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Miércoles 15 de Octubre
 

 

 
 

Dilema cárnico en el TLC

En el TLC no será fácil conciliar los intereses de los sectores involucrados con la carne de cerdo.

El Diario de Hoy
negocios@elsalvador.com

Los porcicultores y embutidores nunca han estado de la mano en la negociación del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos.

Los primeros -proclives a la exclusión- debieron abrir cuotas a última hora para la importación de carne de cerdo, forzados por los negociadores oficiales y presionados a la vez por las demandas de apertura de los Estados Unidos.

Los segundos -inclinados al libre mercado- aún están incómodos con la apertura de sus proveedores, porque consideran que las cuotas no deben ser pequeñas ni limitadas con porcentajes fijos, ya que frenan la importación de materia prima que les daría mayor competitividad.

Los porcicultores alegan que la importación de cerdo estadounidense dañaría al sector, por los subsidios existentes.

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Porcicultores aceptan cuota
Los criadores de cerdos aceptan competir, pero en ciertas condiciones. El subsector está dispuesto a que el país libere de aranceles una cuota de 500 toneladas métricas anuales de carne y cualquier derivado que los procesadores de embutidos requieran.

Los embutidores quieren que el TLC sea un mecanismo que les permita suficiente abastecimiento.

Quieren mejores insumos

Los embutidores centroamericanos esperan que el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos les mejore la adquisición de materia prima para la industria, ya que en la región predomina el desabastecimiento de insumos.

Los fabricantes salvadoreños y, en algunos casos, los costarricenses, son los que más caro compran la materia prima importada, porque los aranceles oscilan entre el 40 y 47%, en carne de cerdo.

El resto de países son más abiertos, al cobrar aranceles de 15% a las importaciones del mismo rubro.
Vicente Tejada, presidente de la Asociación Salvadoreña de Industriales Cárnicos (Asicarne), consideró que si el TLC no los apoya para conseguir los insumos necesarios, el “sector entrará en condiciones delicadas.”

Por un lado, si los porcicultores insisten en abrir pequeñas cuotas a la importación de carne de cerdo,
Guatemala, Honduras y Nicaragua van a superar en competencia a los embutidores salvadoreños, porque cobran menos aranceles.

La industria considera que si se crean mecanismos seguros para administrar equilibradamente las cuotas de importación, los porcicultores no deben sentirse afectados.

Tampoco los que nunca han importado materia prima deben estar en contra, porque las cuotas se fijarían con base en los promedios anuales de los industriales, con un margen a favor de los que quieren utilizar el sistema por primera vez, para beneficiarse del TLC, explicó.

Por otra parte, los embutidores consideran que un buen acuerdo sería negociar cuotas grandes con crecimientos anuales, basados en los aumentos históricos que el comercio del sector ha registrado, dijo.

Competitividad

Si se atienden tales demandas, los embutidores consideran que serán competitivos frente a Estados Unidos, a mediano plazo.

En El Salvador existe un convenio entre porcicultores y embutidores que obliga a estos últimos a comprar carne local y sólo importan 1.7 millones de toneladas anuales de Canadá, no de Estados Unidos, con un arancel de 40%, mientras los países vecinos compran cortes estadounidenses, con menor arancel y menos costo de transporte, comparó.

La pasada “minironda” agrícola aumentó las expectativas de porcicultores y embutidores.
En los pasados acuerdos firmados por la región, los porcicultores lograron ganar la batalla a los embutidores al dejar excluídas la importación de insumos, mientras los embutidos fueron liberados de aranceles.

 

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