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R: Bueno, prácticamente toda mi vida he trabajado en este mercado, desde que tengo uso de razón me acuerdo que he estado acá. Lo conozco como la palma de mi mano. P: ¿Qué es lo que vende? R: Pues, con mi esposa nos dedicamos a la venta de lácteos. Después del incendio nos quedamos con un puesto en las galeras de la 7a. Avenida Sur, y ya tenemos cinco años allí. P. ¿Cómo se dio cuenta del incendio del 30 de diciembre de 1998? R: Pues, eran como las dos de la mañana cuando una compañera del mercado me llamó por teléfono y me informó que se estaba quemando el mercado. Rápido me puse ropa y fui a ver lo que sucedía. Cuando llegué, me topé con unas grandes llamas y ya no pude entrar al edificio, me quedé afuera tratando de ayudar pero no se podía hacer nada. Perdí unos cien mil colones y a la fecha nunca he recibido ayuda. P: ¿Usted dice que su vida es el mercado, puede decirse que el día que ocurrió el incendio ha sido el más triste en su vida.? R: Puede ser, porque nos quedamos sin nada, comenzamos de cero, pero a la vez pensamos que era una prueba que nos ponía Dios, y gracias a él, pudimos salir. P: ¿Cómo hizo para levantar su negocio sin dinero? R: Bueno, la verdad es que gracias a los proveedores que confiaron en nosotros y nos dieron productos para seguir trabajando. Eso es lo bueno de ser un buen cliente. Ahora estamos más o menos nivelados y tenemos grandes expectativas de mejorar cuando tengamos los nuevos puestos. |
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