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Palabras
Viaje a la perdida primavera
El circo y la feria inundaban la plaza de luz, risas, música
y colores. El pueblo cumplía ciento veinte años, y
Sofía, cuarenta. Y aunque llegaran las fiestas y se fueran,
el pueblo y Sofía volvían a quedar nuevamente solos...
Porque el amor va de paso, porque se fueron las risas, las luces
del circo de elefantes; porque se fue el deseo, por esto y por lo
otro... Pero un día, con su maleta gorda de ropas y de sueños,
subióse al carrusel. Como lo hacía ayer, cuando niña,
que subía a ellos y se iba lejos...
Pero esta vez no volvió jamás. Provocativa y cursi,
como una puta inexperta, envenenó de perfumes la seda del
corpiño. Se daría al primero que viera y la mirase
a los ojos con ganas de vagar por los llanos de su vientre virgen,
y las dulces montañas de sus pechos, calcinados por la espera.
Así partió del pueblo sobre el nervioso potro de madera
y ojos de marfil, que, desbocado, la llevaba hacia su última
primavera. Allá donde estaban las luminosas y lejanas ciudades
del deseo y la felicidad sexual. Ella que durante cuarenta primaveras
volvió a quedar a solas, soñando el amor.
El amor que como el circo volvía a emprender camino. Fue
entonces que subióse al carrusel y no volvió. Era
su viaje a la perdida primavera, olvidando el ayer, a los parientes
y los grilletes del amor. Así abandonó el pueblo,
subiendo a la rueda de caballos en fuga. Así nomás,
sin decir adiós...
Día
a día
Bien se dice que la mejor política social es la creación
de empleo. El resto de beneficios sociales, como educación,
salud, vivienda, sanidad, etcétera, se van logrando a medida
que la gente tiene empleo, buen empleo. Esto se pone en evidencia
en las comunidades beneficiadas con el establecimiento de fábricas,
maquilas y agroindustrias: sin que el gobierno intervenga, con rapidez
va mejorando la calidad de vida de los pobladores.
Hay más consumo, la gente comienza a vivir mejor, se vuelve
más responsable, se esfuerza por capacitarse y cuida más
a su familia.
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