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Piden oportunidad para los pandilleros

El sacerdote viene de Honduras donde ha logrado que la mara 18 y la MS conversen con el gobierno.

Edward Gutiérrez
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Monseñor Rómulo Emilianio dice que se pueden recuperar a los jóvenes de las pandillas. Foto EDH

Las pandilleros merecen una oportunidad real de abandonar la violencia y pasar a un proceso de rehabilitación y formación laboral.

Este es el mensaje que trae a El Salvador el Obispo de San Pedro Sula, Honduras, Rómulo Emiliani, quien se ha convertido en intermediario entre el gobierno hondureño y las maras.
Emiliani considera que ni las cárceles ni las leyes vana solucionar los problemas de estar organizaciones y aboga por un chance u oportunidad en favor de los jóvenes.

“Se ha creado en el pueblo la imagen de que todo joven pandillero es enemigo publico uno del Estado. Esto ha hecho que mucha gente crea que la gran causa de los problemas que tenemos en Honduras y en El Salvador es la existencia de pandillas”, dijo Emiliani.

A su juicio, los pandilleros son el fruto de todo un proceso de deterioro social “provocado por la extrema pobreza, la desintegración familiar, la falta de empleos, el consumo de drogas, la marginación y la influencia negativa de otros países (transculturización).

Dice creer firmente en la justicia hacia los criminales pero que las generaciones actuales tienen algo o mucha responsabilidad en lo que pasa actualemente.

“El respeto a la ley, quien cometa un crimen debe pagarlo pero creo que la juventud necesita el apoyo nuestro porque nuestras generaciones de adultos somos los que les hemos dado por herencia a esta juventud el mundo en que viven por lo tanto hay que presentar alternativas viables, practicas e inmediatas para que los pandilleros puedan tener un camino llamado rehabilitación”, expuso.

En Honduras la Fundación Unidos por la Vida, la cual dirige, se apresta a dar apertura a dos centros de rehabilitación.

Con el respaldo gubernamental, espera que en 2 años los mareros se hallan rehabilitado como aprendido un oficio gracias a la aplicación de metodologías que también incluyen la “sanidad espiritual”.

Reconoce, empero, que los pandilleros que no quieran rehabilitarse deberán atenerse a las consecuencias de continuar en la delincuencia juvenil.
Consideró que la obra que realiza el padre Pepe Morataya con los pandilleros es digna de admiración y de imitación por parte de otros sectores que creen en la recomposición.

 

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