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Palabras
El hombre del corazón frío
Su
cuerpo en la litera del quirófano no demostraba tener vida.
Abrieron su pecho, le paralizaron el corazón con una determinada
infusión.
Gracias a esta solución descendió la temperatura
de los músculos cardíacos, frenando así su
descomposición, ya que todas las reacciones bioquímicas
son mucho más lentas a bajas temperaturas.
Asimismo, le rociaron el corazón con una solución
fría de Dextran, accionando a la vez dos válvulas.
Todo esto se llevaba a cabo en el Instituto Max Planck, de Nauheim,
y era parte de una técnica especial de enfriamiento del corazón,
dentro de los progresos que realiza la cirugía cardíaca.
El objeto es prolongar a dos horas el tiempo que el corazón
esté parado, durante una operación quirúrgica,
sin que por ello el órgano sufra daños irreparables.
Así el corazón del paciente quedó totalmente
frío, detenido, sin ninguna pasión ni latido.
Yo comparo ese frío corazón del quirófano de
Nauheim con la patética frialdad del corazón del hombre
moderno.
El hombre del corazón frío es aquel que no se conduele
ante el dolor, la miseria y la tristeza del mundo. Aquel que, por
el contrario, crea las armas y las guerras más terribles
que conocemos, en su afán de poder u odio racial. Es cruel
y frío como el corazón del quirófano de Nauheim.
Día a Día
Que dentro de veinte años no habrá suficiente agua
para abastecer a la población, es lo medular de un reporte
del PNUD que se conoció hace unas semanas, situación
que nos debe afligir y empujar a acciones inmediatas.
Cada día avanza la desertificación del territorio,
van desapareciendo los ríos, se reducen los mantos freáticos
y se incrementan las temperaturas promedio. Lo más grave,
empero, es que no se hace mayor cosa para revertir esta carrera
al desastre.
Agua cae en gran abundancia en el invierno, como también
nacen millones de millones de arbolitos para conservar la humedad
y darnos sombra y fruto.
El problema es que muy poca del agua que cae se preserva; la mayor
parte no sólo corre hacia la mar, como hace ocho siglos dijo
el poeta Manrique, sino que arrastra consigo tierra fértil.
Si lográramos que una pequeña parte del agua que cae,
penetre en los mantos freáticos, nuestros problemas serían
resueltos.
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