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La nota del día
El recelo de EE.UU. con los comunistas
Washington
tiene una muy justificada y grande desconfianza de grupos guerrilleros
que no consiguen encajar con la vida pacífica y la convivencia
democrática
La serie de entrevistas y visitas realizadas por editores
de EL DIARIO DE HOY a Washington D.C., arrojan una conclusión:
el Gobierno estadounidense anticipa serios problemas con El Salvador
de ganar el FMLN las elecciones presidenciales de marzo; además
no consideran muy probable esa victoria.
Nadie se debe extrañar de la actitud de los congresistas
y funcionarios del Gobierno estadounidense. El plan de gobierno
de los comunistas impediría relaciones normales, y civilizadas,
entre ambos Estados, además de colocar a nuestro país
en el grupo de regímenes que mantienen fuertes nexos con
la internacional del terror. Washington conoce con detalle los vínculos
de los comunistas salvadoreños con Fidel Castro y la narcoguerrilla
colombiana, con organizaciones como la OLP, de Arafat, con el régimen
libio y los movimientos sediciosos de toda América. El FMLN
ha dado refugio a etarras, brigadistas rojos italianos, sandinistas
nicaragüenses y guerrilleros de Chiapas. Hace pocos días,
uno de sus cabecillas declaró a un visitante estadounidense,
que el once de septiembre debieron haber sido once los aviones
atacantes, no cuatro. Y nadie olvida que los comunistas organizaron
la marcha que hace dos años vitoreó en las calles
de San Salvador, a los agresores de las Torres Gemelas y el Pentágono.
Existen, además, razones muy profundas para impedir un trato
constructivo de Washington hacia un régimen comunista en
El Salvador. La principal es que los comunistas establecerían
un orden opuesto y hostil al Estado de Derecho, a la vida en democracia,
a lo que se consagra como los derechos fundamentales del hombre
y la tradición occidental. En todos los casos en que los
comunistas han tomado el poder, derrumban el imperio de la ley,
establecen la peor clase de despotismos y gobiernan a base de reglas
cambiantes, arbitrarias y tremendamente opresivas. Una muestra diluida
de la clase de desgobierno que padecería nuestro país,
se vivió en la locura desbordada, los atropellos, los robos
y las arbitrariedades de las juntas de gobierno y el posterior duartismo
de los años ochenta.
Defendamos la democracia y el derecho
La llegada al poder de los comunistas echaría abajo el TLC,
y con ello las posibilidades de alcanzar en un plazo relativamente
corto, el desarrollo. Lo más grave es que los procesos de
legalización de los salvadoreños que viven en ilegalidad
en Estados Unidos, se detendrían y, con probabilidad, se
revertirían: El Salvador puede enfrentar una deportación
masiva de salvadoreños, justo cuando la economía estaría
colapsando por las medidas y los desmanes de los efemelenistas.
Al desempleo que surgiría con las estatizaciones, con el
desorden monetario de la re-colonización, con
la incertidumbre y las reducciones de personal, con la violencia
recrudecida, las invasiones de tierras y las marchas callejeras,
se agregaría el de los deportados.
Washington tiene una muy justificada y grande desconfianza de grupos
guerrilleros que no consiguen encajar con la vida pacífica
y la convivencia democrática, y que continúan aferrados
a esquemas obsoletos, a doctrinas anacrónicas que rechazan
la moral y los naturales sentimientos religiosos de todo pueblo
civilizado. Un triunfo de los comunistas sería una vuelta
a los peores excesos y la barbarie que fueron el signo del ataque
armado contra El Salvador.
Los ciudadanos deben despertar a estas realidades y defender con
su voto la democracia y el orden de derecho.
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