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Sentido
Común
Nadie les dijo que era imposible
Uganda,
uno de los países más pobres de la Tierra, nos da
una buena lección: Sólo el cambio de conducta sexual
termina al Sida.
Cuando se habla de Sida, todo el mundo está de acuerdo en
que hay que hacer lo imposible para detener la pandemia. El problema
viene cuando se discuten los medios para frenarla. Algunos tienen
fe ciega en el preservativo; otros confiamos en la capacidad humana
de salir adelante a fuerza de razón, entusiasmo y trabajo.
Para quienes ciegamente han decidido poner su fe en un condón,
aunque existan cientos de explicaciones científicas y estudios
que demuestren la falsedad de ese sexo seguro, difícilmente
habrá una tan sola razón o un tan solo argumento para
ellos. Están en el asunto aquel de este macho es mi
mula, aunque sea caballo. Bueno, pues para ellos ¡suerte,
muchachos! Para el resto, para nosotros, hay toneladas de evidencia
que compartir antes de caer en una trampa que puede resultar mortal.
Un ejemplo a nivel mundial de cómo golpear de verdad esta
enfermedad es Uganda. Sí, claro, la paupérrima y africanísima
Uganda. Allí, el cambio de conducta sexual de los ugandeses
les ha puesto como una de las primeras sociedades en el mundo en
comenzar a ganar la partida al HIV.
Si nosotros somos pobres, Uganda se queda pachita: diez veces más
grande que nuestro país, maneja un Producto Interno Bruto
tres veces menor que el nuestro y un índice de desarrollo
humano muy por debajo del que nos hemos ganado los salvadoreños.
Estamos en el puesto 105 versus el 147 de Uganda, según el
PNUD. El Sida ha hecho estragos en ese país. Mientras en
El Salvador la expectativa de vida supera los setenta años,
para los ugandeses apenas sobrepasa los cuarenta y cinco. Pese a
todo, Uganda le está doblando la mano al Sida.
Uganda estaba plagada de Sida. En 1991,15 de cada 100 ugandeses
tenían la enfermedad. En 2001, esa cifra se había
reducido dramáticamente a 5 de 100. Ese descenso es único
en el mundo. El caso ha llamado la atención de la comunidad
internacional y ha comenzado a reventar mitos y dogmas como los
del preservativo. La AID, de Estados Unidos, ha publicado un informe
bastante completo sobre este caso, llamado ¿Qué
pasó en Uganda? Es público y está en
la Internet (www.globalhiv.org/docs/uganda.pdf).
Ahí se puede leer que la clave del éxito ha sido un
cambio de fondo en la conducta sexual de los ugandeses. La campaña
es de bajo costo y en su mensaje central comunica: Sé
fiel. Adolescente, espera hasta el matrimonio para tener relaciones
sexuales. La estrategia, más que ponerse a repartir
condones, se ha enfocado en lograr un cambio conductual en la población:
retrasar la primera experiencia sexual, mantener el sexo dentro
del matrimonio y con una sola persona, disminuir la tasa de actividad
sexual de los jóvenes, principalmente. El preservativo aparece
en el informe, pero nunca como el protagonista principal, sino en
último lugar. Llama la atención que este informe no
lo ha escrito un monje recoleto, es un reporte de AID. El resultado
impresiona.
También se lee: Debe notarse que muchos de los elementos
usados en la respuesta de Uganda, tales como el alto nivel de apoyo
político, un planeamiento descentralizado y las respuestas
multisectoriales, no afectaron directamente las tasas de infección
de HIV. El informe es directo: La conducta sexual en
sí misma debe cambiar para que el rumbo de la enfermedad
cambie.
Mientras, en el otro lado del mundo, las cosas se hacen al revés.
Millones de millones de dólares se gastan promoviendo y ligando
el concepto de sexo seguro y preservativos. Estribillos
bayuncos como Qué rico escoger, Juega sin
riesgo, Póntelo, pónselo, alientan
al placerazo del momento, efecto de una falsa seguridad, y después,
a la hora del trancazo, ¡si te vi, no me acuerdo! Vaya monumento
de responsabilidad social.
Lamentablemente, aquí y en todos los países donde
la estrategia se basa en campañas nacionales de condonización,
la receta sigue fallando. A más condones, más Sida.
Uganda, y ahora Zambia que también ha comenzado a reducir
sus índices de HIV, están demostrando con hechos
concretos que la solución, aun con todo y lo pobre y miserable
que pueda ser una sociedad, viene cuando se instruye la cabeza de
la gente. Jamás vendrá de un pedazo de látex.
Los ugandeses lo están haciendo, porque nadie les dijo que
era imposible, y les hicieron un favor.
El mejor aliado para el Sida es ver el problema con un solo ojo.
Esta es una enfermedad compleja; también su prevención
y tratamiento lo es. Por eso, absolutizar el problema o la solución
ha demostrado, en la práctica, ser un error. De nada sirven
sólo campañas de abstinencia. O sólo campañas
moralizantes. Menos sirven masivas jornadas de condonización,
que es la receta que quieren prescribirnos para El Salvador. Uganda,
uno de los países más pobres de la Tierra, nos da
una buena lección: Sólo el cambio de conducta sexual
termina al Sida.
*Columnista de El Diario de Hoy.
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