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Opinando
Los partidos políticos deben autodepurarse

Carlos Adalberto Fonseca*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

La libertad no significa que quedemos al margen de las leyes y también se incum-plan aquellas prescripciones no escritas, que señalan una sanción universal.

Pareciera que existe la consigna, dentro de los partidos, que cualquier escándalo o abuso, sobre todo defraudaciones de los bienes públicos y, en general, el irrespeto a la ley o a la moral, no tiene ninguna importancia cuando es cometido por un correligionario, o sea que todo se tolera, todo se disculpa, disimulando de mil maneras las barbaridades perpetradas.

Cuando dichas entidades políticas en su plataforma ofrecen y prometen hacer de este país un modelo de democracia, honradez y seguridad ciudadana, dan la impresión de que en la práctica es pura propaganda, puros ofrecimientos sin intención de cumplirlos.

Sin embargo, creemos que los partidos políticos tienen la obligación ineludible de velar por que sus miembros sean correctos en sus actuaciones y en el desempeño de las funciones públicas que les han sido encomendadas, ya sea por elección popular o por nombramientos cuyo origen, en ambos casos, es por pertenecer a un partido político.

Aunque ahora estamos viendo que, cuando un miembro de cualquier partido político comete abusos, fraudes y toda clase de excesos, la institución política se queda impasible, como espectadora, viendo cómo sus “niños traviesos” obran, engañan, manipulan y retuercen la aplicación de las leyes y reglamentos, sin preocuparse por investigar la realidad o veracidad de las denuncias e incriminaciones que a sus correligionarios se imputan. No reparando que la ciudadanía, si bien señala al infractor, hace más énfasis en la condena hacia el partido político al cual pertenece el abusador.

Viene al caso el anterior comentario, por la denuncia que hizo El Diario de Hoy de un “fraude en obras de cinco alcal- días”. No se trata aquí de que nosotros condenamos a alguien. Pero sí creemos que es obligación del referido partido hacer una investigación interna para esclarecer la veracidad de los hechos. Pues si no es cierta tal denuncia, perfecto, pues el prestigio de la misma organización requiere que se aclare todo. O sea, no vaya a resultar que algunos oportunistas, al amparo de un color político, estén cometiendo impunemente tropelías.

Y no se cumpla con lo que más o menos dijo, en una entrevista de televisión, su candidato a la Presidencia de la República: “Si alguien del partido mete la mano en algunos bienes, se va a la cárcel”. Háganse pues las averiguaciones pertinentes. Denuncien y exhiban públicamente a los infractores. Y la institución sea un tribunal del pueblo y escenario en donde se ejemplifiquen la corrección y la moralidad para bien de ella, y de esta Patria, que aspira a ser una democracia íntegra y no un nido de oportunistas y facinerosos.

Y es que la libertad no significa que quedemos al margen de las leyes y también se incumplan aquellas prescripciones no escritas, que señalan una sanción universal. No vaya a resultar que aquella disposición de los estatutos de dicho partido que prescribe: “Lealtad, fraternidad, transparencia, honradez política dentro y fuera del partido” sea únicamente -como corrientemente se dice- pura literatura, pura poesía, y que su única finalidad sea pregonar ilusorios principios que jamás se cumplirán.
“No habrá restauración social si no la precede la restauración moral”.

*Lic. en Filosofía y Dr. en Derecho.

 

 

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