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Comentando
Francia, ¿enemiga de Europa?
La
Comisión de la UE debe actuar ahora o enfrentar una posible
rebelión de los países más pequeños.
Bajo el presidente Jacques Chirac, Francia se está convirtiendo
rápidamente en la peor pesadilla de Europa.
Ya es bastante malo que el señor Chirac esté dividiendo
a Europa con la promoción de su así llamada política
exterior multipolar. Ahora la flagrante violación
por parte de Francia del Pacto de Estabilidad de la UE, que limita
el gasto deficitario al 3% del PGB, está llevando a Europa
a una importante encrucijada que amenaza socavar tanto a la unión
monetaria europea como al euro mismo.
En particular, los países más pequeños de la
UE están furiosos con Francia por su obcecada negativa a
regirse por las reglas de gastos deficitarios de la UE. Ven el desafío
francés como algo que va más allá de un problema
específico acerca de cifras fiscales.
Tiene que ver con si los países grandes están
dispuestos a sacrificar algún grado de soberanía nacional
para beneficiar a Europa como conjunto, señaló
un influyente funcionario del BCE. Al menos los alemanes están
tratando de manejar sus déficit, prosigue. Pero
a los franceses, todo esto les importa un comino.
La acción que precipitó la crisis actual es la decisión
de Francia de dar el visto bueno a la reducción de impuestos
a las personas que Chirac prometió en su campaña electoral
del año pasado. La reducción de impuestos hará
que el déficit fiscal francés supere el 3% por tres
años consecutivos (a un 4.5% de PGB estimado para 2004),
ya que no se compensará con recortes en el gasto público.
Por supuesto, algunos creen que una reducción de impuestos
es precisamente lo que Francia necesita. Quizás. Pero por
más atractivo que se pueda ver una reducción tributaria
desde un punto de vista teñido de miope nacionalismo, lo
que está en juego es más que el interés nacional
francés. Porque si Francia se puede salir con la suya en
esta flagrante violación de las reglas del Pacto de Estabilidad,
otros seguirán su ejemplo.
Es seguro que entonces ocurrirá una orgía de gastos
deficitarios en todas las economías de la eurozona, a medida
que los grupos de presión del Estado benefactor de los países
individuales intenten acabar con la prudencia fiscal anterior. Esto
hará que muchos piensen con más cautela acerca de
la unión monetaria europea. Después de todo, ¿quién
quiere una unión monetaria que alimenta al Estado de bienestar
y es un motor inflacionario?
Más aún, una vez que se destrocen las limitaciones
al gasto deficitario, se habrá eliminado uno de los principales
incentivos a las reformas estructurales que Europa tanto necesita.
Los políticos europeos se verán tentados a, simplemente,
inflar el déficit fiscal para aumentar los ingresos locales,
en lugar de emprender una racionalización necesaria, pero
políticamente difícil. Como resultado, habrá
una estanflación: alta inflación y bajo crecimiento
económico.
La Comisión de la UE debe actuar ahora o enfrentar una posible
rebelión de los países más pequeños.
El rechazo de Suecia al euro ya ha hecho sonar la alarma.
Castigar a los franceses con una pesada multa (la pena contemplada
por el Pacto de Estabilidad) no es una buena idea. Bajo sus reglas
actuales, tres países grandes (Francia, Alemania e Italia)
podrían (y probablemente lo harían) bloquear la sanción.
Incluso si la multa se impusiera, los franceses no pagarían.
La ocupación de los Países Bajos por Francia durante
el así llamado Período Francés a comienzos
del Siglo XIX sugiere una mejor alternativa. En ese entonces, Francia
impuso un impuesto de castigo a la provincia de Zelanda por permitirse
un déficit fiscal significativo. Cuando los zelandeses se
negaron a pagar, los franceses respondieron centralizando el que
hasta entonces había sido un más bien descentralizado
sistema fiscal holandés.
Lo que entonces funcionó podría funcionar ahora también.
La centralización de las finanzas públicas de los
estados miembros, si bien un paso radical, sería la única
respuesta al problema de los países recalcitrantes que, como
Francia, se rehúsan a seguir las reglas del juego en materia
de presupuesto. Después de todo, el Pacto de Estabilidad
existe, en primer lugar, porque Europa carece de una política
fiscal común.
El descarado incumplimiento de las reglas del Pacto de Estabilidad
por parte del Presidente Chirac ha puesto en el primer plano el
tema de cuánto doble estándar los países más
pequeños de la UE van a estar dispuestos a aceptar. Al rechazar
el euro, Suecia, un país pequeño en términos
europeos, dejó en claro que no quería ser parte de
una Europa que discrimina contra los países de su tamaño.
Nos podemos preguntar, ¿cuánto tiempo pasará
antes de que otros países pequeños planteen lo mismo?
Copyright: Project Syndicate.
*Catedrático senior de la Hoover Institution de la Universidad
de Stanford University.
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