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Estrellas y duendes revoloteaban en el cielo, pispileaban flores y palmeras, bailaban las serpientes, se extendían los jardines. La hora cero llegó a las 7:00 de la noche, justamente cuando el eclipse total de Luna llegó a su punto culmen. Así, se apagó la luz en el cielo y brotó de la tierra, en medio del asombro de los espectadores. El estadio lucía repleto, el entusiasmo fue creciendo a medida llegaba la hora. Los aplausos surgían, un payaso animaba el ambiente familiar, y también romántico, porque muchas parejas aprovecharon para abrazarse en la semioscuridad. Me gustan los cohetes, son como estrellas, dijo Andrea García, de 7 años. Andrea llegó al estadio con Sonia, su mamá, quien enfundada en un suéter de lana abrazaba a su hija. Vine desde las 4:00 para agarrar puesto, todo me ha parecido excelente, afirmó la madre. Pero no sólo las mamás se encargaron de llevar a sus hijos a disfrutar de una luces con nostalgia navideña, los papás también hicieron acto de presencia.
Por su parte, Lidia Valenzuela, de 38 años, llegó con sus hermanos, cuñados y sobrinos porque confesó ser amante de los juegos artificiales. Ya se siente la Navidad, confirmó. Ilegal como el Diablo, Jardín de ensueño, Bendiciones son algunos de los nombres que se les dieron a la lluvia de luces. |
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