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Andamios
La maldición del pequeño basilisco
Este
es un animal hábil y perverso. Es un reptil muy pequeño,
del tamaño de un cantil, de color oscuro y ojos saltados.
El Basilisco tiene una mirada tan fuerte y maligna que condena
a una muerte segura a todo ser humano que observa durante más
de un minuto.
No existe cura ni invocación que detenga semejante maleficio.
Sólo existe una ave que puede enfrentarlo y derrotarlo.
El reptil se mueve sigilosamente en las partes altas y oscuras de
las viviendas, entre las rendijas de la madera, las grietas de las
paredes o el tejado.
Nadie sabe de dónde viene este animal ni cuáles son
sus orígenes. Ni tampoco como es que llego a obtener semejante
poder. La leyenda únicamente se refiere a sus poderes.
Cuando la basilisca está lista para poner sus huevos y reproducir
tan misteriosa especie, también pone en práctica su
picardía. En la noche, cuando todos duermen, baja hasta los
corrales y deposita sus huevos junto a los de las gallinas.
Así, con el calor de la clueca ave, que no se mueve de su
nido, los basiliscos se desarrollan hasta que abandonan el cascarón.
Inmediatamente, suben a sus lúgubres escondites.
Tanto es el poder de estos pequeños animales que mucha gente
les tiene un gran respeto y temor. En los cantones, en los pueblos
y en la misma ciudad, las personas viven pendientes, rogándole
a Dios que no viva ningún Basilisco en sus hogares.
Para callar a los incréludos, las abuelas cuentas mil historias,
de aquellos que maldecidos por los basiliscos, fueron asesinados,
se ahogaron en una poza cercana o padecieron de una penosa y fulminante
enfermedad.
Recuerdan a los muertos con nombres y apellidos, las épocas
y las circunstancias en las que murieron.
Con el Basilisco no se juega, Dios nos libre de una maldición
de esas, advierten las abuelas con mucho respeto.
Es por esto que en ninguna vivienda deben de faltar los patos, porque
estos son los únicos que pueden vencer al maligno reptil,
ya que tienen una mirada más poderosa.
Así que cuando un pato mira fijamente hacia la parte alta
de una vivienda, con su cuello inclinado, como petrificado, está
luchando contra un Basilisco. Lo mejor es apartarse porque la maldición
está muy cerca.
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