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Cuento de hadas

Raúl M. Alas*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Ciertamente, este cuento de hadas no ha hecho más que empezar y con suerte estaremos aquí para contarlo.

El repentino anuncio del compromiso matrimonial del Príncipe Felipe de Borbón con la periodista y presentadora de televisión Letizia Ortiz ha impresionado sobremanera a la opinión pública internacional y particularmente a la española.

Muy pocas personas conocían la existencia de este noviazgo entre el heredero de la Corona y la periodista que hasta el viernes pasado presentaba el noticiero estelar de Televisión Española. Nadie puede negar que la sorpresa fue generalizada.

Quién iba pensar que la atractiva chica que veíamos cada noche en la televisión sería la protagonista de este moderno cuento de hadas. Es la interesante historia de un amor real que roza los límites de la ficción. En síntesis, la metáfora actual de una sociedad que, a través de los medios tecnológicos, experimenta una realidad imaginaria que en ocasiones se transforma en vivencia cotidiana. En este caso, es el sueño de una mujer normal hecho realidad.

Pasaban las siete de la noche del sábado recién pasado, cuando los medios españoles interrumpían su programación habitual para dar a conocer el comunicado oficial de la Casa Real: “Sus Majestades los Reyes tienen la gran satisfacción de anunciar el compromiso matrimonial de su hijo, Su Alteza Real el Príncipe de Asturias Don Felipe, con doña Letizia Ortiz Rocasolano”. La nota oficial añadía otros detalles de sumo interés para la curiosidad popular: lugar y fecha de la petición de mano y el sitio del futuro enlace, entre otras cosas.

Al instante, a través de la magia de la comunicación, la inesperada noticia dio la vuelta a España y al resto del mundo: avances informativos, noticieros, debates, programas especiales, artículos de prensa, editoriales y una variedad de opiniones proliferaron sin parar durante todo el fin de semana. A medida que pasaban las horas, la sorpresa se convertía en satisfacción, la incertidumbre se hacía agradable certeza, la tormenta informativa se transformaba en lluvia fresca de regocijo colectivo.

Los más asombrados eran los periodistas de los distintos medios españoles. Todos a una y tratándose de una compañera de profesión, ensalzaban el profesionalismo, seriedad, laboriosidad, inteligencia, simpatía y vocación periodística de la flamante novia y ahora futura Reina de España. A fin de cuentas y por lo que hoy sabemos, Letizia Ortiz es una profesional que se ha abierto camino a base de esfuerzo personal, preparación académica y trabajo serio. Valores dignos de elogiar en esta época de celebridades tan superficiales.

De igual modo, todos se preguntaban cómo esta joven asturiana había logrado mantener tan sigilosamente su relación sentimental con un personaje tan famoso como el Príncipe de Asturias, cuando en otras circunstancias, la misma prensa había revelado con lujo de detalles la existencia de sendos romances del heredero al trono. De hecho, desde que don Felipe cumplió los veinticinco años, los rumores de boda se han disparado con cada novia que ha tenido. La lista de candidatas es extensa, desde aristócratas europeas hasta “plebeyas” de diversas nacionalidades y profesiones, incluyendo alguna que otra guapa modelo. Han pasado diez años desde entonces, y, como nada, el Príncipe ha llegado ya a los treinticinco abriles: soltero y con la Corona española a la vuelta de la esquina.

A esas alturas del debate, el público televidente estaba alucinado con la novedad. No, no era un sábado cualquiera, era el día y la noticia que tanto tiempo llevaban esperando. Efectivamente, esta vez, el asunto parecía ir en serio y no daba señales de haber marcha atrás. En cierta forma, la Casa Real no se iba lanzar al vacío sin la certeza de tener todos los cabos atados. En otras palabras, lanzaron la bomba informativa cuando estuvieron plenamente seguros de la viabilidad del enlace, aun con sus consabidas consecuencias.

De hecho, con la noticia sobre la mesa, los mismos medios se encargaron de fomentar la discusión entre el público: las opiniones en la calle crecían como la espuma, las llamadas telefónicas saturaban las líneas y los correos electrónicos inundaban las redacciones. Lo cierto es que, frente al impacto de la tajante novedad, la gente reaccionó favorablemente ante la decisión del Príncipe y aceptó inmediatamente a esta “cenicienta” de la vida real.

A partir de entonces, expertos y críticos de la realeza han coincidido que el paso que la monarquía española está dando tiene una gran dosis de transcendencia simbólica y carece de precedentes nacionales. Y tienen razón, porque Letizia Ortiz, aparte de carecer de linaje aristocrático, estuvo un año casada por lo civil y sus padres están separados desde hace algún tiempo. Cuestiones espinosas para muchos españoles que aún ven en esta monarquía un referente moral de la sociedad.

No obstante esas huellas de su pasado, la imagen que se proyecta de ella es más bien la de una persona normal de clase media, tenaz y talentosa, y no sólo un conocido rostro televisivo. En efecto, la chica del noticiero estelar ha sacrificado su profesión periodística por el amor de su vida y ahora se encamina ilusionada a un destino de gran repercusión pública e intensa responsabilidad histórica.

Indudablemente, Letizia Ortiz es más que una compañera de profesión, es nuestra protagonista de un cuento casi increíble. Quién diría que esta brillante periodista se convertirá a partir de mañana en la prometida real y futura Reina de España. Ciertamente, este cuento de hadas no ha hecho más que empezar y con suerte estaremos aquí para contarlo.

*Doctorando en Comunicación Pública de la Universidad de Navarra, España.

 

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