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Antonio Salaverría
“Gracias a Dios no tuve presiones de nadie”

El ex presidente de ARENA recalca que no ha tenido roces con el Presidente Francisco Flores. Asevera que mantiene buenas relaciones con él y que le pidió consejos para sacar a flote el partido después de la derrota electoral.

Ciro Granados
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Ahora, Antonio Salaverría colaborará en la campaña de Tony Saca. Ayer acompañó al candidato en su gira de consulta por Morazán. Foto EDH.

Si hay alguien a quien los areneros tienen que agradecerle la reunificación de su partido es a Antonio Salaverría, un cafetalero de Ahuachapán que no tuvo empachos en enrollarse las mangas de la camisa para comenzar a trabajar por un partido que venía en picada.

Cuando llegó a la presidencia del Consejo Ejecutivo Nacional (Coena), en abril, Salaverría encontró un verdadero desparpajo.

Su partido había sido vapuleado por el FMLN, y la derrota en las elecciones legislativas y municipales sembró un frustrante sentimiento de inferioridad.

No era para menos, después de varios años, ARENA ya no era la primera fuerza política de El Salvador.

Sin tanta alharaca, comenzó a hacer cambios que se hicieron sentir. Tradicionales feudos cayeron, y muchos “caciques” en el interior del país fueron desplazados.
Así arrancó una verdadera revolución interna y, poco a poco, los frutos llegaron

El miércoles anterior, Antonio Salaverría entregó la presidencia arenera al candidato presidencial, Tony Saca.

Sin el enorme peso del cargo, ahora hace un análisis de su paso por la cúpula arenera.
No le gusta echarse flores y prefiere remitir su éxito al apoyo de todos los areneros.
Pero cuando se hurga un poco, uno puede conocer al Antonio Salaverría que cree en cosas sobrenaturales, y es entonces cuando sale a colación el nombre de un entrañable amigo: Roberto d’Aubuisson Arrieta.

¿Cómo recibió el partido cuando le entregaron la presidencia del Coena?

El ánimo estaba bien bajo, a raíz de la derrota había casi colapsado. Asumimos ese reto con mucha responsabilidad, con el único deseo de servir a mi país y a mi partido, y con la ayuda de Dios y de nuestro máximo líder, el mayor d’Aubuisson, quien desde algún lado me dio la fuerza para aceptar este reto.

Empezamos una tarea difícil, dando pasos históricos como el proceso de primarias. Habíamos adquirido un compromiso de 30 días para anunciar en un Coena ampliado cuál iba a ser el proceso.
Así pasaron esos 30 días que, creame, fueron de mucha intensidad. Llegamos a producir el proceso cuya culminación fue el día de las elecciones. Desde ese momento, este servidor habla con Tony Saca y le plantea que era el momento de retirarse, que él tenía que asumir las riendas del partido como candidato a la Presidencia.

Esa noche, Tony me pide que continúe en el proceso y me comprometo a seguir hasta tener la fórmula completa.

Algunos lo ven como el salvador del partido, ¿es eso cierto?

Yo creo que eso es mucho decir. Lo que sí le puedo decir es que el compromiso de unificación, de reorganización estaba claro desde el primer día que acepté la presidencia del partido.
Teníamos que hacer un cambio. Y el cambio que El Salvador tanto necesitaba lo hicimos nosotros en ARENA.

¿Cuáles fueron los ejes básicos para unificar al partido?

Mi primera reacción fue recorrer el país, hablar con las estructuras con sinceridad, pedirles que todos teníamos que trabajar unidos, que teníamos que autoevaluarnos y que teníamos que abrir el partido, y que esas roscas que pudieron haber existido habían quedado en el pasado.

Un mensaje bien importante fue que teníamos que recuperar la mística, esa disciplina que nos había caracterizado y, fundamentalmente, que el partido no tiene dueño.

¿Quiénes fueron sus principales aliados en este proceso?

Todos los hermanos areneros.

¿Alguno que recuerde en especial?

Tony Saca, porque en su proselitismo el mensaje era de unificación.

¿Qué papel jugó en este proceso el Presidente Francisco Flores?

Nos apoyó muchísimo asistiendo a todas las asambleas generales que tuvimos en el proceso.
Además, yo le pedía audiencias, conversábamos muchísimo, me aconsejó mucho. Llegamos a desarrollar una amistad muy cercana.

¿Tuvo algún tipo de presiones internas de algún grupito de poder que quisiera incidir en sus decisiones?

Gracias a Dios, en todo el tiempo que estuve de presidente del Coena fui respetado y no tuve ninguna presión de nadie, porque nos comprometimos a halar la carreta hacia adelante.

Hubo momentos en que se necesitó poner mano dura para imponer la disciplina en las estructuras partidarias. Foto EDH

¿Tuvo momentos de duda, de desfallecimiento en este proceso?

Le mentiría si le digo que no. En un proceso nuevo, en algo que no teníamos experiencia, pasé muchas noches sin dormir. Tantas especulaciones y rumores; algunos se resentían con este servidor. Pero el tiempo nos dio la razón.

¿Quiénes le ayudaron a superar estos momentos?

Mi esposa, y mi hijo Felipe, que es el político de mi familia. Todos los hermanos areneros y el Coena.

¿Cómo está el partido que le ha entregado a Tony Saca?

Creo que a él le consta que es un partido totalmente organizado. En una oportunidad dije “el partido está chillando llantas” y trabajando para ganar las elecciones.

¿Está seguro de que los dirigentes del partido están satisfechos con su labor?

Uno trata de hacer lo mejor posible. Han manifestado en todo el país que creyeron en un proceso de renovación del partido, un proceso histórico. Y ha sido aceptado por todos los hermanos areneros.

¿Cuál ha sido la huella que Antonio Salaverría ha dejado en su paso por la presidencia del Coena?

Yo diría que hemos regresado a los orígenes, hemos recuperado ese color, esa mística, esa alegría que se había perdido. Hemos recuperado ese deseo de todos los areneros del país de querer trabajar y ahora lo que tenemos es todo un movimiento, todo el mundo queriendo participar alrededor de Tony Saca y de “Pika” (Ana Vilma de Escobar).

¿Se necesitó tener mano dura?

Le mentiría al decirle que no. En muchas ocasiones tuve que tener una posición muy firme, y la verdad es que siempre la tuve y siempre fue respetada.

¿Cuáles fueron las situaciones más candentes?

Restaurar la disciplina de nuestro partido en todo el país.

Y a usted, ¿quién le enseñó a dirigir partidos políticos?

La verdad es que no tengo experiencia. Lo que traté de hacer son algunas cosas que el sentido común me dictaba. Consultaba mucho con dos grandes amigos que fallecieron: hablaba en las noches con ellos, que son el ingeniero (Archie) Baldocchie y nuestro querido “Chele” d’Aubuisson. En muchas oportunidades, cuando me sentía agobiado, hablaba y me cuestionaba si estaba haciendo lo correcto o no.

¿Qué le decía el mayor d´Aubuisson? La verdad... “seguí adelante”. Y en muchas oportunidades visité la tumba de él... tuve una amistad muy estrecha con él.

De todos los presidentes que ha tenido el Coena, ¿cuál es el que particularmente le causa más admiración?

Yo creo que todos los presidentes, en su tiempo, han hecho una gran labor. Yo los he respetado y los conozco a todos, y todos cumplieron su misión.

¿Cuáles capacidades se deben tener para ser un buen presidente del Coena?

Creo que tiene que ser muy paciente, tiene que saber escuchar y entender que todas las personas son importantes en nuestro partido.

¿Se necesita experiencia política para poder dirigir al Coena?

Mire, creo que se necesita haber vivido un poco en la política y, más que todo, tener la voluntad y ese deseo de trabajar, y la convicción de querer hacer bien las cosas, y obviamente de poder dirigir un monstruo como es ARENA.

Pero ¿Tony Saca llena ese perfil? Porque como que no tiene mucha experiencia política...
Tony es más político de lo que usted se imagina. Yo creo que me da una cátedra de política y nos lo ha demostrado.

Antes de iniciar el proceso ha sido un hombre que siempre ha estado pendiente de la realidad nacional, haciendo políticas empresariales en gremiales, pero también muy de cerca de nuestro partido, apoyando campañas anteriores y no solo eso, sino desde el primer día que lo vi en su primera presentación, nunca dudé que era el hombre.

Y creo que las bases no se equivocaron y he tenido el gusto de trabajar con él y sigo trabajando con él muy de cerca.

¿Cuál ha sido el peor presidente que ha tenido el Coena?

Para mí, eh, no ha habido ningún mal presidente en ARENA. Todos cumplieron su misión en el tiempo.

Han habido tiempos difíciles en el partido, y no por los presidentes, sino por las circunstancias en un partido que tiene 23 años de existencia, y que somos un ejemplo a nivel internacional.

Si ARENA no ha tenido un mal presidente, ¿por qué ha dejado de ser la primera fuerza política?
Creo que los desgastes, después de estar en tres gobiernos, es natural que sucedan.También había que hacer una revolución, una renovación dentro de ARENA que fue lo que me tocó a mí.

¿Desgaste por una pésima labor del Ejecutivo?

No. Después de estar en tres gobiernos es natural. La labor del Ejecutivo, del Presidente Flores, ha sido extraordinaria. No sólo lo digo yo, sino también los salvadoreños y las mediciones nacionales e internacionales. Éste es un proyecto que no sólo veo que continuará, sino que va a poder implementar los frutos de los tres gobiernos nuestro próximo presidente Tony Saca.

Don Antonio, ¿qué se siente ser sargento después de ser general?

Soy soldado. No soy ni general ni sargento. Soy un soldado que trabaja en la trinchera que me toque. Así he sido toda mi vida y ahora estoy trabajando para Tony Saca y el proyecto arenero. Jamás estuve para tener el poder. Mi objetivo fue otro, para que pudiéramos entregar al candidato un partido totalmente caminando y poderle decir “misión cumplida”.

Con la mayor sinceridad, ante el pueblo salvadoreño: ¿Es o no cierto que ha tenido roces con el Presidente Flores por diferencia de visiones?

Con el Presidente Flores no he tenido ningún roce. Hemos tenido una relación muy estrecha y la continuamos teniendo.

¿Trató él alguna vez de influir en sus decisiones?

No, definitivamente no. Siempre tuvimos una relación muy profesional, de mucho respeto al Presidente de la República y de parte de él de mucho respeto al presidente del Coena.

 
 

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