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La
columna nacional
¿Por qué no presentar la cara ante los problemas institucionales
y culturales?

El
Estado debe responder a las necesidades de las empresas y sociedades,
para lograr que se instalen en su territorio.
Porque es muy comprometido y complejo, responderán los grandes
asesores, recomendando a los candidatos que en estos temas lo más
light (ligero, superficial) es lo siempre recomendable.
De lo económico no se pueden zafar ni que quieran; unos,
porque les sirve de caballito de batalla para atacar lo que falta
y prometer lo que nunca harán, y los otros, para atizar la
esperanza de lo posible, que, como es cierto, oculta lo mal hecho.
Como sea, el punto es que, fuera de esto, todo tema que toque verdaderamente
los puntos medulares que nos están doliendo, debe saltarse...
lo que indica complacencia en lo que está, ignorancia que
no se quiere reconocer y temor de cambiar lo que no pueden controlar.
Así, un par de importantes problemas para el Partido que
No Existe son éstos:
El problema institucional
Esto es, el deterioro de las instituciones en general y las del
Estado en particular. Carcomidas por diferentes tipos de virus,
desde la pérdida del sentido mismo de su razón de
ser (o el desvirtuamiento o degeneración de su verdadero
cometido), pasando por las infiltraciones de personas e ideas que
inoculan el descontento permanente, la protesta sistemática
y el malestar crónico, hasta llegar al más peligroso
y menos apercibido en su virulencia el Sida institucional,
que es la aberrante concepción que pretende disminuir, minimizar,
restar importancia a lo estatal, humillar al empleado, ningunear
al funcionario, hacer pensar que todos son corruptos, lambiscones
y mediocres (para que nadie quiera trabajar con el Estado y que
dejen el espacio), matando la mística y el orgullo del trabajo.
Pero además.... hay instituciones que necesitan reformas
de fondo. Unas, porque desde el principio se enfocaron mal; otras
que sí fueron bien establecidas y que silenciosamente se
han cambiado; otras más que no resisten a la realidad actual,
que no responden a las necesidades del momento, que está
exigiendo actuaciones precisas rápidas, concretas, y no excusas,
laberintos legales o medias tintas; entre ellas podemos citar muy
diferentes enfoques para cada una: la institucionalidad de educación,
defensa, gobernación y trabajo.
Problema cultural: identidad, voluntad y valores.
Dejando de lado muchos otros más. Es grave el lapso de identidad
positiva que estamos sufriendo, y digo positiva porque, desgraciadamente,
lo que entran a montones son pautas de actuación social que
deshacen nuestro presente y están minando el futuro de cualquiera
que vaya a vivir en este territorio. ¿Por qué no se
detienen, qué mentalidad, ideología o conceptos subyacen
ante la permisividad total que vemos ante estos venenos que están
labrando una vida más difícil para todos? ¿Es
falso lo que digo?, tal vez, porque las grandes formaciones políticas
poco o nada se preocupan de estos temas.
Tuercen la voluntad, la limitan a ponerse a la orden de la producción
económica con el único objetivo de agenciarse bienes
de consumo, pensando que éstos nos darán la felicidad
individual, que es, a su vez, el máximo y superior fin del
ser humano en la tierra. Cualquier referencia a la interacción
social, a valores morales, no se diga al espíritu o a esa
arcaica palabra que nombran como dios no tiene lugar
en este brave new world. Se han desechado hasta las
manipulaciones religiosas, científicas, y hasta el recurso
práctico o incluso egoísta que mostraría que
a corto plazo no se puede sostener una sociedad tan escasa de solidaridad,
ética y esfuerzo. Pero no.
Todo se debe permitir, seguir igual, abriéndose al hermoso
mundo que nos envía diversiones, juguetes innecesarios,
nuevos vicios y todo, absolutamente al bajísimo precio de
no pensar mucho, de limitar nuestras actuaciones políticas
al voto y de sonreír bobamente siempre, con trasfondo de
jingles, con amnesia de los crímenes de los terroristas
disfrazados de políticos, con altares culturales para las
vacas sagradas de la izquierda, observando la marcha de títeres
sin nación que encabezan el desfile de un colectivo lobotomizado.
Hay que levantar el campamento de los santos. Definirnos a nosotros,
definir a los contrarios, distinguir, excluir, atraer, construir...
cuidar el perímetro. Abrir primero un solo frente, el antirrojo.
El otro, el interno, lucharlo en el alma, crecerlo en el espíritu
para demostrar viviendo la realidad de otras revoluciones, pues
el primer deber nuestro será el de sobrevivir. Para ubicar
a qué nos referimos, me retiro citando a Thierry Maulnier:
Cuando el orden no está ya en el orden, debe estar
en la revolución, y la única revolución que
queremos es la revolución del orden.
* Lic. en Ciencias Políticas.
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