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Lunes 10 de Noviembre

 

 

 
 



La nota del día
Unos sobreviven, otros desaparecen

Que muchas empresas se sostengan en el tiempo mientras otras evolucionan, se empequeñecen o mueren, es un fenómeno natural necesario.

Hasta principios del Siglo XX el añil fue el principal rubro de exportación agrícola de El Salvador, posición que fue cediendo al café hasta prácticamente extinguirse. Pero hoy en día, cien años más tarde, hay posibilidad de reactivar el cultivo gracias al interés de importadores japoneses y de nuevas tendencias en la moda. Los colores más ricos, naturales y en cierta manera “suaves” del añil, sobre todo aplicados a telas de algodón (y de seguro a la seda) atraen una clientela refinada que los valoriza sobre los tintes químicos.

A mediano y largo plazo, ninguna actividad económica es permanente. Son pocas las empresas que logran cumplir cien años y mantener sus posiciones en mercados nacionales o mundiales. Y no sólo empresas, sino también sectores económicos, industrias y hasta profesiones, que se van transformando o inclusive van siendo absorbidas por otras hasta desaparecer. En estos momentos la película fotográfica está en paso de ser sustituida por las tecnologías digitales, como las máquinas de escribir eléctricas fueron reemplazadas por las computadoras. Hemos llegado a un punto en que las agendas electrónicas, las cámaras, las grabadoras, los accesos al correo de la Internet, las calculadoras de bolsillo y los sistemas musicales (MP3) se conjugan en un solo aparato de bolsillo. Una persona puede ahora llevar en la bolsa de su camisa el equivalente de una discoteca de cuatrocientos CD.

En tal situación, llorar por las empresas que pueden ser desplazadas, o sucumbir debido a la apertura de mercados o los avances de la tecnología, carece de sentido. Y menos querer volver al pasado. Sólo a los efemelenistas se les antoja que sería un avance para el país resucitar el transporte de carretas y mulas, como han vuelto en Cuba los “taxis” que son bicicletas que tiran de una especie de canasta donde se sienta el pasajero. Esos “taxis” los vimos hace muchos años en Hong Kong, cuando ese enclave en un costado de China roja iniciaba andadura en el esplendoroso experimento capitalista.

Que muchas empresas se sostengan en el tiempo mientras otras evolucionan, se empequeñecen o mueren, es un fenómeno natural y necesario. Es necesario porque sólo así la economía va siendo más eficiente y competitiva. La vida económica duplica lo que ocurre en la naturaleza; hay especies que surgen, otras que desaparecen y todas se adaptan a las condiciones que se van presentando como son, entre otros, los cambios climáticos muy fuertes.

El maquilero es el técnico de mañana

Ya hemos citado en estas páginas, lo que decían los comunistas durante la década de los setenta en las “proclamas” con que justificaban secuestros y asesinatos: que la existencia en nuestro país de filiales o subsidiarias de empresas extranjeras tenía el único propósito de “explotar” a los salvadoreños. En otras palabras, para esta gente lo mejor que puede pasar es que ninguna empresa extranjera se establezca en El Salvador (y además, que las grandes empresas sean tomadas por “el Estado” o también desaparezcan, indistintamente de lo que suceda a sus empleados). Los tratados de libre comercio sólo benefician a los “imperialistas”, afirman.

Los hechos desmienten semejante falsedad. No sólo hay más empleo que antes, ochenta mil nuevos puestos, sino que las maquilas entrenan a la gente para aspirar a niveles superiores de trabajo. El maquilero de hoy es el técnico calificado de mañana.

 

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