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Sentido Común
Nadie les dijo que era imposible

Ricardo Rivas*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Uganda, uno de los países más pobres de la Tierra, nos da una buena lección: Sólo el cambio de conducta sexual termina al Sida.

Cuando se habla de Sida, todo el mundo está de acuerdo en que hay que hacer lo imposible para detener la pandemia. El problema viene cuando se discuten los medios para frenarla. Algunos tienen fe ciega en el preservativo; otros confiamos en la capacidad humana de salir adelante a fuerza de razón, entusiasmo y trabajo.

Para quienes ciegamente han decidido poner su fe en un condón, aunque existan cientos de explicaciones científicas y estudios que demuestren la falsedad de ese “sexo seguro”, difícilmente habrá una tan sola razón o un tan solo argumento para ellos. Están en el asunto aquel de “este macho es mi mula”, aunque sea caballo. Bueno, pues para ellos ¡suerte, muchachos! Para el resto, para nosotros, hay toneladas de evidencia que compartir antes de caer en una trampa que puede resultar mortal.

Un ejemplo a nivel mundial de cómo golpear de verdad esta enfermedad es Uganda. Sí, claro, la paupérrima y africanísima Uganda. Allí, el cambio de conducta sexual de los ugandeses les ha puesto como una de las primeras sociedades en el mundo en comenzar a ganar la partida al HIV.

Si nosotros somos pobres, Uganda se queda pachita: diez veces más grande que nuestro país, maneja un Producto Interno Bruto tres veces menor que el nuestro y un índice de desarrollo humano muy por debajo del que nos hemos ganado los salvadoreños. Estamos en el puesto 105 versus el 147 de Uganda, según el PNUD. El Sida ha hecho estragos en ese país. Mientras en El Salvador la expectativa de vida supera los setenta años, para los ugandeses apenas sobrepasa los cuarenta y cinco. Pese a todo, Uganda le está doblando la mano al Sida.

Uganda estaba plagada de Sida. En 1991,15 de cada 100 ugandeses tenían la enfermedad. En 2001, esa cifra se había reducido dramáticamente a 5 de 100. Ese descenso es único en el mundo. El caso ha llamado la atención de la comunidad internacional y ha comenzado a reventar mitos y dogmas como los del preservativo. La AID, de Estados Unidos, ha publicado un informe bastante completo sobre este caso, llamado “¿Qué pasó en Uganda?” Es público y está en la Internet (www.globalhiv.org/docs/uganda.pdf).

Ahí se puede leer que la clave del éxito ha sido un cambio de fondo en la conducta sexual de los ugandeses. La campaña es de bajo costo y en su mensaje central comunica: “Sé fiel. Adolescente, espera hasta el matrimonio para tener relaciones sexuales”. La estrategia, más que ponerse a repartir condones, se ha enfocado en lograr un cambio conductual en la población: retrasar la primera experiencia sexual, mantener el sexo dentro del matrimonio y con una sola persona, disminuir la tasa de actividad sexual de los jóvenes, principalmente. El preservativo aparece en el informe, pero nunca como el protagonista principal, sino en último lugar. Llama la atención que este informe no lo ha escrito un monje recoleto, es un reporte de AID. El resultado impresiona.

También se lee: “Debe notarse que muchos de los elementos usados en la respuesta de Uganda, tales como el alto nivel de apoyo político, un planeamiento descentralizado y las respuestas multisectoriales, no afectaron directamente las tasas de infección de HIV”. El informe es directo: “La conducta sexual en sí misma debe cambiar para que el rumbo de la enfermedad cambie”.

Mientras, en el otro lado del mundo, las cosas se hacen al revés. Millones de millones de dólares se gastan promoviendo y ligando el concepto de “sexo seguro” y preservativos. Estribillos bayuncos como “Qué rico escoger”, “Juega sin riesgo”, “Póntelo, pónselo”, alientan al placerazo del momento, efecto de una falsa seguridad, y después, a la hora del trancazo, ¡si te vi, no me acuerdo! Vaya monumento de responsabilidad social.

Lamentablemente, aquí y en todos los países donde la estrategia se basa en campañas nacionales de condonización, la receta sigue fallando. A más condones, más Sida.

Uganda, y ahora Zambia —que también ha comenzado a reducir sus índices de HIV—, están demostrando con hechos concretos que la solución, aun con todo y lo pobre y miserable que pueda ser una sociedad, viene cuando se instruye la cabeza de la gente. Jamás vendrá de un pedazo de látex. Los ugandeses lo están haciendo, porque nadie les dijo que era “imposible”, y les hicieron un favor.

El mejor aliado para el Sida es ver el problema con un solo ojo. Esta es una enfermedad compleja; también su prevención y tratamiento lo es. Por eso, absolutizar el problema o la solución ha demostrado, en la práctica, ser un error. De nada sirven sólo campañas de abstinencia. O sólo campañas moralizantes. Menos sirven masivas jornadas de condonización, que es la receta que quieren prescribirnos para El Salvador. Uganda, uno de los países más pobres de la Tierra, nos da una buena lección: Sólo el cambio de conducta sexual termina al Sida.
*Columnista de El Diario de Hoy.

 

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