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Miércoles 29 de Octubre

 

 

 

 
 

Opinando
Un INPEP renovado y dinámico

Armando Rivera Bolaños*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

El INPEP se crea bajo la sombra histórica de los principios de unidad, universalidad y solidaridad, propios de la doctrina de seguridad previsional

Hace veintiocho años, los salvadoreños fuimos testigos del nacimiento de la primera institución previsional conocida en el país, que desde entonces conocemos como el Instituto Nacional de Pensiones de los Empleados Públicos, INPEP, cuyo objetivo primordial es cubrir los riesgos de invalidez, vejez y muerte de los empleados del sector estatal, quienes tradicionalmente no tenían otras prestaciones que la de recibir pensión por cantidad de años trabajados, a través de diversos ministerios del Ejecutivo, y que representaban una carga más para el presupuesto nacional.

El INPEP se crea bajo la sombra histórica de los principios de unidad, universalidad y solidaridad, propios de la doctrina de seguridad previsional que ya imperaba en muchas naciones europeas, formándose mucho antes de que en el país se instituyera o se adoptara el funcionamiento de las llamadas Administradoras de Fondo de Pensiones, o AFP, algunas de las cuales se fusionaron, y otras, simplemente, dejaron de existir.

Incluso, recuerdo que el Instituto, al escaso segundo año de su creación, comenzó a otorgar pensiones de carácter vitalicio a los servidores públicos, abriendo su abanico de beneficios hasta la adquisición de viviendas propias, mediante el otorgamiento de créditos a bajos intereses y plazos largos, que en la actualidad ya dejó de ser un rubro directo, pero que se gestiona con el sistema financiero del país.

Con respecto a lo anterior, el que esto escribe es uno de los favorecidos con el crédito para vivienda que se otorgaba antes, gracias a lo cual poseo mi casa en un sector urbano tranquilo y fácilmente accesible a la ciudad capital, la que por su precio muchos de mis amigos no creen que la tenga por pocos miles de colones, con relación a las dimensiones del terreno y área de construcción, comparando, por supuesto, con el tiempo actual.
Este mes, el INPEP arriba a su cumpleaños vigésimo octavo. Por el hecho de haber realizado una labor loable, considero justo hacer, por medio de las páginas de este querido matutino, un reconocimiento por su trayectoria que con sentido humanitario ha brindado a muchísimos afiliados y pensionados.

Hasta la fecha, gracias a su intachable administración presidida por don Erick Casamiquela, aunado a un equipo dinámico de gerencias y empleados, más de cincuenta y cinco mil pensionados reciben sus pagos mensuales en forma puntual y el tiempo de respuesta para obtener pensión se ha vuelto rápido y eficaz. El INPEP, al que auguraban un pronto fallecimiento, se me representa como el ave fénix, que se ha levantado de las cenizas de la incertidumbre para volverse una entidad autónoma, pujante y renovada, que además de las pensiones que otorga, impulsa otros programas, como formación de grupos artísticos, aspectos recreativos y talleres vocacionales entre los pensionados, manteniendo una sala permanente donde se pueden adquirir adornos y objetos artesanales muy bellos y útiles, contribuyendo así a mejorar la calidad de vida de sus asegurados.
Felicitamos al INPEP por estos veintiocho años de labor fructífera, porque ha demostrado ser una de esas pocas entidades que, a pesar de haber sido creadas bajo el amparo del Estado, ha logrado establecer un ritmo de trabajo eficaz y efectivo, idéntico a una gestión administrativa privada, y eso es un balance positivo que merece destacarse.

* Psicólogo y abogado.

 

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