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Miércoles 29 de Octubre

 

 

 
 



La nota del día
El recelo de EE.UU. con los comunistas

Washington tiene una muy justificada y grande desconfianza de grupos guerrilleros que no consiguen encajar con la vida pacífica y la convivencia democrática

La serie de entrevistas y visitas realizadas por editores de EL DIARIO DE HOY a Washington D.C., arrojan una conclusión: el Gobierno estadounidense anticipa serios problemas con El Salvador de ganar el FMLN las elecciones presidenciales de marzo; además no consideran muy probable esa victoria.

Nadie se debe extrañar de la actitud de los congresistas y funcionarios del Gobierno estadounidense. El plan de gobierno de los comunistas impediría relaciones normales, y civilizadas, entre ambos Estados, además de colocar a nuestro país en el grupo de regímenes que mantienen fuertes nexos con la internacional del terror. Washington conoce con detalle los vínculos de los comunistas salvadoreños con Fidel Castro y la narcoguerrilla colombiana, con organizaciones como la OLP, de Arafat, con el régimen libio y los movimientos sediciosos de toda América. El FMLN ha dado refugio a etarras, brigadistas rojos italianos, sandinistas nicaragüenses y guerrilleros de Chiapas. Hace pocos días, uno de sus cabecillas declaró a un visitante estadounidense, que “el once de septiembre debieron haber sido once los aviones atacantes, no cuatro”. Y nadie olvida que los comunistas organizaron la marcha que hace dos años vitoreó en las calles de San Salvador, a los agresores de las Torres Gemelas y el Pentágono.

Existen, además, razones muy profundas para impedir un trato constructivo de Washington hacia un régimen comunista en El Salvador. La principal es que los comunistas establecerían un orden opuesto y hostil al Estado de Derecho, a la vida en democracia, a lo que se consagra como los derechos fundamentales del hombre y la tradición occidental. En todos los casos en que los comunistas han tomado el poder, derrumban el imperio de la ley, establecen la peor clase de despotismos y gobiernan a base de reglas cambiantes, arbitrarias y tremendamente opresivas. Una muestra diluida de la clase de desgobierno que padecería nuestro país, se vivió en la locura desbordada, los atropellos, los robos y las arbitrariedades de las juntas de gobierno y el posterior duartismo de los años ochenta.

Defendamos la democracia y el derecho

La llegada al poder de los comunistas echaría abajo el TLC, y con ello las posibilidades de alcanzar en un plazo relativamente corto, el desarrollo. Lo más grave es que los procesos de legalización de los salvadoreños que viven en ilegalidad en Estados Unidos, se detendrían y, con probabilidad, se revertirían: El Salvador puede enfrentar una deportación masiva de salvadoreños, justo cuando la economía estaría colapsando por las medidas y los desmanes de los efemelenistas. Al desempleo que surgiría con las estatizaciones, con el desorden monetario de la “re-colonización”, con la incertidumbre y las reducciones de personal, con la violencia recrudecida, las invasiones de tierras y las marchas callejeras, se agregaría el de los deportados.

Washington tiene una muy justificada y grande desconfianza de grupos guerrilleros que no consiguen encajar con la vida pacífica y la convivencia democrática, y que continúan aferrados a esquemas obsoletos, a doctrinas anacrónicas que rechazan la moral y los naturales sentimientos religiosos de todo pueblo civilizado. Un triunfo de los comunistas sería una vuelta a los peores excesos y la barbarie que fueron el signo del ataque armado contra El Salvador.

Los ciudadanos deben despertar a estas realidades y defender con su voto la democracia y el orden de derecho.



 

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