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Domingo 26 de Octubre

 

 

 

 
 

Tema del momento
West Side Story

Pedro Roque*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Trabajo compensado, distracción, respeto, cariño, comprensión y apoyo es lo que buscamos los seres humanos y los integrantes de las maras, antes que nada.

Es un musical de 1961 que ganó diez Oscar. Describe la enemistad entre dos pandillas del West Side de Nueva York, los “Sharks”, muchachos procedentes de Puerto Rico, y los “Jets”, de ascendencia anglosajona. Las canciones “Tonight”, “María” y “América” son los famosos “evergreens” de este musical cantados en todos los idiomas.

Para mí fue la primera información sobre las pandillas juveniles de entonces en los Estados Unidos. Posteriormente vimos las noticias sobre las peleas entre los grupos juveniles con motivaciones raciales y, más adelante, a los “Ángeles del infierno”, que, cabalgando sus motos de gran cilindrada y vistiendo ropa vaquera, a donde llegaban armaban líos con la policía y la gente del lugar. Años más tarde aparecieron en Europa los grupos neo-nazis, que además de sus objetivos políticos, de vez en cuando la toman contra los inmigrantes.

Los hinchas de los grandes equipos de fútbol, que viajan en buses o en trenes especiales y a quienes la policía tiene que conducir al estadio y luego del estadio a la estación para que no destruyan media ciudad, son dignos de mencionar como parte de la nueva ola de violencia de los últimos diez años, así como la violencia organizada en las manifestaciones políticas, en las que se tiran piedras, pintan paredes, rompen vidrios o se queman llantas, generan inestabilidad.

En Madrid, Barcelona o Valencia, ahora tenemos los grupos de “niños” de entre los 12 y 15 años que, como diversión, rompen los vidrios de los carros y les prenden fuego con cócteles Molotov…

En Centroamérica nos preocupa ahora el fenómeno de las maras, que como grupos organizados con procedimientos de admisión, su ética de pertenencia, códigos de honor, símbolos tatuados y gestos con las manos no son tan nuevos, lo mismo que las causas que llevan a los jóvenes a integrarse a estos grupos.

La necesidad de pertenencia es humana y así también existen grandes agrupaciones de jóvenes alrededor de movimientos como los Boy Scouts, que también tienen sus reglas, procedimientos, códigos internos, su jerarquía y organización nacional e internacional. Hay muchos movimientos y organizaciones cristianas que cuando el Papa, a quien debemos felicitar por sus 25 años de pontificado, les llama, acuden desde miles de kilómetros y en cientos de miles a los lugares indicados. La Cruz Roja y la Cruz Verde agrupan a muchos jóvenes en busca de identidad, seguridad y sentido de pertenencia...

“Hurgando” en la Internet encontré que en Centro América existen alrededor de 475 agrupaciones con unos cien mil miembros. Es cierto, por lo tanto, lo que dijo el Presidente cuando inició el Plan Mano Dura: “Hay más mareros que policías”.

Para la sociedad, que la formamos todos, el problema se ha vuelto serio, porque ya no se trata de muchachos que se organizan como pandillas callejeras para apedrearse, que ya es suficientemente malo, sino que detrás del movimiento ya hay un buen inventario de hechos delictivos y criminales con tendencia de crecimiento.

Si la regla natural del 80/20, que rige casi todas las cosas de nuestro planeta, se cumple en este contexto, solamente el 20% sería verdaderamente violento y el restante 80% debiera ser rescatable con programas ocupacionales donde estos muchachos empleen su tiempo en cosas útiles que aporten algo a sus familias y a la sociedad.

Yo creo que, en primer lugar, tenemos que aceptar que las maras tienen su origen y causas en distorsiones familiares y sociales ya conocidas y que hay que prevenir, pero también que, como grupos organizados, forman parte de nuestra sociedad. Luego, es muy importante asumir que la prevención, la reinserción y la corrección requieren de inversión en esfuerzos, riesgos, tiempo y dinero y, además, que la solución no caerá del cielo y que tiene su parte correctiva y dura para quienes hayan delinquido y lo que han hecho sea condenable de acuerdo con las leyes.

Pero en régimen preventivo, me imagino, por ejemplo, un programa especial bien vendido con fondos nacionales o internacionales, en el que a los jóvenes rescatables primero les enseñen un oficio, por ejemplo, albañiles, carpinteros o electricistas, y luego se les dé trabajo para que construyan casas para personas que no tienen viviendas.

Organizarles para que entre todos y junto con las escuelas limpien las ciudades y convirtamos a El Salvador en el país más limpio del mundo. O bien organizándoles por barrios o ciudades, en equipos deportivos de diferentes disciplinas e incluso enseñándoles a tocar instrumentos musicales para formar grandes bandas de paz o a trabajar en el campo labrando la tierra o creando granjas donde puedan trabajar y, así como existen productos orgánicos, que tengamos también productos de granjas trabajados y cosechados por jóvenes reinsertados o incluso, por qué no, crear una policía especial, tal como existe la Policía Militar.

Aún no es tarde para emprender masivamente, a la par de los planes correctivos, más planes preventivos de cambio cultural y de vuelta a la vida normal en sociedad para los muchachos que aún son rescatables.

Trabajo compensado, distracción, respeto, cariño, comprensión y apoyo es lo que buscamos los seres humanos y los integrantes de las maras, antes que nada, son personas con necesidades y sentimientos que son cubiertos de una manera diferente y que, como consecuencia, también les lleva a conductas diferentes.

Me cuesta pensar que todos son violentos y capaces de matar; pienso que, como en todas las sociedades, existen personas enfermas que encuentran satisfacción en matar y hacer gala de estos hechos. Jack “El Destripador”, en Londres; “El Payaso”, en Estados Unidos; el francotirador, en Washington, y los jóvenes que entraron armados en sus escuelas y mataron e hirieron a maestros y compañeros, son ejemplos claros de conductas especiales.

Desintegración social, pobreza y corrupción siempre ha habido en el mundo desde los tiempos antes de Cristo, y los gobernantes también han tenido que buscar y aplicar formas y medidas para remediarlos…

Por cierto… ¿Qué ofrecen “concretamente” los candidatos a la Presidencia para resolver el problema de las maras?

*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.

 

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