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Garzón dice buscar justicia no gloria

Baltasar Garzón, el vigoroso magistrado de investigaciones de España, tiene un talento natural para el drama.

Por Craig R. Smith
Internacionales
internacional@elsalvador.com 
En 1998, logró hacer que el ex presidente de Chile, Augusto Pinochet, fuera arrestado en Londres, después de indiciarlo con una orden internacional por crímenes en contra de la Humanidad.

El año pasado, trató de hacer que Henry A. Kissinger, ex secretario de Estado de Estados Unidos, fuera interrogado con respecto al posible involucramiento de Estados Unidos en abusos que cometieron dictaduras latinoamericanas en el decenio de los '70.

En fecha más reciente, acusó formalmente a Osama bin Laden.

Incluso para ser un hombre que ya se había formado una reputación por acometer grandes nombres, esa última medida fue un tanto excesiva para muchos aquí. El diario más grande del país, El Mundo, lo calificó de una rebatiña por titulares y publicó una caricatura política que ridiculizaba a Garzón con un subtítulo que leía: “¿Quién sigue?”, al tiempo que lo mostraba señalando a Darth Vader.
“Jurisdicción universal”

Garzón insiste en que sus casos de alto perfil están motivados por un deseo de hacer justicia, más que de obtener gloria personal. En sus palabras, él está haciendo su trabajo, mismo que fue facilitado por una ley de 1985 que le confiere a las cortes españolas “jurisdicción universal” en crímenes en contra de la Humanidad si se puede encontrar un vínculo, sin importar cuán tenue, con España.

“Repelo la idea del héroe”, dijo el juez de 47 años de edad, quien vestía un traje gris oscuro, durante una entrevista en su oficina del centro de la ciudad, misma que está decorada con óleos de bailarines de flamenco y matadores. En el interior de la oficina, la única indicación de su fascinación con la celebridad es una pequeña fotografía enmarcada donde aparece él con el Dalai Lama.

“El heroísmo se hace día con día, trabajando en lo que está frente a mí”.

Desde su elevado y estrecho puesto en la Corte Nacional de España, Garzón ha surgido como uno de los más visibles y polémicos proponentes de la justicia internacional, posición que ha le granjeado la enemistad de los malhechores y las superpotencias del mundo por igual.

De manera similar, ha provocado muchas críticas, en particular dadas sus agresivas -imprudentes, según algunos- acusaciones, las cuales han formado una maraña de argumentos jurídicos alrededor de alegatos que otros jueces pudieran haber desechado.¿Truco publicitario?

La acusación formal en contra de Bin Laden, dijo, no fue una truco de publicidad quijotesca sino, en parte, un desafío hacia lo que él ve como el desvío extrajudicial de Estados Unidos en el combate al terrorismo, del cual dijo que estaba obstaculizando los esfuerzos por investigar el terrorismo en todo el mundo.

“No tengo interés alguno en juzgar a Bin Laden aquí”, aseguró. Más bien, tiene la esperanza de impedir que Estados Unidos trate a Bin Laden como trata a los 660 hombres que fueron detenidos durante la guerra con Afganistán, mismos que están siendo retenidos de manera indefinida en la base de la Armada estadounidense en Guantánamo, Cuba.

Eso está por verse. La acusación de 700 páginas, emitida en septiembre, alega que 34 hombres que trabajaban desde España fueron integrantes de una célula de la red Al Qaeda que ayudó a planear los atentados del 11 de septiembre de 2001, bajo el mando de Bin Laden. Muchos de los acusados han estado en cárceles españolas desde noviembre de 2001.

Garzón dijo que ha sido difícil emprender el caso debido al casi monopolio que tiene Washington sobre la información acerca de la Al Qaeda. Dependencias de Estados Unidos, aseguró, le solicitan datos de inteligencia de manera regular, pero no actúan con reciprocidad.

Su irritación es palpable. Tomó una carta reciente de la Embajada de Estados Unidos en la que le informaban que un detenido en Guantánamo, el cual no era identificado, había proporcionado el nombre de uno de los hombres que Garzón tiene bajo su custodia, afirmando que se trataba de uno los integrantes de alto nivel de la Al Qaeda.

“Esto carece de valor para mí”, dijo. Incluso si las autoridades de Estados Unidos efectivamente logran identificar al testigo y le permiten ser entrevistado, explicó, el testimonio no podría ser usado en una corte debido al limbo jurídico en el cual están detenidos los prisioneros de Guantánamo.

Varios abogados defensores que estuvieron involucrados en el caso tuvieron una interpretación diferente de la acusación, acusando que, quizá, sencillamente se trataba de una forma en la que Garzón podía buscar el favor del gobierno español, al ayudarlo a quedar bien ante los ojos de la administración Bush.

“Su ambición radica en estar a la cabeza de la Corte Penal Internacional, y para eso necesita del respaldo gubernamental, así que está jugando el juego del gobierno”, según Jadicha Candila, uno de los abogados de la defensa en el caso.

Garzón niega cualquier autopromoción. De igual forma, niega que su apasionada búsqueda de la justicia tenga algo que ver con su educación católica en los días menguantes de la propia dictadura española. Revela una mueca de autodesprecio cuando se le presiona para que diga cuál es su motivación.

“El papel del juez consiste en proteger los derechos de los ciudadanos, y con el fin de hacerlo, es necesario dedicarse en cuerpo y alma”, dijo.

Sus inicios

Empezó como juez en una provincia española y se abrió paso entre las filas, trabajando hasta convertirse en el magistrado investigador más joven de la Corte Nacional, el tribunal penal más alto de España, cuando apenas contaba 32 años de edad.

Explicó que se sintió atraído hacia la Corte Nacional debido a que era una oportunidad para combatir el terrorismo y la delincuencia organizada. No hizo falta mucho tiempo para que él mismo subiera el nivel del cargo: fue en pos de una sombría organización -vinculada con el gobierno- que había estado asesinando a separatistas vascos.

Con el tiempo, convenció a una docena de funcionarios gubernamentales, incluyendo a un ex secretario del Interior. El caso fue responsable, en su mayor parte, de la expulsión del Primer ministro, Felipe González, del poder.

Abogados defensores que trabajan en nombre de personas que él ha puesto tras las rejas hasta que se lleve a cabo su juicio, argumentan que sus casos a menudo se desenmarañan en la corte y que sus acusaciones de mayor pefil son maniobras en pro de su carrera.

Incluso Pinochet, el general chileno, con el tiempo fue liberado, aunque, por separado, Garzón obtuvo en fecha reciente la extradición de un ex oficial argentino de las fuerzas armadas y contribuyó para llevar a cabo los arrestos de otros 39 en la Argentina, por delitos que fueron cometidos durante la “guerra sucia” del gobierno de dicho país en los años '70.

Más que detractores, dichas cruzadas han atraído enemigos. Alguien puso una cáscara de plátano en su cama, relató, como una advertencia de que podrían llegar hasta él en sus lugares más íntimos. Desde entonces, vive con cautela.

Garzón, quien está casado y tiene tres hijos, canceló en fecha reciente sus planes para ir de vacaciones a las Islas Galápagos, ya que la policía española había recibido informes de que su embarcación podría tener una bomba. Amenazas similares en contra de su persona salieron a la luz en un centro vacacional de esquí.

Cuando abandonaba su oficina en un día reciente, hizo una pausa en la puerta del edificio y gritó hacia un grupo de hombres, sus guardaespaldas, que estaban parados junto a una fila de automóviles estacionados. Juntos, se movieron a toda prisa para entrar a sendos Peugeots e incursionar en el tráfico citadino de la tarde.

Los automóviles estaban blindados y equipados con poderosos radiotransmisores que pueden afectar las señales de radio circundantes, para así bloquear la detonación remota de cualquier bomba que pudiera esperar más adelante en el camino, explicó Garzón. Un tercer vehículo va al frente para detectar actividades sospechosas.

Empero, él se muestra inmutable con respecto al peligro. “Desde el primer día conocía los riesgos que estaban involucrados en el puesto”, concluyó.
 

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