| |

Punto
de vista
La burbuja publicitaria
El
éxito de los medios para colaborar imparcialmente en una campaña
política será el acierto que tengan al establecer la
agenda de los problemas que deben ser solucionados, y hacerlos coincidir
con los que el público considera prioritarios.
Se supone que estamos calentando motores políticos. La campaña
informal comenzó como a hurtadillas, de puntillas, y cuando
vio que nadie la regañaba, se soltó el
pelo y a la fecha poco le falta para tener la intensidad de campañas
pasadas.
En estos días hemos visto candidatos bailando, viajando por
todo el país, fuera del país; les vemos en la televisión,
les oímos en la radio, y les leemos en los periódicos.
Ninguno de ellos pide nuestro voto, pero ni falta que
les hace.
Alguno que otro candidato está ya haciendo propuestas concretas
acerca de los planes que pondría en acción si a mediados
del próximo año mudara su residencia a la Avenida
Masferrer, en la Escalón, y, paradójicamente, mientras
prometen una campaña de altura, abundan los motes y caricaturas
conceptuales con afán de desprestigiar al contrario.
Está claro que los medios son un poderosísimo instrumento
al servicio de los candidatos, y precisamente por ello, en los jefes
de redacción, en las juntas directivas y en los dueños
de los medios pesa una gran responsabilidad. Pero también
sobre los hombros de los publicistas y estrategas de imagen se grava
ese peso.
La relación que se da entre la publicidad y la popularidad
de un candidato va mucho más allá de un asunto de
mera imagen.
Toda campaña política tiene tres propósitos:
el primero es dar a conocer a los candidatos (sé que fulano
es candidato del partido X); el segundo es la influencia en el juicio
de los electores (me parece que fulano es un buen candidato, pues
puede desenvolverse bien si gana las elecciones), y el tercero,
la inducción de un comportamiento determinado (voy a votar
por fulano).
Así, los medios de comunicación influyen en tres
niveles: conocimiento, juicio y comportamiento de los ciudadanos.
Pero los medios también influyen decisivamente en el establecimiento
de una agenda política. Con frecuencia son los periodistas
quienes deciden qué problemas ciudadanos tratar y cómo
abordarlos. A su vez, el público tiene también unas
prioridades en los problemas que desearía que los políticos
solucionaran, una agenda pública.
Entonces, el éxito de los medios para colaborar de manera
imparcial en una campaña política será el acierto
que tengan al establecer la agenda de los problemas que deben ser
solucionados, y hacerlos coincidir con los que el público
considera prioritarios.
Veamos un ejemplo: si la prensa identifica que el nivel de desempleo
es un problema real, y la gente coincide en esa apreciación,
todas las noticias que se refieran a las consecuencias de un adecuado
manejo del problema tendrán un claro eco en los ciudadanos.
De tal manera que los candidatos podrán identificar fácilmente
que, si ponen como prioridad en su programa la creación de
puestos de trabajo, habrán escogido uno de los puntos que
está en boca de toda la gente: porque es un problema real,
hay muchos que lo padecen y esos que lo padecen lo consideran verdaderamente
como problema. Así, quien presente soluciones más
razonables y eficaces será quien conquiste la simpatía
de los electores, y quien habrá politizado el
problema, en el mejor sentido de esa palabra.
No hay duda de que existe una elevada correlación entre los
temas que tratan los medios de comunicación y aquellos que
la gente considera más importantes: de hecho, los periodistas
pueden, en algún caso, trasladar a las personas la prioridad
que ellos mismos dan a cada problema.
Tal como cita un autor, quizá los medios de comunicación
no dicen a la gente qué hay que pensar, pero sí establecen
la agenda de los temas sobre los que hay que pensar
Por eso, la democracia como sistema de elección necesita
de la libertad de expresión como necesitan aire los que respiran.
Y nosotros, los electores, necesitamos información sin
sesgos para discernir responsablemente. Sólo así,
si la agenda del público coincide con la agenda de los políticos,
y los medios hacen eco justo de esa relación, podremos tomar
decisiones adecuadas.
Ojalá las cosas se den de tal modo que los publicistas y
los políticos traten la inteligencia del gran público
con suficiente respeto, de tal manera que, en esta campaña
que ya ha comenzado, podamos contar con información objetiva,
crítica y orientada a facilitar una toma de decisiones serena
y reflexiva.
De lo contrario, por mucho que silbemos el estribillo de la canción
política de moda, no habremos construido nación, sólo
habremos disfrutado de la fiesta en que nuestro criterio ha sido
engañado de nuevo por las luces de bengala de la propaganda.
*Ing. Industrial, Dr. en Filosofía y columnista de El Diario
de Hoy.
|
|