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Cuentecitos
de Poder
La extraña lotería de la Dama de las Manos Azules
El
Hombre del Mostacho dejó las gafas oscuras desde varios meses.
Es el lugarteniente de la Dama de las Manos Azules y últimamente
ha estado metido en un tremendo embrollo.
La cercanía para elegir al nuevo huésped de la Casa
de Gruesas Paredes y Blancas Cortinas puso nerviosos a todos los
seguidores de la Dama.
Sencillamente, no había nadie entre todos ellos que pudiera
convertirse en el gladiador, capaz de enfrentarse a Tony Cejas o
al Patriarca. Preferían unirse al Duque Verde y al Feudo
Amarillo para apoyar a Silverio.
Pero la alianza les cerró las puertas. Fue a regañadientes,
porque muchos hicieron cálculos con los votos que la Dama
de las Manos Azules había logrado cosechar en marzo.
Se impuso el prurito político.
Hasta se habló de un enorme pacto secreto para condenar a
la soledad a aquella que había cambiado de amante en menos
de tres meses.
Así que empezó una loca carrera interna entre los
asociados a la logia de la Dama para escoger al hombre que pelearía
por su estandarte.
Surgieron veteranos guerreros, aún con sus casacas puestas,
con toda la disposición a agregar la nominación a
sus currículos.
También rugió, como un lobo, el representante de los
hombres que, como endemoniados, conducen a los habitantes de la
Comarca y dejan a su paso una estela de humo negro, destrucción
y pánico.
Pero el Hombre del Mostacho no se dejó amilanar. Les dijo
a todos, de la manera más clara posible, que sólo
con el estandarte azul no podían recoger los mismos votos
y hasta peligraría la existencia misma de la logia de la
Dama de las Manos Azules.
Cuando todo se fue poniendo claro, el retiro de interesados fue
evidente.
El aullido fue la única voz que mantuvo su deseo de continuar,
pero a nadie la hacía gracia que él los representara
en la Justa Electoral.
- Bueno, ha llegado la hora de escoger a nuestro gladiador -dijo
el Hombre del Mostacho-. Y lo echaremos a la suerte.
La lotería empezó. Es legendaria la facilidad que
los iniciados en la logia azul tienen para poder cambiar el resultado
de las elecciones, de modo que a nadie asombró que no hubo
un ganador.
- Entonces, hagamos propuestas. El que no esté de acuerdo,
que lo diga. Si no, él será.
Lito, el Itinerante fue el único que no objetó su
nombre cuando fue sugerido para el cargo. ¡Y cómo iba
a hacerlo si se encontraba de viaje, en misión oficial!
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