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El Zurita, más allá de los prostíbulos y cervecerías

Discos. Funcionan en zonas consideradas rojas w En el interior de esos lugares, la seguridad está garantizada w No se permite la prostitución ni el consumo de drogas.

Jorge Beltrán
El Diario de Hoy

metro@elsalvador.com

Negocios - El Tavares es una de las discotecas que funcionan en el centro. Foto Lizette Moreno

En esta zona del centro se mueven otras aguas, además de la penosa fama que tiene de ser un sitio en donde abundan prostíbulos, cervecerías y donde cualquiera que camine por ahí puede dejar la vida en una esquina.

Esa fama también la comparte con un tramo de la Alameda Juan Pablo II, desde el parque Centenario hasta el parque Infantil. También ahí, y en calles adyacentes, abundan sitios como los del Zurita, tal vez con un poco de más caché.

Sin embargo, además de los antros mencionados, también hay otros lugares, unas 6 discotecas, muy frecuentadas por cientos de personas que allí se entretienen, luego de una ardua jornada de trabajo.

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Por las discos del barrio Zurita
Discos. La fiesta se termina cuando los asistentes calculan la salida del último microbús hacia sus viviendas - Los bailadores son empleadas de maquila o del comercio informal.

Empleadas de maquilas, vendedoras de los mercados, mecánicos, motoristas y cobradores del transporte colectivo, entre otros, son, en su mayoría, los que ahí concurren para desestresarse.

Sin relajos

A pesar de las zonas en donde funcionan, esas discotecas son lugares bastante seguros. Decenas de celosos vigilantes garantizan la seguridad y el orden.

Lo hacen armados con macanas y armas de fuego. Van de un lado para otro y registran con la mirada cada rincón. Por ejemplo, en un antro que funciona frente al costado sur del mercado Ex Cuartel, dispone de por lo menos 15 vigilantes.

En otra, ubicada entre la Avenida España y la 9a. Calle Poniente, también abundan los vigilantes.
Sin embargo en otras, como la Buenos Aires, la Sociedad de Meseros y otras sin nombre, sólo se limitan a registrar a quienes ingresan.

Ya en las pistas de baile, todos deben cuidarse “de no caerle mal” a quien baila al lado, para evitar meterse en problemas.

Adentro de las discos, las reglas son claras y estrictas. No se permite que las parejas se extralimiten en besos y abrazos, que los “bolos” protagonicen relajos o busquen bronca con otros. Los que ya están pasados de copas o están por dormirse, son expulsados por los vigilantes.

Afuera es otro ambiente. Ya en las calles, el peligro acecha y el ambiente se degenera: los ebrios caen dormidos, “fondiados”, en las aceras, mientras las parejas se consumen en besos y abrazos en las esquinas inmediatas. Uno que otro, ensangrentado, a consecuencia de una puñalada, pedrada o cuando menos de un manotazo en el rostro, quedan olvidados en las cunetas.

Un ejemplo de eso ocurrió la madrugada del 5 de enero de este año, cuando tres personas fueron asesinadas a garrotazos fuera del SAMCAP, una discoteca que funcionaba entre la 4a. Avenida Sur y 6a. Calle Poniente. El lugar era conocida como “El Sancocho”.

Como responsables de ese hecho, 17 miembros de una mara fueron señalados por la policía.
Debido a ese suceso, a las discotecas en referencia no se permite la entrada de personas con vestidos holgados o con tatuajes visibles.

Los hombres deben llevar la camisa por dentro y abotonada completamente; las mujeres, igual. Además, no permiten el ingreso de mujeres embarazadas.

Esto es así en discos como Tabares, Billos, El Padrino, Buenos Aires y otras de similar condición.
Un administrador de uno de esos sitios jura que adentro no se permite la prostitución ni el consumo de drogas. “Si alguien amarra con alguien, es asunto de ellos lo que hagan afuera de aquí” sostiene.

Además, advierte que no se debe confundir las discotecas con muchas cervecerías que también tienen pista de baile. “Aquí vendemos cerveza, pero no es ese nuestro negocio”, concluye.

 

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