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Una
mirada de fe
Servidores del pueblo de Dios
El
trabajo que han desempeñado ha sido un ejemplo vivo de fidelidad
a Cristo y a la Iglesia.
Cristo se hace presente en cada comunidad cristiana a través
de Su palabra, la Eucaristía, los sacramentos y muchas otras
maneras, pero ha querido que algunos hombres, llamados y consagrados
por Él, se dediquen a asistir a los demás con la vocación
específica del sacerdocio, llamada que hace del elegido un
servidor del pueblo de Dios para ayudar a los hombres, en la persona
de Cristo sacerdote, profeta y rey.
El martes pasado, el clero de la Arquidiócesis se reunió
en la comunidad parroquial de La Resurrección, para participar
en una eucaristía y celebrar fraternalmente las bodas de
oro de tres sacerdotes, ahora monseñores, que hace cincuenta
años fueron ordenados como ministros de Dios: Monseñor
Amílcar Torruella, párroco de La Merced; monseñor
Cristóbal Cortez, párroco de la Basílica del
Sagrado Corazón, y el recién nombrado monseñor
Sergio Moreno, párroco de San José Guayabal.
Se festejó igualmente a Mons. Rafael Urrutia, párroco
de La Resurrección y moderador de la Curia Arzobispal, por
sus bodas de plata sacerdotales. Es justo que, como pueblo de Dios,
nos alegremos y demos gracias por la vida y caminar sacerdotal de
estos servidores de Dios, que siguen ofrendando sus vidas por Cristo
y el bien espiritual de sus feligreses.
La Iglesia se ha visto también enriquecida en estos días
por la ordenación sacerdotal de los diáconos
Luis Rodríguez y José Neftalí Orellana, de
Santiago de María, y la del salesiano Carlos Cartagena, de
la Ciudadela Don Bosco. Otros once jóvenes han recibido el
diaconado y ahora se preparan para ser ordenados sacerdotes.
Los que están celebrando sus años de servir a Dios,
y los que se están estrenando su ministerio sacerdotal, están conscientes
de que su sacerdocio es un regalo que Dios les ha hecho para servir
a la comunidad cristiana, actuando en representación de Cristo,
proclamando su misterio, actualizando y aplicando en el sacrificio
de la misa, el único sacrificio de la Nueva Alianza, que
es el mismo Cristo que se ofrece al Padre como hostia inmaculada.
Están sabedores de que no han estado ni estarán exentos
de todas las flaquezas humanas, pues han sido escogidos de entre
los hombres, no entre los ángeles, para servir a los hombres
y representarles en el culto a Dios. En la carta a los hebreos se
nos dice que el sacerdote ha sido escogido para ofrecer dones
y sacrificios por los pecados,comprender a los ignorantes y extraviados,
ya que él mismo está envuelto en debilidades. A causa
de ellas tiene que ofrecer sacrificios por sus propios pecados,
como por los del pueblo (Heb.5, 1-3).
Ciertamente estos sacerdotes ya han hecho un largo camino,
han puesto su mano en el arado y no han mirado hacia atrás,
han desgastado sus mejores años por Cristo y por su Iglesia
y su recompensa será grande porque Dios no se deja ganar
en generosidad.
El ser sacerdote, para ellos, ha implicado muchos años de
sacrificio para capacitarse a través de una sólida
formación humana, espiritual, filosófica, teológica
y pastoral, para ser pastores según el corazón de
Cristo al servicio de pueblo. Han sido años en los que la
oración, la lectura de la palabra de Dios, la vida sacramental
y el sano discernimiento han sido factores importantísimos
para optar por lo que hoy son.
Jesús mismo indicó a sus discípulos la
vocación de servicio: Ustedes saben que los jefes de
las naciones las gobiernan tiránicamente y que los dirigentes
los oprimen. No debe ser así entre ustedes. El que quiera
ser importante entre ustedes, sea su servidor, y el que quiera ser
el primero, que sea su esclavo. De la misma manera que el Hijo del
Hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida
en rescate por todos. (Mt 20,25-28).
El trabajo que han desempeñado ha sido un ejemplo vivo
de fidelidad a Cristo, a la Iglesia y a las comunidades donde han
trabajado, en ellas han sido signos de comunión eclesial
e instrumentos de perdón y reconciliación, han escuchando
las angustias y esperanzas de la gente y han pastoreado el rebaño
que Dios les ha confiado.
Para ellos, nuestros sentimientos de gratitud y nuestros mejores
augurios para que sigan siendo signos vivos de la presencia de Cristo
en medio de un pueblo necesitado de reconciliación, de salvación,
de perdón y de fortaleza espiritual.
*Párroco de la iglesia
de María Auxiliadora (Don Rúa).
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