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Sueño de Bolívar
Centro América unida

Teresa Guevara de López*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

La conveniencia de la unión de Centro América es tan evidente que ya lo manifestó Simón Bolívar en su famosa Carta de Jamaica, cuya lectura debía de ser obligatoria en escuelas y universidades y para todos los que aspiren a ejercer cargos públicos.

Es señal de subdesarrollo el que en pleno Siglo XXI las seis parcelitas que componen Centro América sigan tercamente desunidas y envueltas en pleitos ridículos como si fueran niños chiquitos.

En un mundo globalizado, en que es normal atravesar el Atlántico y volver en un par de días, en que Europa ha suprimido sus fronteras y adoptado una moneda común, todavía los países del Istmo sigan haciendo gala de un localismo vergonzoso, de tercos nacionalismos y de una visión de futuro totalmente chata. Que sigan volando como gallinas, cuando podrían hacerlo como águilas.

Casos típicos son el rechazo de Costa Rica a un candidato único para la Secretaría de la OEA, si no es tico. Guatemala inventa barreras fronterizas previas a los feriados y cobra peaje, ignorando el C-4. Honduras y los famosos ex bolsones, la Isla Conejo y las pupusas.

Y da vergüenza que los pocos turistas que nos visitan tengan que pasar cinco fronteras en pocos kilómetros cuadrados, llenar papeles, hacer colas y esperar les estampen varios sellos en un número similar de papelitos.

Ya es tiempo de crecer políticamente y alcanzar la madurez que nos permita comprender que como mercaditos individuales no le interesaremos a nadie, pero, juntos, los 30 millones de centroamericanos sí podemos competir.

La conveniencia de la unión de Centro América es tan evidente que ya lo manifestó Simón Bolívar en su famosa Carta de Jamaica, cuya lectura debía de ser obligatoria en escuelas y universidades y para todos los que aspiren a ejercer cargos públicos. Está fechada el 6 de septiembre de 1815 y dirigida a un caballero de Jamaica en respuesta a las incisivas preguntas de este ciudadano sobre la situación de los pueblos que formaban el Nuevo Mundo.

Bolívar se disculpa por su incapacidad de dar cumplida respuesta a todas sus inquietudes, tanto por falta de documentos y libros, como por sus escasos conocimientos de un área tan inmensa, variada y desconocida como era la América Hispana, que ni siquiera el audaz barón de Humboldt, con sus descubrimientos y extensas expediciones, pudo abarcar.

En el inicio de la carta, sus sentimientos patrióticos tan lastimados le restan objetividad y le llevan a expresar criterios que hoy no tienen ninguna validez, como reclamar a los países de Europa que no hayan apoyado a los pueblos de América para independizarse de España y afirmar que los Estados Unidos debían cumplir con la misión de ayudar y proteger como hermanos mayores a los países del Nuevo Mundo, en sus sueños de libertad.

Sin embargo, su análisis de la situación real de la mayoría de esos pueblos (muchos de los cuales ni siquiera había visitado), su visión de las dificultades que tendrán en el futuro, y su sueño de lo que podrían llegar a ser es verdaderamente impresionante, porque en muchos casos resultó una profecía. Cito textualmente su visión de Centro América:

“¡Qué bello sería que el Istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto fue para los griegos! Desde Panamá hasta Guatemala, llegarían a formar una asociación.

Su magnífica posición entre los dos grandes mares podrá ser con el tiempo el emporio del universo, sus canales acortarán las distancias del mundo, estrecharán los lazos comerciales de Europa, América y Asia, traerán a tan feliz región los tributos de las cuatro partes del globo.

“¡Acaso sólo allí podrá fijarse algún día la capital de la tierra, como pretendió Constantino que fuera Bizancio la del antiguo hemisferio.

¡Ojalá que algún día tengamos la fortuna de instalar allí un augusto congreso de los representantes de las repúblicas, reinos e imperios para tratar y discutir sobre los altos intereses de la paz y de la guerra, con las naciones de las otras tres partes del mundo”.

En su mensaje afirma que los sistemas enteramente populares, lejos de ser favorables, serán nuestra ruina, porque dan lugar a ambición, venganza y codicia y se cuestiona seriamente si los pueblos latinoamericanos serán capaces de mantener en su verdadero equilibrio la difícil carga de la república, para lo cual no están políticamente preparados.

Es paradójico que los actuales gobernantes, con más conocimientos, experiencias y desarrollo que los que tuvo Bolívar a su alcance, se dejen cegar aún por visiones chatas, intereses mezquinos y pequeños, que constituyen una fuerte barrera que impide el progreso y la esperanza de un futuro feliz, lo que únicamente será posible si los centroamericanos nos decidimos a pensar con mentalidad regional y grande.

*Columnista de El Diario de Hoy.

 

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