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Palabras
La danza de las manos

Carlos Balaguer
El Diario de Hoy
pintorbalaguer@hotmail.com

Cuando todos se iban, qué solo quedaba el gran salón de baile. Detrás de bastidores y telones, la joven danzarina de las manos quedaba ensayando sus lecciones.

Peligra que te quedes ya muy tarde. No tienes edad para esos vuelos. Peligra que algún fantasma del teatro o algún hombre perverso te ataque. No hay nadie, sólo sombras, candilejas... Vendré luego, pero la danza me amarra.

Luego no quiero parar. ¿Con qué música tú danzas si no hay músicos de turno? Escucho un saxo sonar. Mentiras. Visiones son. Escuchas tu corazón que suena como un timbal. Quédate entonces muchacha tus lecciones a ensayar. Mas no escuches más visiones ni saxofones tocar. Eres tan sólo, chiquilla, una aprendiz de mujer. No me gusta que te quedes ensayando en el salón.

Cuando danzaba, escuchaba el saxo en algún lugar. Mas nunca supo encontrar al músico de la historia.

Pensó, fantasma será, que me ha hechizado de amor. No escuches el saxofón mientras dances, ¡Ilusión! Eso que escuchas acaso es la música de tu alma. Mas no era así en verdad. Un día salió de los rincones. De oro y bronce el saxofón. Y la música más triste que escuchó. ¿Y los ojos? ¡Los ojos de la pasión! ¿Quién eres? Soy tu alma que escondida está. Sólo puedes oírla en soledad.

Cuando todos se van y tú y yo surgimos de la sombra bajo una lluvia de estrellas. Madre, no pude evitarlo. Dancé toda la noche. La danza fue de las manos. Fue un fantasma el que tocó la música en el salón...


Día a Día

La guerra dejó una terrible destrucción física, lo que ha requerido de mucho gasto de dineros públicos y privados para resarcirse. En vez de crecer a un ritmo más acelerado, hemos tenido que reponer los puentes y la infraestructura eléctrica dinamitada, los ingenios y beneficios quemados, los hatos de ganados ametrallados. No se ha podido avanzar más en resolver parte de la pobreza, por cargar con los daños de una guerra enloquecida.

Los perjuicios más graves, empero, son el socavamiento de la institucionalidad, los odios generados, la estupidez que mueve mucha de la vida política. Es esa la cruz de este pueblo.

 

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