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Martes 7 de Octubre

 

 

 
 



La nota del día
Faltan armas y sobran muertos


Sin artefactos atómicos, aunque con gases asfixiantes, Sadam Hussein mató a un par de millones en el Oriente Medio


Que hay indicios pero no evidencias de que Iraq haya contado con armas de destrucción masiva, declaró al Congreso estadounidense el investigador especial de Estados Unidos, David Kay. Hay señales, dijo, de intentos para desarrollar armas biológicas, y se detectan esfuerzos para construir artefactos nucleares. Pero según muchos, falta encontrar el “revólver humeante” culpando a Hussein.

¡Vaya macabra lógica la de los críticos de Bush! No se encontraron armas de destrucción masiva, pero si más de trescientos mil cadáveres en fosas comunes desperdigadas en todo Iraq. Y si están los cuerpos de esos centenares de miles de víctimas del régimen, es válido suponer que un número todavía mayor está por descubrirse.

La postura de algunos gobiernos europeos y de otros en el mundo raya en lo repugnante: si los muertos son iraquíes, se trata de un “asunto interno” de esa nación, como han sido “asunto interno” las matanzas de etíopes, nigerianos, thutsis y ugandeses en África. Los genocidios del Continente Negro son de millones de millones, pero como es de “negros contra negros”, no despiertan más que protestas. Tampoco, por lo visto, hay que preocuparse por las razzias que perpetran los negros contra agricultores blancos en la antigua Rhodesia. Lo que indigna, de acuerdo con las señales, es que un blanco en sudáfrica prohíba a negros entrar a un restaurante.

 Volvamos a Iraq. No se necesita emplear armas de destrucción masiva, para causar perjuicios enormes a una nación. Un pequeño grupo de terroristas entrenados en Iraq, Libia, Cuba o Colombia, es capaz de desbaratar la economía de un país, como sucedió con la bomba que fanáticos musulmanes hicieron estallar en una discoteca de Bali, Indonesia. Los muertos fueron menos de doscientos, pero el atentado hizo colapsar la industria turística. Las muertes inocentes causadas por los terroristas buscan derrumbar institucional y económicamente a los países víctimas.

Muy lejos llegó Corea comunista

Las armas de destrucción masiva son más una patología mental, que la posesión de artefactos. El genocida puede poner en movimiento una sucesión de hechos que llegue a los mismos resultados que el estallido de una bomba nuclear, aunque éstos sean menos espectaculares. Las políticas de Jimmy Carter a finales de los años setenta, provocaron la muerte de cerca de doscientos mil centroamericanos, sin que éste necesariamente se lo propusiera.

  Con frecuencia la mente criminal termina por conseguir las armas suficientes para causar la muerte y la destrucción que se propone. Sin artefactos atómicos, aunque con gases asfixiantes, Sadam Hussein mató a un par de millones en el Oriente Medio, en su mayor parte jóvenes, casi niños. Y un alto porcentaje de los muertos que se han ido encontrando en las fosas iraquíes, fueron torturados y hasta enterrados vivos por los esbirros del régimen. Que eso no sea razón suficiente para hacer la guerra a Hussein, no se lo explica ninguna persona civilizada. Hussein, al igual que los ayatolás persas, han sido los promotores de la violencia en el Oriente Medio.

La cuestión es muy compleja, como lo demuestra el caso de Corea comunista con sus artefactos nucleares apuntando a sus vecinos. Una guerra para desalojar al déspota puede desatar un holocausto en el Lejano Oriente.

 

 

 

 

 

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