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Martes 7 de Octubre

 

 

 
 

La columna nacional
¿Son los comunistas un partido con doctrina revolucionaria?

Roberto López-Geissmann*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

La Comisión de la UE debe actuar ahora o enfrentar una posible rebelión de los países más pequeños.

¿Es una verdadera fuerza la doctrina en que se sustenta? En absoluto, después de un período en que pudiera haber impresionado a más de alguno con la supuesta y nunca demostrada “cientificidad” de sus postulados, de acuerdo con la “filosofía” marxista, se han visto reiteradamente desmentidos por la realidad histórica.

Destaca en ello la afirmación doctrinaria de su triunfo en las naciones más desarrolladas, viéndose realmente todo lo contrario: Rusia cayó siendo un país agrícola semifeudal y el atraso de las repúblicas tras el telón de acero, el de China, Viet Nam e incluso los de países latinoamericanos en que la influencia se sostiene no da lugar a dudas que la teoría comunista está más devaluada que la moneda argentina.

El surgimiento de otras clases de difícil catalogación, con pensamientos y acciones no encuadrables en sus modelos, porque los proletarios del primer mundo no son lo que el pensamiento marxista describe, las clases medias destruyen sus tesis y la conversión de obreros en burgueses las invalida del todo.

Simplificaciones fuera de la realidad como el supuesto antagonismo entre dos bloques del mundo, derrumbado a la par del Muro de Berlín. Contradicciones como la imposibilidad de erradicar el capitalismo en su propio seno, exacerbando incluso los aspectos más negativos y menos beneficiosos para el pueblo, como la disminución de condiciones de trabajo favorables, aumento del mismo a niveles de explotación de esclavos, incremento de carga popular por aumento desmedido en las fuerzas armadas, concentración gigantesca de capitales (para las docenas de funcionarios de la nomenklatura) y una dureza de tratos al trabajador en general casi del todo erradicados en el mundo libre son otras tantas fallas que demuestran la brecha entre una doctrina totalmente irreal y su triste praxis histórica. Pero ¡ojo! porque...

A pesar del evidente DESCRÉDITO, ello no afecta gravemente a la pujanza comunista; algo diferente debe entonces ser el motor principal.

¿Radicará entonces su fuerza en ser revolucionarios? Son unos falsos revolucionarios. Empecemos por desmontarle la fuerza intrínseca que provocó los cambios que en Rusia desembocaron en llamada revolución bolchevique; en ese acontecimiento confluyen fuerzas sociales variadas que no fueron provocadas ni por los hombres ni por las ideas comunistas, así la Primera Guerra Mundial, el desgobierno zarista, el inveterado conflicto del campesinado y muchas influencias políticas y culturales distintas a la idea revolucionaria marxista. Lo que realmente hicieron fue aprovecharse del trabajo y sacrificios de revolucionarios socialistas, elementos rurales, obreros esforzados, liberales y hasta de nobles, hegemonizando el proceso y derivando, de una especie de revolución francesa, hacia la tiranía bolchevique.

En otros países lo han hecho con diferentes causas, pero nunca bajo la bandera directa de la revolución proletaria. China fue lograda con el apoyo soviet y anuencia americana; los Viets, con el apoyo chino y políticas terroristas, pese a un rechazo mayoritario de la población; Cuba y Nicaragua se disfrazaron de revolución nacional, que luego traicionaron y eliminaron a sus socios. Así, se puede afirmar que los comunistas no son revolucionarios en un sentido auténtico y honroso, sino agitadores adiestrados, incapaces de una auténtica política de masas, la que hurtan de otras fuerzas.

Pero ¡ojo! Porque... pese a esta evidencia, continúan teniéndose como tales ¿por qué será?
¿Se puede afirmar que los comunistas son un partido político? No lo que entendemos como tal. Es fácil constatarlo, puesto que el postulado fundamental de un partido político tiene como objetivo limitante su actuación para la nación, el pueblo, la gente que se encuentra dentro de un Estado determinado y no persigue tomas de poder o a grupos políticos de otros Estados, convirtiéndose en un virus extranjero que obedece consignas e intereses distintos a los nacionales.

Asimismo el aspecto de organización interno, con desconocimiento de lo individual, sujeto a tiránicas dictaduras, muchas veces mediatizadas por personajes que se mueven en las sombras, en forma oculta y anónima, difiere del todo de lo buscado por un partido occidental clásico, con todos los defectos que estos tuvieren. Se vuelven una vanguardia de “revolucionarios” profesionales con disfraz de abnegados políticos normales. Pero !ojo! Porque... Bajo este ropaje “institucional” conspiran para destruir al sistema.
* Lic. en Ciencias Políticas.

 

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