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Misterio rodea muerte de niño por una bala perdida

Santiago Texacuangos. La PNC no tiene pistas que conduzcan al esclarecimiento de la muerte del joven - Una bala le impactó cuando se lavaba las manos.

Abbey Alvarenga
El Diario de Hoy

metro@elsalvador.com

Todavía incrédulos G Vecinos y allegados al joven comentan la muerte del niño de 12 años. Foto EDH
Cuando llegué estaba sangrando. Yo lo agarré, pero ya había muerto.

Con estas palabras, Josefina Pérez, relataba la muerte de su hermano, de 12 años. Una bala perdida impactó entre el cuello y la cabeza del joven la mañana del sábado.

Esteban jugaba en las afueras de la casa. Cuando terminó fue a lavarse las manos. En ese precisó instante, su hermana oyó un disparo.

Cuando salió encontró el cuerpo de su hermano en el suelo, con abundante sangre en la parte superior del cuerpo.

“No sé de dónde pudo salir el disparo”, afirmó consternada.

El suceso ocurrió justo en frente de la vivienda, ubicada en el cantón Asino de la Comunidad Santa María La Esperanza, en Santiago Texacuangos.

La Policía Nacional Civil (PNC) tiene la misma respuesta que su hermana. Sostienen que no hay responsables de la tragedia, y manifiestan que pudiera tratarse de personas extrañas de la comunidad.

“Muy posiblemente se trate de personas que vienen a cazar cotuzas o venados” aseguró un agente.

Un vecino se desplazó inmediatamente a socorrer al niño. Sin embargo, el traslado del cuerpo hasta el Hospital Rosales fue en vano: los médicos confirmaron lo peor.

Sus amigos, familiares y ocho hermanos despidieron ayer a Esteban y sepultaron sus restos en el cementerio general de Santiago Texacuangos.

Sus compañeros del tercer grado de la Escuela Monseñor Romero de Santa María La Esperanza guardan recuerdos de un niño alegre y aplicado.

“Cuando entró a la escuela no le gustaba mucho, pero poco a poco se intereso más, ya había mejorado bastante la letra”, comentó la hermana.

“Era un niño obediente, estudiaba en la mañana, por la tarde, a veces, le colaboraba a su papá en la milpa”, dice su abuela materna, Bonifacia López de Ramírez.

Sin partida

En medio del dolor por lo sucedido al tercero de sus hijos, el padre explicó, frente a la alcaldía, que nunca había inscrito a su hijo. Su intento de extenderle una partida de defunción no fue posible.
La situación fue confirmada por una empleada de la institución.

“No se le encontró partida de nacimiento, es decir que es como si este niño nunca hubiera existido”, acotó. En su conmoción, el padre del menor manifestó que asistiría a la Procuraduría General de La República, a fin de que resuelvan el problema.
 

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