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Tema
del momento
Misterios sin resolver
Misteriosamente
se mantiene en sus cargos a muchos jueces y juezas que, según
comunicados de prensa judicial, han sido destituidos
Una ardiente y devota defensora de los títulos falsos ya
es magistrada de la honorable Corte Suprema de Justicia; convoca
a la prensa a diestro, pero más por siniestro; la Fiscalía
General de la República, abreviadamente la Fiscalía,
ha dejado de perseguir el granel de delitos en este campo, donde
campea a sus anchas el cinismo, la desfachatez y la inmoralidad
en su máxima expresión; la honorable Corte Suprema
de Justicia, abreviadamente la Corte, por su parte,
misteriosamente, mantiene en sus cargos a muchos jueces y juezas
que, según comunicados de prensa judicial, han sido destituidos.
No hay, en ninguna parte de este mundo, destituciones tan misteriosas
e inexplicables como las que existen en El Salvador. Muchos jueces,
capitalinos o foráneos, han optado, después de tomar
pastillas del entendimiento, por inaplicar la ley antimaras. Curiosamente,
muchos de estos juzgadores inaplicantes son los mismos que han hecho
proezas y repetido sorpresas académicas cuando han resultado
aplazados, una y otra vez, al pretender obtener la respectiva autorización
de la función pública notarial.
Muchos casos son misteriosamente coincidentes: los mismos jueces
destituidos, jueces pro maras, jueces aplazados en el examen de
notariado, jueces que claman e imploran notas de consuelo, jueces
que buscan el caro tesoro de la notoriedad.
La Fiscalía, por mandato legal de orden constitucional, dirige
la investigación del delito y ejerce la acción penal,
de oficio o a petición de parte. Sin embargo, en materia
de títulos falsos; en los muchos casos de jueces o juezas
que cometen los delitos de incumplimiento de deberes y otros delitos
no menos graves, no realizan ni dirigen la investigación
de los delitos, no ejercen la acción penal, de oficio, cuando
la misma ley lo manda; ni por súplica de parte interesada
hasta los huesos o intestinos. Muchos de los juzgadores que, férreamente
y a pie juntillas, vuelven en desesperada defensa maternal de los
inocentes e inmaculados mareros son los mismos que, aun con el Consejo
Nacional de la Judicatura de hoy, salen mal evaluados.
La Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos y
su más alta y extranjera representante han alzado la voz
y, traduciendo gestos, muecas y voces, claramente se entiende que,
según esta institución y su voz oficial, los mareros
no representan ni el más mínimo riesgo ni daño;
que los mareros son santos varones que se han ganado, a pulso, el
santo honor de los altares; que la Policía Nacional Civil
mira feo a los benditos mareros; que los niños
no merecen ese trato; que los delitos que cometen estas criaturas
son de bagatela, despreciables, insignificantes y exageraciones
de la gente que no les quiere; que las pandillas son el pan nuestro
de cada día; que éstas no representan sino formas
colectivas desarrolladas y evolucionadas de armonía social;
que los pandilleros son una alma de Dios; que los mareros y sus
delitos constituyen un fenómeno electoral; que los mareros
lo único que dan es crecido amor, benevolencia, caridad y
misericordia sin límite; que los tales, lo único que
reciben, con estoicismo griego, son miradas feas, trato grosero,
indiferencia social, desprecio colectivo y exclusión inmerecida.
Todos debemos apoyar el combate frontal y permanente contra las
maras; el daño consumado hasta hoy; el peligro corrido día
a día; el insoportable dolor de las víctimas y de
la sociedad salvadoreña se debe frenar cuanto antes, aun
en contra de la voluntad de muchos políticos tan insensibles
como ignorantes, y, sobre todo, aun en contra de muchos juzgadores
que, por malentendida sacrosanta independencia, consideran que el
grave problema nacional de las maras es temor teatral, espejismo
social e intromisión del Ejecutivo. ¡Aunque togados,
están equivocados!
* Abogado y Notario.
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