| |

La nota del día
Faltan armas y sobran muertos
Sin artefactos atómicos, aunque con gases asfixiantes, Sadam
Hussein mató a un par de millones en el Oriente Medio
Que hay indicios pero no evidencias de que Iraq haya contado con
armas de destrucción masiva, declaró al Congreso estadounidense
el investigador especial de Estados Unidos, David Kay. Hay señales,
dijo, de intentos para desarrollar armas biológicas, y se
detectan esfuerzos para construir artefactos nucleares. Pero según
muchos, falta encontrar el revólver humeante
culpando a Hussein.
¡Vaya macabra lógica la de los críticos de Bush!
No se encontraron armas de destrucción masiva, pero si más
de trescientos mil cadáveres en fosas comunes desperdigadas
en todo Iraq. Y si están los cuerpos de esos centenares de
miles de víctimas del régimen, es válido suponer
que un número todavía mayor está por descubrirse.
La postura de algunos gobiernos europeos y de otros en el mundo
raya en lo repugnante: si los muertos son iraquíes, se trata
de un asunto interno de esa nación, como han
sido asunto interno las matanzas de etíopes,
nigerianos, thutsis y ugandeses en África. Los genocidios
del Continente Negro son de millones de millones, pero como es de
negros contra negros, no despiertan más que protestas.
Tampoco, por lo visto, hay que preocuparse por las razzias que perpetran
los negros contra agricultores blancos en la antigua Rhodesia. Lo
que indigna, de acuerdo con las señales, es que un blanco
en sudáfrica prohíba a negros entrar a un restaurante.
Volvamos a Iraq. No se necesita emplear armas de destrucción
masiva, para causar perjuicios enormes a una nación. Un pequeño
grupo de terroristas entrenados en Iraq, Libia, Cuba o Colombia,
es capaz de desbaratar la economía de un país, como
sucedió con la bomba que fanáticos musulmanes hicieron
estallar en una discoteca de Bali, Indonesia. Los muertos fueron
menos de doscientos, pero el atentado hizo colapsar la industria
turística. Las muertes inocentes causadas por los terroristas
buscan derrumbar institucional y económicamente a los países
víctimas.
Muy lejos llegó Corea comunista
Las armas de destrucción masiva son más una patología
mental, que la posesión de artefactos. El genocida puede
poner en movimiento una sucesión de hechos que llegue a los
mismos resultados que el estallido de una bomba nuclear, aunque
éstos sean menos espectaculares. Las políticas de
Jimmy Carter a finales de los años setenta, provocaron la
muerte de cerca de doscientos mil centroamericanos, sin que éste
necesariamente se lo propusiera.
Con frecuencia la mente criminal termina por conseguir
las armas suficientes para causar la muerte y la destrucción
que se propone. Sin artefactos atómicos, aunque con gases
asfixiantes, Sadam Hussein mató a un par de millones en el
Oriente Medio, en su mayor parte jóvenes, casi niños.
Y un alto porcentaje de los muertos que se han ido encontrando en
las fosas iraquíes, fueron torturados y hasta enterrados
vivos por los esbirros del régimen. Que eso no sea razón
suficiente para hacer la guerra a Hussein, no se lo explica ninguna
persona civilizada. Hussein, al igual que los ayatolás persas,
han sido los promotores de la violencia en el Oriente Medio.
La cuestión es muy compleja, como lo demuestra el caso de
Corea comunista con sus artefactos nucleares apuntando a sus vecinos.
Una guerra para desalojar al déspota puede desatar un holocausto
en el Lejano Oriente.
|
|