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Una mirada de fe
Servidores del pueblo de Dios

Oscar Rodríguez Blanco, s, d, b.*
El Diario de Hoy
E-mail: osrobla@hotmail.com
El trabajo que han desempeñado ha sido un ejemplo vivo de fidelidad a Cristo y a la Iglesia.

Cristo se hace presente en cada comunidad cristiana a través de Su palabra, la Eucaristía, los sacramentos y muchas otras maneras, pero ha querido que algunos hombres, llamados y consagrados por Él, se dediquen a asistir a los demás con la vocación específica del sacerdocio, llamada que hace del elegido un servidor del pueblo de Dios para ayudar a los hombres, en la persona de Cristo sacerdote, profeta y rey.

 El martes pasado, el clero de la Arquidiócesis se reunió en la comunidad parroquial de La Resurrección, para participar en una eucaristía y celebrar fraternalmente las bodas de oro de tres sacerdotes, ahora monseñores, que hace cincuenta años fueron ordenados como ministros de Dios: Monseñor Amílcar Torruella, párroco de La Merced; monseñor Cristóbal Cortez, párroco de la Basílica del Sagrado Corazón, y el recién nombrado monseñor Sergio Moreno, párroco de San José Guayabal.

Se festejó igualmente a Mons. Rafael Urrutia, párroco de La Resurrección y moderador de la Curia Arzobispal, por sus bodas de plata sacerdotales. Es justo que, como pueblo de Dios, nos alegremos y demos gracias por la vida y caminar sacerdotal de estos servidores de Dios, que siguen ofrendando sus vidas por Cristo y el bien espiritual de sus feligreses.

La Iglesia se ha visto también enriquecida en estos días por la ordenación sacerdotal de los diáconos Luis Rodríguez y José Neftalí Orellana, de Santiago de María, y la del salesiano Carlos Cartagena, de la Ciudadela Don Bosco. Otros once jóvenes han recibido el diaconado y ahora se preparan para ser ordenados sacerdotes.

Los que están celebrando sus años de servir a Dios, y los que se están estrenando su ministerio sacerdotal, están conscientes de que su sacerdocio es un regalo que Dios les ha hecho para servir a la comunidad cristiana, actuando en representación de Cristo, proclamando su misterio, actualizando y aplicando en el sacrificio de la misa, el único sacrificio de la Nueva Alianza, que es el mismo Cristo que se ofrece al Padre como hostia inmaculada.

Están sabedores de que no han estado ni estarán exentos de todas las flaquezas humanas, pues han sido escogidos de entre los hombres, no entre los ángeles, para servir a los hombres y representarles en el culto a Dios. En la carta a los hebreos se nos dice que el sacerdote ha sido escogido “para ofrecer dones y sacrificios por los pecados,comprender a los ignorantes y extraviados, ya que él mismo está envuelto en debilidades. A causa de ellas tiene que ofrecer sacrificios por sus propios pecados, como por los del pueblo” (Heb.5, 1-3).

 Ciertamente estos sacerdotes ya han hecho un largo camino, han puesto su mano en el arado y no han mirado hacia atrás, han desgastado sus mejores años por Cristo y por su Iglesia y su recompensa será grande porque Dios no se deja ganar en generosidad.

El ser sacerdote, para ellos, ha implicado muchos años de sacrificio para capacitarse a través de una sólida formación humana, espiritual, filosófica, teológica y pastoral, para ser pastores según el corazón de Cristo al servicio de pueblo. Han sido años en los que la oración, la lectura de la palabra de Dios, la vida sacramental y el sano discernimiento han sido factores importantísimos para optar por lo que hoy son.

 Jesús mismo indicó a sus discípulos la vocación de servicio: “Ustedes saben que los jefes de las naciones las gobiernan tiránicamente y que los dirigentes los oprimen. No debe ser así entre ustedes. El que quiera ser importante entre ustedes, sea su servidor, y el que quiera ser el primero, que sea su esclavo. De la misma manera que el Hijo del Hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por todos.” (Mt 20,25-28).

 El trabajo que han desempeñado ha sido un ejemplo vivo de fidelidad a Cristo, a la Iglesia y a las comunidades donde han trabajado, en ellas han sido signos de comunión eclesial e instrumentos de perdón y reconciliación, han escuchando las angustias y esperanzas de la gente y han pastoreado el rebaño que Dios les ha confiado.

Para ellos, nuestros sentimientos de gratitud y nuestros mejores augurios para que sigan siendo signos vivos de la presencia de Cristo en medio de un pueblo necesitado de reconciliación, de salvación, de perdón y de fortaleza espiritual.

*Párroco de la iglesia de María Auxiliadora (Don Rúa).

 

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