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El
Zurita, más allá de los prostíbulos y cervecerías
Discos.
Funcionan en zonas consideradas rojas w En el interior de esos lugares,
la seguridad está garantizada w No se permite la prostitución
ni el consumo de drogas.
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| Negocios - El Tavares es una de las discotecas
que funcionan en el centro. Foto Lizette
Moreno |
En esta zona del centro se mueven otras aguas, además de
la penosa fama que tiene de ser un sitio en donde abundan prostíbulos,
cervecerías y donde cualquiera que camine por ahí
puede dejar la vida en una esquina.
Esa fama también la comparte con un tramo de la Alameda Juan
Pablo II, desde el parque Centenario hasta el parque Infantil. También
ahí, y en calles adyacentes, abundan sitios como los del
Zurita, tal vez con un poco de más caché.
Sin embargo, además de los antros mencionados, también
hay otros lugares, unas 6 discotecas, muy frecuentadas por cientos
de personas que allí se entretienen, luego de una ardua jornada
de trabajo.
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Lea
además |
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Por las discos del
barrio Zurita
Discos. La fiesta se termina cuando los asistentes calculan
la salida del último microbús hacia sus viviendas
- Los bailadores son empleadas de maquila o del comercio informal.
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Empleadas de maquilas, vendedoras de los mercados, mecánicos,
motoristas y cobradores del transporte colectivo, entre otros, son,
en su mayoría, los que ahí concurren para desestresarse.
Sin relajos
A pesar de las zonas en donde funcionan, esas discotecas son lugares
bastante seguros. Decenas de celosos vigilantes garantizan la seguridad
y el orden.
Lo hacen armados con macanas y armas de fuego. Van de un lado para
otro y registran con la mirada cada rincón. Por ejemplo,
en un antro que funciona frente al costado sur del mercado Ex Cuartel,
dispone de por lo menos 15 vigilantes.
En otra, ubicada entre la Avenida España y la 9a. Calle Poniente,
también abundan los vigilantes.
Sin embargo en otras, como la Buenos Aires, la Sociedad de Meseros
y otras sin nombre, sólo se limitan a registrar a quienes
ingresan.
Ya en las pistas de baile, todos deben cuidarse de no caerle
mal a quien baila al lado, para evitar meterse en problemas.
Adentro de las discos, las reglas son claras y estrictas. No se
permite que las parejas se extralimiten en besos y abrazos, que
los bolos protagonicen relajos o busquen bronca con
otros. Los que ya están pasados de copas o están por
dormirse, son expulsados por los vigilantes.
Afuera es otro ambiente. Ya en las calles, el peligro acecha y el
ambiente se degenera: los ebrios caen dormidos, fondiados,
en las aceras, mientras las parejas se consumen en besos y abrazos
en las esquinas inmediatas. Uno que otro, ensangrentado, a consecuencia
de una puñalada, pedrada o cuando menos de un manotazo en
el rostro, quedan olvidados en las cunetas.
Un ejemplo de eso ocurrió la madrugada del 5 de enero de
este año, cuando tres personas fueron asesinadas a garrotazos
fuera del SAMCAP, una discoteca que funcionaba entre la 4a. Avenida
Sur y 6a. Calle Poniente. El lugar era conocida como El Sancocho.
Como responsables de ese hecho, 17 miembros de una mara fueron señalados
por la policía.
Debido a ese suceso, a las discotecas en referencia no se permite
la entrada de personas con vestidos holgados o con tatuajes visibles.
Los hombres deben llevar la camisa por dentro y abotonada completamente;
las mujeres, igual. Además, no permiten el ingreso de mujeres
embarazadas.
Esto es así en discos como Tabares, Billos, El Padrino, Buenos
Aires y otras de similar condición.
Un administrador de uno de esos sitios jura que adentro no se permite
la prostitución ni el consumo de drogas. Si alguien
amarra con alguien, es asunto de ellos lo que hagan afuera de aquí
sostiene.
Además, advierte que no se debe confundir las discotecas
con muchas cervecerías que también tienen pista de
baile. Aquí vendemos cerveza, pero no es ese nuestro
negocio, concluye.
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