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Una familia que vive de la basura

Soyapango. En un día obtienen hasta cinco dólares, tres de los cuales son para hospedaje.

Nuria Romero
El Diario de Hoy

metro@elsalvador.com

Dura realidad - La familia Espinoza, en un día de labor. Foto EDH

Don José Espinoza, de 40 años, junto con su esposa, Mayra, y su hija, Jackelyn, de seis, se dedican desde hace ocho meses a recoger basura en los alrededores de Sierra Morena.

A las cuatro de la mañana salen del hospedaje que alquilan en Zurita rumbo a Sierra Morena, para así estar antes de que pase el carro recolector.

Inician el recorrido casa por casa, desde Las Brisas hasta Sierra Morena, recogiendo las grandes bolsas de basura que la gente deja a un lado de la puerta.

Cuando terminan la caminata, se instalan en un predio que está al final de la calle principal de la segunda etapa de Sierra Morena, y ahí empiezan a seleccionar lo que les puede servir para vender.

Lo que más encuentran son papeles, botellas, latas; algunas veces, aluminio, cobre, televisores en mal estado, ropa y zapatos.

“Cuando tenemos suerte, hayamos cadenas, aritos de oro y de plata, pero casi siempre están averiadas”, comenta Mayra, mostrando en sus manos varias argollas.

El trabajo lo tienen que terminar antes de la cinco, porque a las seis cierra el Mercado Central, donde venden los materiales reciclables.

En este lugar les compran la libra de papel a 0.50 centavos de colón; el cobre, a cuatro; el aluminio, a tres, y las latas, a tres colones.

Las cadenas las llevan a las joyerías. “Nos pagan la cuarta parte de lo que valen, por algunas me dan $3”, afirma Mayra.

Los televisores, grabadoras u otros objetos electrónicos los venden en los establecimientos de repuestos.

Vida de escasez

En un día normal ganan cinco dólares, de los cuales tres utilizan para el alquiler del hospedaje, el resto lo distribuyen entre la comida y los pasajes de buses. “Cuando está mal el negocio, preferimos no comer antes que quedarnos a dormir en la calle”, reconoce José.

Esta carencia no les permite enviar a Jackelyn a la escuela, por lo que la pequeña acompaña a sus padres cada día y, mientras trabajan, ella juega con algún objeto que ha sacado de la basura.

Este trabajo, a pesar de no ser rentable, es la única opción que les ha quedado para ganar su sustento diario, el de su pequeña y el del hijo que Mayra lleva en su vientre.

El fin de año es la época más esperada por estos hurgadores de basura, porque las personas se deshacen de los útiles escolares de sus hijos.

Hace un año, José se quedó sin techo y sin trabajo. “Lo primero que me recomendó mi hermano Antonio, un recolector con tres años de experiencia, fue este oficio, y me dijo que en Sierra Morena botaban bastante basura”, comenta José.

Desde entonces vive de lo que halla en basura y luego vende.

 

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