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Comentando
Los asesinatos legales

Julia Regina de Cardenal*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

No permitamos que intereses económicos poderosos vengan a imponernos programas que violan nuestras leyes.

Los corazones de los norteamericanos fueron estremecidos este pasado mes de octubre con el caso de Terri Schiavo, quien milagrosamente sobrevivió sin alimento ni agua durante siete días, por orden de un tribunal, a petición de su esposo, Michael Schiavo.

El mismo juez federal había ordenado anteriormente que no se permitiera filmar a Terri en su estado y le negó el derecho a una terapia de rehabilitación durante 13 años.

Los padres de Terri, Bob y Mary Schindler, acusan a Michael Schiavo de buscar la muerte de su hija para utilizar un millón de dólares que ganó en juicios por negligencia desde el ataque cardíaco que le causó una parálisis, impidiéndole caminar y hablar. Schiavo sostiene desde hace tiempo una relación con otra mujer con quien tiene dos hijos.

Hace dos años, el padre de Terri metió una cámara a escondidas y filmó las reacciones que ésta tenía cuando su madre, Mary, le hablaba; parecía querer hablar y hasta se reía. El padre autorizó que este vídeo se entregara a los medios de comunicación, durante la lucha contra el tiempo para salvar la vida de su hija, aunque esto significara un riesgo grande para él. Se llamó a una conferencia informativa y aunque desgraciadamente muchos medios repetían la mentira de que Terri estaba “en coma” o “en estado vegetal”, otros sí fueron receptivos a la evidencia y comenzaron a ayudar a la familia.

Además, el padre de Terri había conseguido que un médico le diera terapia verbal “ilegal” por teléfono. El doctor le dijo a Terri que tenía que levantarse pronto, porque estaba en peligro de que le cortaran toda alimentación y agua. Terri hizo un gran esfuerzo por levantarse, pero su padre la tuvo que detener antes de caer al suelo. La familia también comenzó a invitar, a una vigilia de oración frente al asilo donde la tenían, a todas las personas que quisieran ayudar. Llegó gente de la Florida, Georgia, Texas, Colorado, Illinois y Pennsylvania. Los medios que habían ignorado el caso de Terri comenzaron a interesarse. Asimismo, el papá de Terri le escribió una carta al gobernador Jeb Bush, pidiéndole que salvara a su hija.

Desde que se dio la orden de muerte para Terri, los padres recibieron permiso para verla una sola vez y llevaron consigo al sacerdote que semanalmente la visitaba. Este le llevó una reliquia de la Madre Teresa de Calcuta y pidió, junto con sus padres, un milagro para Terri. Según denunció el Washington Times, al padre Malinowski no se le permitió dar a Terri la Eucaristía, porque, según la policía, esto violaba la orden de negarle alimento alguno.

Cuando ya Terri había entrado en estado de deshidratación, la Casa de Representantes de Florida aprobó, por 68 contra 23 votos, autorizar al gobernador Jeb Bush a intervenir para impedir su muerte. El Senado aprobó el pedido y el gobernador Bush ordenó reponer los tubos que la alimentaban e hidrataban logrando salvarle la vida.

Las sospechas contra Michael Schiavo aumentaron cuando éste pidió cremar el cuerpo de su esposa en cuanto muriera. La familia de Terri había pedido una autopsia para determinar el origen de severas heridas que se descubrieron después de sufrir la parálisis, por temor a que hubieran sido causadas por Schiavo.

Todavía hay periodistas que insisten en atacar la decisión, repitiendo la mentira de que estaba en coma, satanizando la “derecha religiosa” por defender la vida humana, jugando a ser Dios al defender el “derecho a morir” o “decidir”, en el caso del aborto. Por cierto, gracias al Presidente Bush se ha logrado otra gran victoria a favor de la vida, pues prohibió el aborto por nacimiento parcial, en el que se estaban asesinando de la forma más espantosa a bebés después de los seis meses de embarazo.

En nuestro país oímos estas mismas voces que gritan defendiendo asesinatos legales. Por ejemplo, la “anticoncepción de emergencia”, que además de provocar un aborto, puede causar graves daños a la mujer y viola nuestra Constitución, que reconoce como persona humana a todo ser humano desde la CONCEPCIÓN, no la implantación. Por más que quieran confundirnos con nuevas definiciones absurdas de organismos internacionales pro aborto sobre la concepción, biológicamente se sabe que desde el momento de la fecundación, o sea desde el mismo instante de la concepción, esa nueva vida humana ya tiene los mismos 46 cromosomas que va a tener toda su vida. Todo el código genético se define en ese momento —no en la implantación— su color de pelo, de ojos, de piel, hasta sus huellas digitales.

No permitamos que intereses económicos poderosos vengan a imponernos programas que violan nuestras leyes, matan a los inocentes y ponen en riesgo la salud de las salvadoreñas. Seamos valientes como los hermanos Bush y los senadores que han defendido la verdad y la vida, ante los ataques de algunos medios de comunicación.
*Columnista de El Diario de Hoy.

 

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