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La revolución antihumana
¿Anticonceptivos o abortivos?

Luis Fernández Cuervo*
El Diario de Hoy
lmfcuervo@navegante.com.sv

La ignorancia voluntaria, el no querer saber o el no querer hablar claro ya son actos inmorales.

(Segunda parte)

Aspectos de suma gravedad se actualizan con el nuevo control de la natalidad que se está introduciendo en nuestro país: el llamado Anticonceptivo de Emergencia (PAE), conocido en Europa como PDD (Píldora del Día Después).

El primero de esos aspectos es el de ética científica. Hace ya varios años, la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia (FIGO) y la Federación Internacional de Planificación Familiar (IPPF), llegaron a un acuerdo para fabricar una de las MENTIRAS MÁS BURDAS DE LA HISTORIA HUMANA: decir que el momento de la concepción de un ser humano comienza cuando ese ser humano se implanta en el endometrio (la mucosa que recubre el interior de la cavidad uterina).

Una vez establecida, dogmáticamente, contra toda evidencia científica, que la anidación (implantación) del blastocisto humano pasa a llamarse concepción, entonces…¡uf, qué alivio! Ahora cualquier dispositivo intrauterino (DIU) o cualquier píldora, inyección o implante hormonal que impida que siga una gestación no es abortivo, porque como actúa impidiendo la anidación del hijo en el endometrio de su madre y a eso hemos decidido llamarlo concepción, pues entonces ¡no es un abortivo, no! ¡Señores, se trata sólo de un anticonceptivo!

Y, por lo tanto, nuestro Ministerio de Salud —¡a la orden mi general!— acata el mandato y establece una normativa oficial para que este abortivo figure como “anticonceptivo de emergencia para usarlo en las primeras 72 horas posteriores a la relación sexual sin protección” (¿No debería decir, con mayor sinceridad, sin protección moral?

Desde hace muchos años se conocen todas las fases del desarrollo humano dentro del vientre materno e incluso están fotografiados todos sus pasos, pero además son innecesarios esos detallados conocimientos para saber cuándo existe un ser humano. Biológicamente, el ser humano se define por tener 46 cromosomas específicos. Un óvulo femenino tiene sólo 23. Un espermatozoide masculino, también sólo 23. Cuando se unen (cigoto) tienen los 46 necesarios y desde ese momento ahí hay un nuevo ser humano con un genoma propio, individual, único en el mundo.

Ya tiene su sexo genético, ya es varón (XY) o hembra (XX). Ya tiene determinado cómo será el color de sus ojos, de su pelo, de su piel, la forma de su nariz, etc. Sólo necesita irlos desarrollando, desplegando, y eso lo hace a partir de la misteriosa fuerza y poder conformador de su genoma. De la madre, lo único que necesita es que le acoja en su endometrio y él mismo se encargará de fabricar su medio de alimentación (la placenta), a través de la cual recibirá el oxígeno, los líquidos y nutrientes necesarios para ir desarrollándose.

Decir que antes de implantarse en el endometrio no es un ser humano, jugar con las palabras llamándole óvulo fecundado, pre-embrión o cualquier otro término no varía el hecho de que ya era un ser humano desde la fecundación. La concepción (implantación) decretada por la OMS es una mentira tan burda y estúpida como si se estableciera que el niño parido por una mujer sólo es hijo suyo cuando recién se agarra al pecho de su madre y empieza a mamar, antes sólo sería…“un producto del embarazo” y, por lo tanto, se le podría abandonar.

El segundo aspecto es un problema de ética médica. Un médico honesto, con criterios claros, se debe negar a recetar anticonceptivos, pues todos los hormonales y el DIU alteran el endometrio y, si se produjo la fecundación, le hacen incapaz de acoger al embrión formado y, por lo tanto, son potencialmente abortivos. Y la PAE es claramente abortiva, esa es su finalidad. Si se produjo la fertilización, producirán un aborto en los primeros días del embarazo, más o menos un aborto en los ocho primeros días de gestación. Lo que dignifica la labor del médico es trabajar para la vida y la salud de todas las personas, también de las no nacidas. No tiene por qué favorecer ni premiar la fornicación, ni el aborto, ni la irresponsabilidad sexual.

En el triste caso de que un médico, según su conciencia y su libre decisión personal, considere que debe recetar un anticonceptivo a una mujer que lo solicita, tiene el deber, como en todo acto médico, de informar claramente cómo va a actuar ese “anticonceptivo” y que, si se produjo la fertilización del óvulo, lo que va a morir es un pequeño ser humano, un hijo suyo, no es un animalito ni una cosa. Cargue cada cual con la responsabilidad de su libertad, pero libertad informada.

La ignorancia voluntaria, el no querer saber o el no querer hablar claro ya son actos inmorales. Alguien podría decir: “Pero, entonces, si se trata de una pareja estable que por razones graves de salud o económicas ve que ya no debe tener más hijos que los que ya tiene ¿qué puede hacer?” Yo le diría que utilice el método Billings de continencia periódica, que no cuesta dinero, es sencillo, no altera el funcionamiento ni el equilibrio hormonal del cuerpo humano y tiene un margen de error igual o mejor que el de la píldora secuencial: entre 0% y 1,4%, en la mayoría de los estudios, que incluyen miles de parejas. Que en algunos documentos de la OMS se diga que tiene un fallo de un 50% es otra de las mentiras que invalidan moralmente a esta organización.

El tercer aspecto es también de triste gravedad. ¿Por qué nuestro Ministerio de Salud sigue promoviendo una educación sexual que no es tal cosa sino una propaganda de “sexo seguro”, que ni es moral ni es seguro? ¿Por qué sigue recomendando métodos que han fracasado en todos los países, desarrollados y subdesarrollados? ¿Por qué sigue queriendo apagar los incendios con gasolina? ¿Están generosamente “gratificados”, o están obligados?¿Están chantajeados por los que imponen estas campañas, si un país quiere recibir de ellos ayudas sanitarias y económicas? Si es esto último, ¿EN QUÉ QUEDA NUESTRA DIGNIDAD E INDEPENDENCIA NACIONAL?
Dr. en Medicina y columnista de El Diario de Hoy.

 

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