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Merecido
premio
Con calidad y seguridad
Felicitaciones
a la junta directiva de CEL por este premio con el que se reconoce
la capacidad de cambio cultural que sí existe en El Salvador.
El lunes pasado vimos en El Diario de Hoy, en toda una página,
el anuncio sobre la concesión del Premio a la salud
ocupacional y seguridad ambiental, otorgado por la compañía
multinacional 3M a CEL.
Al pie de la foto del premio, aparecía la frase Trabajamos
con calidad, y a continuación se leía lo siguiente:
La seguridad industrial es indispensable en nuestro trabajo;
Nuestra operación certificada con las Normas ISO 9000
refleja el compromiso con la calidad....
En mi artículo del domingo pasado, Desarrollo sostenible,
dije que la implantación de los Sistemas de Gestión
de la Calidad ISO 9000 o del Sistema de Gestión Medioambiental
ISO 14000 es una vía robusta y clara de reorientación
conceptual de las empresas y las instituciones para el desarrollo
y el crecimiento sostenido y con este premio a CEL, tenemos
la confirmación de que evidentemente estos sistemas funcionan.
Sin embargo, permítanme aclararles que, en CEL, el Sistema
de Gestión de la Calidad fue el proyecto final o concluyente
en el que desembocó una serie de proyectos de cambio
cultural previos, de entre los cuales uno era la implantación
de un Sistema de Seguridad Industrial y Prevención de Riesgos
Laborales.
Con esto, de nuevo confirmo que, para que los sistemas ISO 9000
o ISO 14000 funcionen en nuestro país, deben ir acompañados
y ser sostenidos en el mediano y largo plazo por un cambio cultual,
conformado por una serie de buenos hábitos profesionales
sobre cómo organizar y realizar el trabajo.
Hace unos dos meses visité, por razones profesionales, una
empresa y vi, junto con uno de los dirigentes, cómo un mecánico
soldaba unas piezas.
Para ver el trabajo que realizaba, sólo tenía la mitad
del vidrio protector de los rayos que produce el arco eléctrico,
y cada vez que soldaba, cerraba un ojo y miraba lo que hacía
con el otro. Al margen de que no se ve bien lo que se hace y es
difícil hacerlo correctamente, este señor no utilizaba
ningún otro tipo de protección.
Ante esta situación, que en ese taller parece normal, invité
a la junta directiva de esta empresa a visitar la Central Hidroeléctrica
15 de Septiembre, de CEL, y casualmente, cuando entramos en el taller
de mecánica, un trabajador estaba soldando unas piezas correctamente,
sujetas en un tornillo de banco, y además utilizaba su careta
protectora, y debajo de la careta, unos anteojos transparentes,
el delantal de cuero, los guantes y los zapatos de seguridad.
Al ver esta condición de trabajo segura, el directivo al
que me refiero se acercó al mecánico, quien le explicó
para qué servía cada uno de los elementos de protección
y cuáles son las razones por las que se deben utilizar:
La careta, para proteger la cara del calor y de los rayos
infrarrojos; el vidrio oscuro, para proteger la vista de los rayos
ultravioleta; los guantes, para aislarse y no quemarse las manos;
los anteojos claros, para proteger los ojos de las partículas
de escoria cuando se limpia la soldadura, y los zapatos de seguridad,
para protegerse los pies por si una herramienta o una pieza cayera.
Después de estas explicaciones, nos mostraron la bodega,
donde todas las herramientas están perfectamente ordenadas,
por lo que se sabe cuáles están afuera, quién
las tiene y desde cuándo.
Al ver estas dos situaciones, mi acompañante exclamó
cómo le gustaría que en su empresa fuese lo mismo.
Le respondí de inmediato: Es posible con la implantación
de un cambio cultural que conlleve el aprendizaje y ejercicio de
muchos buenos hábitos de trabajo....
Pero es que si al mismo tiempo el comité que evaluó
la organización y la cultura de seguridad industrial y prevención
de riesgos de CEL hubiera evaluado el orden y la limpieza, seguramente
que también le hubieran concedido el premio, lo mismo que
si hubieran evaluado el sistema y su documentación del mantenimiento
preventivo.
Estos y otros buenos hábitos del trabajo son consecuencia
del cambio cultural que precedió a la implantación
del Sistema de Gestión de la Calidad, en el que incluso en
CEL participaron las familias de los empleados que trabajan y viven
en los planteles, en cada una de las centrales hidroeléctricas.
Así por ejemplo, en los dos últimos años, en
estas colonias, las casas están limpias, pintadas, no hay
charcos por ningún lado, los jardines están presentables
y lo mejor, ningún niño ha padecido de las enfermedades
contagiosas que tenemos en estos momentos en El Salvador.
Esto es lo que hace falta en la mayor parte de las empresas en nuestro
país, e independientemente de que los Sistemas ISO
sirven también para mercadear los productos y
los servicios de las empresas, lo mejor es aprovechar su importancia
y credibilidad internacional al implantarlos para beneficiar a los
empleados que realizan los trabajos que generan utilidades y, al
mismo tiempo, mejorar la calidad de vida de todos.
El certificado por el certificado es una ventaja momentánea
e incluso engañosa por parte de quienes los promueven e implantan
con la única motivación de mostrarle al cliente algo
sin cambiar la cultura de la empresa, que es lo que la hará
diferente y le proporcionará el desarrollo y el crecimiento
sostenido que necesitamos.
La consistencia, la predictibilidad y los precios competitivos son,
para los clientes internacionales, tres aspectos diferenciales para
exportar.
A los clientes que están a miles de kilómetros, en
Estados Unidos o Europa, no les interesa mucho la cultura de la
empresa, pero a los empresarios, a los directivos y a los empleados
sí, pues es con la cultura interna de la empresa que se consiguen
y se mantienen la consistencia en la calidad, la predictibilidad
en el cumplimiento de los compromisos y las relaciones económicas
beneficiosas para proveedores, distribuidores y clientes finales.
Felicitaciones a la junta directiva y a todo el personal de CEL
por este premio con el que se reconoce la capacidad de cambio cultural
que sí existe en El Salvador.
*Ingeniero y columnista
de El Diario de Hoy.
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