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Martes 7 de Octubre

 

 

 
 

Sentido Común
¿Y qué pata puso ese huevo?

Ricardo Rivas*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

El chimichurri venezolano es una lección para poner los dos ojos en el microscopio. Uno para ver a Chávez, y el otro para entender el fenómeno que le hicieron posible.

Hugo Chávez sigue en el peloteo con los medios. Ahora ha incautado equipos de microondas y antenas de transmisión a la cadena televisiva Globovisión. ¡Ah! Chávez. En 1999, Venezuela cayó bajo el embrujo de este militar ex golpista. Los venezolanos, ricos y pobres, fueron a las urnas, votaron y democráticamente se metieron un imponente cangrejo en los glúteos.

Ipso facto, el nuevo mandatario apareció apoteósico y mesiánico como el salvador del pueblo. Y se carcajeó del COPEI y la AD, alta alcurnia de la partidocracia venezolana. Pobres venezolanos. El tiro les ha salido por la culata. Ahora buscan la piedra filosofal para deshacerse del trapacero, pero es difícil. Por hoy, luce más fácil que un cholco se coma un elote, que alguien saque a Chávez del poder.

Hace unos días, la Cámara de Comercio trajo a unos venezolanos para que nos confirmaran los horrores del régimen de Chávez. A mí, la idea de la Cámara me pareció buena, pero incompleta. Buena, porque es conveniente que la gente escuche en qué resultan las recetas populistas de personajes como don Hugo. Incompleta, porque a muchos nos hubiera encantado conocer más a profundidad de qué pata salió semejante huevo. Cómo y quién le potenció. Quién le rompió el cascarón.

Por supuesto que algo de eso ya sabemos. Chávez nace del desencanto de los venezolanos por los políticos tradicionales aglutinados en los partidos AD y COPEI. Pero esta historia es de larga pita. Por eso digo que la Cámara de Comercio nos ha dejado con el sorbete a medio chupete. A la par de oír los errores y horrores de Chávez Frías, a muchos nos hubiera gustado que con esa misma vehemencia, talante y calidad humana con la que este grupo expuso las barbaridades de ese régimen, vinieran otros y nos contaran cómo fue que la clase política venezolana empolló ese huevo.

El chimichurri venezolano es una lección para poner los dos ojos en el microscopio. Uno para ver a Chávez, y el otro para entender el fenómeno —o la desgracia— que le hicieron posible. No procesarlo así sería una media lección. Sí, sí, lo de Chávez lo hemos entendido perfectamente, pero ahora hace falta hablar de lo otro. De por qué Chávez está donde está. De cómo llegó. De a qué horas un populista de pura raza embrujó a los venezolanos. De cuál fue el rol de los otros partidos en el ascenso democrático del coronel.

Ese otro lado de la verdad, que por cierto es una historia que ya conocen argentinos, guatemaltecos, ecuatorianos, paraguayos, nicaragüenses, etc., es la que falta por desenrollar. Si no es la Cámara de Comercio, bien puede organizarlo Fusades, una universidad, o un medio de comunicación. No hacerlo sería una lamentable omisión.

El Salvador no está vacunado contra esa epidemia. Hay dos maneras de que los salvadoreños repliquemos el caos venezolano en nuestra tierra. Una es avalando a que los políticos —poco importa el partido— hagan de la política y de las cosa pública, su club privado, que fue lo que hicieron AD y COPEI en Venezuela. Y la otra es apoyando a los políticos criollos, que aquí se miran y se remiran con las exuberancias y extravagancias de Chávez.

No nos dejen a medias. Conocer el caso venezolano es conocer también a la pata que puso ese huevo —que Chávez no es cualquier huevo—. La crisis venezolana tiene dos caras: una se llama Hugo Chávez; la otra, 41 años de compadrazgo entre AD y COPEI. A ver quién se anima ahora a traer a alguien que nos hable de esto último.
*Columnista de El Diario de Hoy.

 

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