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Palabras
Con calidad y seguridad
El
ladrón sonríe. Será su próximo botín.
Pero no sabe si robar primero el oro o si robar primero la estrella.
El mismo que nos robó la vida. El mismo que nos robó
los sueños. El mismo ladrón del tiempo. El mismo que
nos robó el amor. El mismo que en las oscuras noches nos
robó la esperanza. El mismo ladrón de la historia...
torvo.
Nocturna y lunar criatura, robando las sombras de la ciudad dormida.
Que es lo mismo que decir vacía, sin hombres, sin gloria,
sin gritos, sin risas humanas. Desnuda y desolada, como quedan todas
las noches y todas las ciudades de esplendor. Y en medio de sus
calles de asfalto y alquitrán, vagando como fiera sola, el
señor de las sombras y de los rateros, robando el tiempo
en las plazas cuando todos se han ido sin volver o a dormir su olvido.
Silencioso y triste, este robador del tiempo y de la vida, huye
furtivo y temeroso, con su pesado botín de sueños
y de días perdidos. Pasa en su bicicleta y se va... Se roba
la soledad y el ladrar de los nocturnos perros callejeros. Pero
antes de pasar, se detiene y se recrea un instante delante del monumento
de oro de la santa patrona de las prostitutas, que yace inmóvil
sobre su pedestal, viendo al cielo sus ojos, como si buscara la
luz de una estrella.
El ladrón sonríe. Será su próximo botín.
Pero no sabe si robar primero el oro o si robar primero la estrella.
Reanuda su marcha silenciosa como la de las fieras que huyen. Por
hoy se lleva la historia, la triste bisutería de los días
perdidos, la más patética mercancía humana:
el tiempo.
Día a Día
La guerra en El Salvador tuvo un espantoso costo humano, social y
económico. Evitar la guerra quitando banderas al comunismo,
fue el pretexto de la pandilla de ladrones para decretar la reforma
agraria y las estatizaciones tanto del sistema financiero como de
las exportaciones, cuyas nefastas escuelas se padecen al día
de hoy.
La crónica crisis de la agricultura y la pobreza en las zonas
rurales, es culpa de los robos de tierras de marzo de 1980. |
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