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Orientando
Investigación científica en universidades
Pienso
que ya es hora de rescatar y hacer algo por la investigación
científica en El Salvador
Exceptuando tal vez dos o tres centros de educación superior
de los cuarenta y tantos que funcionan en el país, en todos
los demás la investigación científica anda
de capa caída, a grado tal que los estudiantes no la consideran
como un medio para el aprendizaje, aclarar dudas, contribuir a la
solución de problemas nacionales y una manera de hacer aportes
a la ciencia, sino como requisito para graduarse, una exigencia
impuesta y hasta una forma para sacarles dinero.
Es natural que existe una gama de factores responsables de la postración
de la investigación científica, algunos de tanta raigambre
que en las actuales condiciones son casi insalvables, pero los hay
otros que se pueden atender y hasta paliar. La queja habitual de
los docentes es que los estudiantes vienen del bachillerato con
grandes deficiencias, pero también las universidades, lejos
de crear las condiciones que faciliten la investigación,
se gastan casi todos los recursos en la docencia tradicional, es
decir, aquella que tiende a acumular conocimientos teóricos
y que a la hora de los exámenes tienen que repetir para aprobar
la materia sin explorar competencias.
Por lo general, en las universidades, no se estimula la curiosidad
científica, el espíritu para investigar y la búsqueda
de explicaciones para muchas interrogantes. A su vez, los profesores
de metodología para la investigación se dedican casi
de forma exclusiva al fortalecimiento de un esquema excesivamente
formalista que ahuyenta a los investigadores noveles. Evidentemente,
nadie se opone a la enseñanza de la metodología, ya
que el conocimiento de las reglas del juego es indispensable, pero
me inclino por una metodología más objetiva, directa
y práctica, conducente a un aprender haciendo
que a un aprender teorizando.
Con la catarata de conocimientos teóricos que se pretende
enseñar al estudiante en materia de metodología, éste
se ofusca y desvía el interés, y gasta toda su energía
en tratar de entender La lógica del diseño del
trabajo científico. Las diferencias históricas
entre la investigación cuantitativa y la cualitativa
y el fundamento filosófico de la operacionalidad de
la hipótesis.
Los panfletos sobre metodología casi pontifican que aquel
que no sepa matemáticas, estadística, informática
y no disponga de la Internet para bajar información, tiene
prohibido investigar.
Hace más de 150 años, el religioso Gregor Méndel
descubrió las Leyes de la herencia, que todavía
tienen extraordinaria vigencia en muchos campos como la Botánica,
Medicina, Zoología, Zootecnia, Fitotecnia, etc. Y no utilizó
computadoras, mucho menos la Internet, enciclopedias virtuales ni
multimedia. No era un gran matemático y mucho menos un gran
exponente de la estadística. El material de estudio que utilizó
en su totalidad no le costó siquiera diez dólares,
y los resultados de varios años de trabajo los resumió
en no más de sesenta o setenta páginas. Ahora cualquier
tesis utiliza unas cien páginas sólo para el marco
teórico, unas diez para los objetivos, justificación,
metodología, hipótesis, y tal vez cinco para las conclusiones
y recomendaciones, más otras cinco para citar la bibliografía.
El monje austríaco tampoco recibió clases de metodología
de investigación 1 y 2, no tuvo asesor metodológico
y tampoco tuvo asesores de tesis; sin embargo, es posible detectar
varios hechos que no se pueden pasar por alto. En primer lugar,
aplicó el método científico; por otro lado,
estaba dotado de gran motivación para trabajar (cosa que
ahora hace falta por todos lados, en algunos centros el índice
de ausentismo a clases es alarmante), disponía de tiempo
para trabajar (hoy en día algunos estudiantes trabajan para
sobrevivir) y tenía una sólida cultura general que
le permitía usar correctamente el lenguaje (los estudiantes
de los tiempos modernos, con pocas excepciones, son candidatos a
cursar cultura general 1, 2 y 3 de existir esta asignatura).
Pero ahí no para la cosa, Méndel tenía una
extraordinaria capacidad de observación y era muy cuidadoso
para llevar a la práctica las diferentes etapas de los experimentos,
esto lo hizo llevar un registro impecable de los resultados a los
que aplicó conceptos básicos de las matemáticas.
En la actualidad son escasos los trabajos experimentales, la mayoría
se concreta a descripciones o narraciones
en donde los esfuerzos se reducen a transmitir los resultados de
una encuesta interpretados con la ayuda de asesores.
Pienso que ya es hora de rescatar y hacer algo por la investigación
científica en El Salvador, ya no es posible continuar con
la tónica habitual. Tampoco es posible que nuestros talentos
tengan que emigrar ante el desinterés, la falta de apoyo
y escasez de condiciones. ¿Por qué no comenzar desde
el principio, en la misma forma como lo hicieron algunos países
del Asia como Singapur, Japón de la postguerra, Malasia,
Corea del Sur y China? Estos países milenarios comenzaron
creando una cultura de la investigación y la ubicaron al
alcance de todos (se supone que con un mínimo de talento),
descartando la falsa concepción de que la investigación
está reservada únicamente para los grandes científicos
e intelectuales.
* Dr. en Medicina
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