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Sentido
Común
¿Y qué pata puso ese huevo?
El
chimichurri venezolano es una lección para poner los dos
ojos en el microscopio. Uno para ver a Chávez, y el otro
para entender el fenómeno que le hicieron posible.
Hugo Chávez sigue en el peloteo con los medios. Ahora ha
incautado equipos de microondas y antenas de transmisión
a la cadena televisiva Globovisión. ¡Ah! Chávez.
En 1999, Venezuela cayó bajo el embrujo de este militar ex
golpista. Los venezolanos, ricos y pobres, fueron a las urnas, votaron
y democráticamente se metieron un imponente cangrejo en los
glúteos.
Ipso facto, el nuevo mandatario apareció apoteósico
y mesiánico como el salvador del pueblo. Y se carcajeó
del COPEI y la AD, alta alcurnia de la partidocracia venezolana.
Pobres venezolanos. El tiro les ha salido por la culata. Ahora buscan
la piedra filosofal para deshacerse del trapacero, pero es difícil.
Por hoy, luce más fácil que un cholco se coma un elote,
que alguien saque a Chávez del poder.
Hace unos días, la Cámara de Comercio trajo a unos
venezolanos para que nos confirmaran los horrores del régimen
de Chávez. A mí, la idea de la Cámara me pareció
buena, pero incompleta. Buena, porque es conveniente que la gente
escuche en qué resultan las recetas populistas de personajes
como don Hugo. Incompleta, porque a muchos nos hubiera encantado
conocer más a profundidad de qué pata salió
semejante huevo. Cómo y quién le potenció.
Quién le rompió el cascarón.
Por supuesto que algo de eso ya sabemos. Chávez nace del
desencanto de los venezolanos por los políticos tradicionales
aglutinados en los partidos AD y COPEI. Pero esta historia es de
larga pita. Por eso digo que la Cámara de Comercio nos ha
dejado con el sorbete a medio chupete. A la par de oír los
errores y horrores de Chávez Frías, a muchos nos hubiera
gustado que con esa misma vehemencia, talante y calidad humana con
la que este grupo expuso las barbaridades de ese régimen,
vinieran otros y nos contaran cómo fue que la clase política
venezolana empolló ese huevo.
El chimichurri venezolano es una lección para poner los dos
ojos en el microscopio. Uno para ver a Chávez, y el otro
para entender el fenómeno o la desgracia que
le hicieron posible. No procesarlo así sería una media
lección. Sí, sí, lo de Chávez lo hemos
entendido perfectamente, pero ahora hace falta hablar de lo otro.
De por qué Chávez está donde está. De
cómo llegó. De a qué horas un populista de
pura raza embrujó a los venezolanos. De cuál fue el
rol de los otros partidos en el ascenso democrático del coronel.
Ese otro lado de la verdad, que por cierto es una historia que ya
conocen argentinos, guatemaltecos, ecuatorianos, paraguayos, nicaragüenses,
etc., es la que falta por desenrollar. Si no es la Cámara
de Comercio, bien puede organizarlo Fusades, una universidad, o
un medio de comunicación. No hacerlo sería una lamentable
omisión.
El Salvador no está vacunado contra esa epidemia. Hay dos
maneras de que los salvadoreños repliquemos el caos venezolano
en nuestra tierra. Una es avalando a que los políticos poco
importa el partido hagan de la política y de las cosa
pública, su club privado, que fue lo que hicieron AD y COPEI
en Venezuela. Y la otra es apoyando a los políticos criollos,
que aquí se miran y se remiran con las exuberancias y extravagancias
de Chávez.
No nos dejen a medias. Conocer el caso venezolano es conocer también
a la pata que puso ese huevo que Chávez no es cualquier
huevo. La crisis venezolana tiene dos caras: una se llama
Hugo Chávez; la otra, 41 años de compadrazgo entre
AD y COPEI. A ver quién se anima ahora a traer a alguien
que nos hable de esto último.
*Columnista de El Diario de Hoy.
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