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Palabras
El hombre del corazón frío

Su cuerpo en la litera del quirófano no demostraba tener vida. Abrieron su pecho, le paralizaron el corazón con una determinada infusión.

Carlos Balaguer
El Diario de Hoy
pintorbalaguer@hotmail.com

Gracias a esta solución descendió la temperatura de los músculos cardíacos, frenando así su descomposición, ya que todas las reacciones bioquímicas son mucho más lentas a bajas temperaturas.

Asimismo, le rociaron el corazón con una solución fría de Dextran, accionando a la vez dos válvulas. Todo esto se llevaba a cabo en el Instituto Max Planck, de Nauheim, y era parte de una técnica especial de enfriamiento del corazón, dentro de los progresos que realiza la cirugía cardíaca.

El objeto es prolongar a dos horas el tiempo que el corazón esté parado, durante una operación quirúrgica, sin que por ello el órgano sufra daños irreparables.

Así el corazón del paciente quedó totalmente frío, detenido, sin ninguna pasión ni latido.
Yo comparo ese frío corazón del quirófano de Nauheim con la patética frialdad del corazón del hombre moderno.

El hombre del corazón frío es aquel que no se conduele ante el dolor, la miseria y la tristeza del mundo. Aquel que, por el contrario, crea las armas y las guerras más terribles que conocemos, en su afán de poder u odio racial. Es cruel y frío como el corazón del quirófano de Nauheim.


Día a Día

Que dentro de veinte años no habrá suficiente agua para abastecer a la población, es lo medular de un reporte del PNUD que se conoció hace unas semanas, situación que nos debe afligir y empujar a acciones inmediatas.

Cada día avanza la desertificación del territorio, van desapareciendo los ríos, se reducen los mantos freáticos y se incrementan las temperaturas promedio. Lo más grave, empero, es que no se hace mayor cosa para revertir esta carrera al desastre.

Agua cae en gran abundancia en el invierno, como también nacen millones de millones de arbolitos para conservar la humedad y darnos sombra y fruto.

El problema es que muy poca del agua que cae se preserva; la mayor parte no sólo corre hacia la mar, como hace ocho siglos dijo el poeta Manrique, sino que arrastra consigo tierra fértil. Si lográramos que una pequeña parte del agua que cae, penetre en los mantos freáticos, nuestros problemas serían resueltos.


 

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