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Orientando
Investigación científica en universidades

Rodolfo Chang Peña*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Pienso que ya es hora de rescatar y hacer algo por la investigación científica en El Salvador

Exceptuando tal vez dos o tres centros de educación superior de los cuarenta y tantos que funcionan en el país, en todos los demás la investigación científica anda de capa caída, a grado tal que los estudiantes no la consideran como un medio para el aprendizaje, aclarar dudas, contribuir a la solución de problemas nacionales y una manera de hacer aportes a la ciencia, sino como requisito para graduarse, una exigencia impuesta y hasta una forma para “sacarles dinero”.

Es natural que existe una gama de factores responsables de la postración de la investigación científica, algunos de tanta raigambre que en las actuales condiciones son casi insalvables, pero los hay otros que se pueden atender y hasta paliar. La queja habitual de los docentes es que los estudiantes vienen del bachillerato con grandes deficiencias, pero también las universidades, lejos de crear las condiciones que faciliten la investigación, se gastan casi todos los recursos en la docencia tradicional, es decir, aquella que tiende a acumular conocimientos teóricos y que a la hora de los exámenes tienen que repetir para aprobar la materia sin explorar “competencias”.

Por lo general, en las universidades, no se estimula la curiosidad científica, el espíritu para investigar y la búsqueda de explicaciones para muchas interrogantes. A su vez, los profesores de metodología para la investigación se dedican casi de forma exclusiva al fortalecimiento de un esquema excesivamente formalista que ahuyenta a los investigadores noveles. Evidentemente, nadie se opone a la enseñanza de la metodología, ya que el conocimiento de las reglas del juego es indispensable, pero me inclino por una metodología más objetiva, directa y práctica, conducente a un “aprender haciendo” que a un “aprender teorizando”.

Con la catarata de conocimientos teóricos que se pretende enseñar al estudiante en materia de metodología, éste se ofusca y desvía el interés, y gasta toda su energía en tratar de entender “La lógica del diseño del trabajo científico”. “Las diferencias históricas entre la investigación cuantitativa y la cualitativa” y el “fundamento filosófico de la operacionalidad de la hipótesis”.

Los panfletos sobre metodología casi pontifican que “aquel que no sepa matemáticas, estadística, informática y no disponga de la Internet para bajar información, tiene prohibido investigar”.

Hace más de 150 años, el religioso Gregor Méndel descubrió las “Leyes de la herencia”, que todavía tienen extraordinaria vigencia en muchos campos como la Botánica, Medicina, Zoología, Zootecnia, Fitotecnia, etc. Y no utilizó computadoras, mucho menos la Internet, enciclopedias virtuales ni multimedia. No era un gran matemático y mucho menos un gran exponente de la estadística. El material de estudio que utilizó en su totalidad no le costó siquiera diez dólares, y los resultados de varios años de trabajo los resumió en no más de sesenta o setenta páginas. Ahora cualquier tesis utiliza unas cien páginas sólo para el marco teórico, unas diez para los objetivos, justificación, metodología, hipótesis, y tal vez cinco para las conclusiones y recomendaciones, más otras cinco para citar la bibliografía.

El monje austríaco tampoco recibió clases de metodología de investigación 1 y 2, no tuvo asesor metodológico y tampoco tuvo asesores de tesis; sin embargo, es posible detectar varios hechos que no se pueden pasar por alto. En primer lugar, aplicó el método científico; por otro lado, estaba dotado de gran motivación para trabajar (cosa que ahora hace falta por todos lados, en algunos centros el índice de ausentismo a clases es alarmante), disponía de tiempo para trabajar (hoy en día algunos estudiantes trabajan para sobrevivir) y tenía una sólida cultura general que le permitía usar correctamente el lenguaje (los estudiantes de los tiempos modernos, con pocas excepciones, son candidatos a cursar “cultura general” 1, 2 y 3 de existir esta asignatura).

Pero ahí no para la cosa, Méndel tenía una extraordinaria capacidad de observación y era muy cuidadoso para llevar a la práctica las diferentes etapas de los experimentos, esto lo hizo llevar un registro impecable de los resultados a los que aplicó conceptos básicos de las matemáticas. En la actualidad son escasos los trabajos experimentales, la mayoría se concreta a “descripciones” o “narraciones” en donde los esfuerzos se reducen a transmitir los resultados de una encuesta interpretados con la ayuda de asesores.

Pienso que ya es hora de rescatar y hacer algo por la investigación científica en El Salvador, ya no es posible continuar con la tónica habitual. Tampoco es posible que nuestros talentos tengan que emigrar ante el desinterés, la falta de apoyo y escasez de condiciones. ¿Por qué no comenzar desde el principio, en la misma forma como lo hicieron algunos países del Asia como Singapur, Japón de la postguerra, Malasia, Corea del Sur y China? Estos países milenarios comenzaron creando una cultura de la investigación y la ubicaron al alcance de todos (se supone que con un mínimo de talento), descartando la falsa concepción de que la investigación está reservada únicamente para los grandes científicos e intelectuales.
* Dr. en Medicina

 

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