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Tema
del momento
El trastorno antisocial
Estamos en vísperas de elecciones, y el tema de la corrupción
recibe mucha atención de los medios
En este momento los temas más candentes aparte de
las elecciones son los saqueos de las alcaldías, la
desaparición de $30 millones en ANDA y la interpretación
y la aplicación de la ley antimaras.
Todo el pueblo sufre lo que parece una epidemia de la violencia
a manos de las maras, y por los robos, desfalcos, fraudes y abusos
de los corruptos. Esto repercute en los servicios públicos
deficientes o que no se prestan por la falta de fondos que han ido
a enriquecer a inescrupulosos.
Estamos en vísperas de elecciones, y el tema de la corrupción
recibe mucha atención de los medios. Las denuncias han sido
enfocadas, más que todo, en las alcaldías.
El desfalco, hurto de fondos gubernamentales, departamentales o
municipales es penado, pero son fáciles de encubrir con la
cooperación de cómplices; asignaciones para obras
que no se hacen no son visibles a simple vista.
Lo mismo para servicios que se paguen, pero que no se dan; las compras
de materiales que se cobran, pero que no se entregan en su totalidad
no son fáciles de comprobar. Tampoco la calidad de los productos
comprados por instituciones gubernamentales o autónomas no
se pueden comprobar si los proveedores y las instituciones compradoras
se ponen de acuerdo.
Cuando resulta deficiente una obra contratada por una dependencia
del gobierno y a los pocos años se necesita reparación
o reposición, las autoridades sencillamente solicitan ampliar
el presupuesto para su reparación o reposición.
Cuando un tramo de carretera se hunde o desmorona o una tubería
se rompe y causa inundaciones, las autoridades no preguntan quién
hizo las instalaciones en primer lugar, para establecer responsabilidades,
porque los contratos no contienen previsiones para tales contingencias.
No creemos que los casos que mencionamos arriba estén incluidos
ni penados en los códigos correspondientes, ni que hay fiscal
interesado en demandar a una alcaldía. Tal vez algún
doctor en Leyes podría hallar en el Código Civil la
manera de aplicar sanciones por incumplimiento de contratos, pero
sería muy difícil encontrar quien se hiciera cargo,
comenzando con establecer quién es el ofendido.
Y aun en el caso remoto de poder emplazar una demanda y ganarla,
el resultado sería una condena de reparaciones en efectivo,
impuestas al imputado, que de inmediato se declararía en
quiebra, ya que todos sus bienes han pasado a ser propiedad de su
esposa o de prestanombres, y el delito se convierte en deuda que
en ningún país civilizado es encarcelable.
Es curioso que, en el caso de los mareros, los sicólogos
y los siquiatras atribuyen la conducta incorrecta al Trastorno Antisocial
de la Personalidad. Según los criterios internacionales de
diagnóstico acorde al DSM-IV (proporcionado al autor por
el siquiatra Mario Rauda) los síntomas siguen un patrón
general de desprecio y violación de los derechos de los demás.
Muestran un fracaso para adaptarse a las normas sociales en lo que
respecta al comportamiento legal, deshonestidad, estafar para obtener
un beneficio personal, impulsividad, irritabilidad, agresividad,
despreocupación por el resultado de sus hechos, incapacidad
de planear para su futuro, falta de remordimientos, como lo indica
la indiferencia o la justificación de haber dañado,
maltratado o robado a otros.
Los corruptos, a nuestro parecer, padecen lo mismo que los mareros
el patrón general del Trastorno Antisocial de la Personalidad,
que se diagnostica básicamente como el desprecio y violación
a los derechos de los demás. Esto puede explicar en gran
parte la epidemia de conducta antisocial que el país padece.
*Escritor y columnista de El Diario de Hoy.
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