepto la Alemania derrotada que se
abstuvo de regular precios, por lo cual rápido los sobrepasó
económicamente, y con posterioridad España marginó
esas influencias con su hábil Rey Juan Carlos I.
América Latina no fue la excepción, y por supuesto
El Salvador tampoco. Esas influencias condujeron a demasiados gobernantes
salvadoreños a legislar usurpando, durante décadas,
los derechos y la propiedad de los empresarios productivos, por
supuesto eso condujo al hambre, la guerra interna, las maras y la
miseria.
Incluso la actual e internacional crisis del café, se deriva
de la influencia mundial que fue ocasionando la gradual y ascendente
ingerencia del Estado con sus intereses políticos en la vida
económica; cuotas, precios artificiales controlados durante
décadas, distorsionaron a tal grado la verdadera oferta/demanda
que se llegó a producir demasiado, ahora con valor deficitario.
En El Salvador se han sacrificado ya demasiadas generaciones, terminemos
de una vez por todas de erradicar los rezagos de tan aberrante influencia
de nuestra vida nacional, para terminar de garantizar un mejor país
para nuestros descendientes.
*Columnista de El Diario de Hoy.
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