| |

La nota del día
Unos sobreviven, otros desaparecen
Que
muchas empresas se sostengan en el tiempo mientras otras evolucionan,
se empequeñecen o mueren, es un fenómeno natural necesario.
Hasta principios del Siglo XX el añil fue el
principal rubro de exportación agrícola de El Salvador,
posición que fue cediendo al café hasta prácticamente
extinguirse. Pero hoy en día, cien años más
tarde, hay posibilidad de reactivar el cultivo gracias al interés
de importadores japoneses y de nuevas tendencias en la moda. Los
colores más ricos, naturales y en cierta manera suaves
del añil, sobre todo aplicados a telas de algodón
(y de seguro a la seda) atraen una clientela refinada que los valoriza
sobre los tintes químicos.
A mediano y largo plazo, ninguna actividad económica es permanente.
Son pocas las empresas que logran cumplir cien años y mantener
sus posiciones en mercados nacionales o mundiales. Y no sólo
empresas, sino también sectores económicos, industrias
y hasta profesiones, que se van transformando o inclusive van siendo
absorbidas por otras hasta desaparecer. En estos momentos la película
fotográfica está en paso de ser sustituida por las
tecnologías digitales, como las máquinas de escribir
eléctricas fueron reemplazadas por las computadoras. Hemos
llegado a un punto en que las agendas electrónicas, las cámaras,
las grabadoras, los accesos al correo de la Internet, las calculadoras
de bolsillo y los sistemas musicales (MP3) se conjugan en un solo
aparato de bolsillo. Una persona puede ahora llevar en la bolsa
de su camisa el equivalente de una discoteca de cuatrocientos CD.
En tal situación, llorar por las empresas que pueden ser
desplazadas, o sucumbir debido a la apertura de mercados o los avances
de la tecnología, carece de sentido. Y menos querer volver
al pasado. Sólo a los efemelenistas se les antoja que sería
un avance para el país resucitar el transporte de carretas
y mulas, como han vuelto en Cuba los taxis que son bicicletas
que tiran de una especie de canasta donde se sienta el pasajero.
Esos taxis los vimos hace muchos años en Hong
Kong, cuando ese enclave en un costado de China roja iniciaba andadura
en el esplendoroso experimento capitalista.
Que muchas empresas se sostengan en el tiempo mientras otras evolucionan,
se empequeñecen o mueren, es un fenómeno natural y
necesario. Es necesario porque sólo así la economía
va siendo más eficiente y competitiva. La vida económica
duplica lo que ocurre en la naturaleza; hay especies que surgen,
otras que desaparecen y todas se adaptan a las condiciones que se
van presentando como son, entre otros, los cambios climáticos
muy fuertes.
El maquilero es el técnico de mañana
Ya hemos citado en estas páginas, lo que decían los
comunistas durante la década de los setenta en las proclamas
con que justificaban secuestros y asesinatos: que la existencia
en nuestro país de filiales o subsidiarias de empresas extranjeras
tenía el único propósito de explotar
a los salvadoreños. En otras palabras, para esta gente lo
mejor que puede pasar es que ninguna empresa extranjera se establezca
en El Salvador (y además, que las grandes empresas sean tomadas
por el Estado o también desaparezcan, indistintamente
de lo que suceda a sus empleados). Los tratados de libre comercio
sólo benefician a los imperialistas, afirman.
Los hechos desmienten semejante falsedad. No sólo hay más
empleo que antes, ochenta mil nuevos puestos, sino que las maquilas
entrenan a la gente para aspirar a niveles superiores de trabajo.
El maquilero de hoy es el técnico calificado de mañana.
|
|