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Enseñando
a los niños
Es mejor prevenir...
La práctica
de los buenos hábitos y los buenos modales de la urbanidad
es una solución excelente para que los niños aprendan
y le encuentren sentido a portarse bien, y sería muy bueno
que los adultos las retomen, para apoyar en la casa la práctica
de los buenos modales.
La sabiduría popular expresada en refranes nos enseña
que prevenir es mejor que corregir, y que prevenir
es mejor que lamentar.
Yo añadiría que prevenir es más económico
que corregir, que es mucho más fácil prevenir
que corregir y que es mayor la satisfacción de enseñar
buenos hábitos que la de corregir malos hábitos.
Instruye al niño en su camino y aun cuando fuere viejo no
se apartará de él (Proverbios 22:6).
En las últimas semanas hemos desarrollado y puesto en práctica,
en colaboración con el Consejo Nacional de Seguridad Pública,
un programa preventivo dirigido a niños y niñas entre
los seis y los diecisiete años.
En realidad lo pensamos para niños entre seis y doce años,
pero, aplicándolo, en la práctica nos dimos cuenta
de que los chicos y chicas de 15, 16 y 17 años también
entendieron y asimilaron los mensajes y lo mejor fue que se divirtieron
de lo lindo.
Se trata de enseñar una serie de buenos hábitos
para que su vida sea más fácil y divertida. Yo creo
que, para que un niño e incluso los adultos, aprendamos algo,
la forma de enseñar debe ser inteligible, demostrativa, sencilla
y, entre más divertida y activa la participación,
más efectivo y eficiente será el aprendizaje.
¿Y de qué buenos hábitos hablamos? Pues de
aquellos que al practicarlos previenen la violencia social.
Leímos en EDH, esta semana, cómo un señor
hirió con un machete a su hermano, porque éste llegó
a su casa a amenazarle con una pistola, debido a que sus animales
se comían el pasto de su terreno.
Pues este tipo de hechos, que no se relaciona con la delincuencia,
es la violencia social. Son las reacciones violentas que, después
de sucedidas, uno no se explica qué pasó. En El Salvador,
por desgracia, tenemos demasiadas todos los días.
Somos el futuro sin violencia es el mecanismo
de defensa mental, algo así como un freno psicológico
que los niños aprenden para que, cuando a lo largo de su
vida se les presente una situación desagradable, algún
problema con otro niño o cuando sean mayores, este freno
mental, al igual que la bolsa de aire de un carro, actúe
automáticamente y les haga reflexionar sobre cómo
resolver la situación sin violencia, les conceda unos segundos
para pensar y busquen una alternativa aceptable para resolver el
conflicto.
Un buen hábito es una buena conducta espontánea,
es decir, el comportamiento natural de un niño sin que tenga
que pensar y esforzarse por hacerlo.
Por ejemplo, llamar a otros niños por su nombre y no por
el apodo, saludar amablemente cuando se llega a un lugar, despedirse
y dejar un buen recuerdo, lavarse las manos antes de comer, utilizar
bien los recursos y no desperdiciarlos, cuidar el medio ambiente,
ayudar a otros sin que se lo pidan, hacer las cosas con calidad
en el tiempo previsto, utilizar el cinturón de seguridad,
preguntar cuando no saben algo, no abusar del cariño de los
padres, ayudar en los trabajos de la casa, cómo comportarse
en la mesa, organizarse para trabajar en grupo, no hacer trampas,
respetar las reglas, jugar limpio, organizarse para trabajar en
equipo, aprender a utilizar la fuerza y el impulso, la importancia
del orden y la limpieza y muchos otros hábitos más,
son lo que aprenden los niños en este programa.
Aprender estos buenos hábitos jugando es una buena fórmula
para que se les graven en la memoria y entiendan que la práctica
espontánea en su conjunto conforma la cultura de su
casa y que, sumados los hábitos de todos los ciudadanos,
se forma la cultura del país.
El planteamiento de la falta, la pérdida o la crisis
de valores, sobre la que se viene hablando desde hace algunos
años, lo entiendo como bueno, pero sólo para que la
gente conozca las causas técnicas y teóricas de lo
que sucede en nuestra sociedad. Sin embargo, sólo hablar
de los valores parece no ser la solución a la violencia social.
Los valores existen desde hace miles de años, siempre estuvieron
entre nosotros, nunca se perdieron y desde la visión positiva,
con relación a la crisis de valores, si la entendemos como
una posibilidad de mejora y le planteamos una solución práctica,
nos puede ser útil para un gran salto cualitativo.
Lo que nos hace falta, y mucho, a los niños y a los adultos,
no es tanto la teoría de los valores cuanto la puesta
en práctica de los buenos hábitos,
que son, en realidad, las buenas conductas observables,
consecuentes de la aplicación de los valores a las creencias,
que también, si no son las correctas, deben ser reorientadas.
Hablando con muchos niños de los que han participado en estos
ejercicios, terminé convencido de que, por la propia naturaleza
de la vida y el instinto de superación, ellos quieren ser
buenos niños, al igual que un empleado, también quiera
ser un buen empleado sería lo normal.
Lo que nosotros debemos aportar es la enseñanza práctica
y demostrativa de que los cambios conductuales son posibles, tanto
en los niños como en los adultos.
La práctica de los buenos hábitos y los buenos modales
de la urbanidad es una solución excelente para que los niños
aprendan y le encuentren sentido a portarse bien, y sería
muy bueno que los adultos las retomen, para apoyar en la casa la
práctica de los buenos modales y, aplicándolos, ellos
sean un buen ejemplo para los niños.
Espontáneamente me dijeron algunos de los trescientos niños
que conocí durante este ejercicio: Es mejor portarse
bien que portarse mal, es más fácil portarse
bien que portarse mal y portarse bien evita problemas,
pero el que más me gustó fue uno que expresó:
Le voy a enseñar a mi papá todo lo que he aprendido
aquí. Sencillamente, maravilloso.
*Ingeniero y columnista
de El Diario de Hoy
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