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Palabras
Nueva Orleans nunca duerme

Carlos Balaguer
El Diario de Hoy
pintorbalaguer@hotmail.com

En un bar del barrio francés de Nueva Orleans, un letrero en la pared dice: “El chiste de vivir es gozar cada momento”.

Fue Epicuro, un griego de Atenas, discípulo de Jenócrates, quien predicaba que el placer era el fin supremo del hombre o humanidad, y que hacia ello debían tender nuestros esfuerzos. A causa de la falsa interpretación moral que los modernos puritanos han dado a su doctrina, se ha tomado como un libertino a aquel filósofo de ejemplar continencia. Muy lejos de poner el goce de los sentidos como un derecho a la felicidad, de la misma forma que la práctica de la virtud que conlleva a un goce espiritual.

Se dice que Nueva Orleans nunca duerme. Jazz, jazz y jazz por todas partes. De hecho cuando el siglo crecía con dos terribles guerras, surgió con más fuerza este género musical —nostálgico y feliz— como una respuesta al mismo dolor de la historia.

Es Nueva Orleans, donde tranquilamente podemos salir con nuestra copa a la calle, porque no hay pillaje y toda la ciudad está eternamente de fiesta. De hecho, el bullicioso barrio francés está a un lado del cementerio, como un desafío a la muerte, a la felicidad y a la fugacidad de la vida.
Al fin hermanas son la vida y la muerte, como la vigilia y el sueño. Por eso Nueva Orleans nunca duerme: para que el sueño y la fiesta no terminen...


Día a Día

En el presupuesto para 2004 se contemplan los primeros pagos de la deuda adquirida para defendernos contra la agresión comunista de la Década de los Ochenta, lo que incluye préstamos para construir dos puentes sobre el río Lempa. Es muy triste, trágico, que un pueblo pobre tenga que usar sus escasos recursos para reponerse de la destrucción causada por bandas de fanáticos, cuando ese dinero se pudo emplear en lo positivo y lo edificante.

Ya tenemos, gracias a préstamos del Gobierno japonés, dos puentes sobre el Lempa, fabricados en los sitios donde antes se levantaron los puentes de Oro y Cuscatlán. Pero ninguna obra podrá sustituir las dos nobles y majestuosas estructuras que perdimos y que eran, sin lugar a dudas, lo más sobresaliente de la ingeniería civil en la región.
 

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