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Miércoles 1 de Octubre

 

 

 
 


Opinando
Taiwán: Listo para participar en la ONU

Luis Fong*
Editoriales
editorial@elsalvador.com

En septiembre de 2000, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la Declaración del Milenio, empeñándose en reconocer “una responsabilidad colectiva para sostener el principio de la divinidad humana, igualdad y ecuanimidad a un nivel global.”

Este pronunciamiento reafirma el compromiso de los estados miembros para con los principios contenidos en la Carta de la ONU. Sin embargo, a pesar de que la Declaración reconoce que “las naciones y las personas han incrementado su interconectividad y su interdependencia,” un país aún permanece fuera de la familia de la ONU: La República de China, ROC, comúnmente conocida como Taiwán, todavía está a la espera de ser bienvenida.

El gobierno y los habitantes de Taiwán buscan urgente compensación a esta injusta situación. Cuidando los ideales de paz de la fundación de las Naciones Unidas, y los derechos humanos, ellos desean suplir sus obligaciones como miembros responsables de la comunidad mundial y cooperar con otras naciones proveyendo asistencia humanitaria y apoyando el desarrollo sustentable. En esta era de globalización las personas de Taiwán quieren ser parte del esfuerzo de las Naciones Unidas para crear y compartir el futuro de toda la humanidad.

Desde que los comunistas tomaron el control del continente chino y establecieron la República Popular de China, (PRC) por sus siglas en inglés, en 1949, los dos lados del estrecho de Taiwán han sido gobernados como países separados, sin tener ningún control o jurisdicción uno sobre el otro.

Taiwán organiza su política, conduce su propia defensa nacional y se compromete en substantivas y formales relaciones con otros estados de la comunidad del mundo. Todos los factores políticos, económicos y comerciales que cubre Taiwán son negociados con su gobierno por sí mismo.

Ahora Taiwán es libre, vibrante y democrático. Extensivas reformas constitucionales en las pasadas dos décadas han expandido su proceso democrático, incluyendo las primeras elecciones generales parlamentarias en 1992 y la primera elección presidencial directa en 1996. La elección presidencial de 2000 terminó con cinco décadas del gobierno bajo el Kuomintang, y se efectuó una transferencia pacífica del Poder Ejecutivo al Partido Demócrata Progresista. El éxito de Taiwán en construir la democracia y promover los derechos humanos se ve claramente en la perseverancia de su gente, así como el compromiso del gobierno de trabajar por la paz, la justicia y la libertad.

Taiwán cree fuertemente en la universalidad y la indivisibilidad de todos los derechos humanos. El gobierno ha prometido reintegrar a Taiwán al sistema internacional de derechos humanos, ratificando el convenio en derechos civiles y políticos y el Convenio Internacional en Economía y Derechos Sociales y Culturales e implementar la Declaración de Viena y un Programa de Acción. Taiwán está en la actualidad en el proceso de establecer una Comisión Nacional de Derechos Humanos acordes con los estándares de las Naciones Unidas, así como domesticar los convenios mencionados anteriormente y otras herramientas importantes legales internacionales de protección de los derechos humanos como una ley básica de derechos humanos.

Taiwán goza de prosperidad económica prolongada gracias a la ambición de talento, y diligente trabajo de su gente. Han transformado a esta isla con escasos recursos económicos en el decimoséptimo lugar de las economías más grandes del mundo, con el tercer intercambio más grande de reservas extranjeras. El quince más grande en volumen de exportación y el tercero en volumen de exportación en productos tecnológicos.

A pesar de todo su éxito, Taiwán no ha sido admitido para compartir la responsabilidad de fomentar la economía mundial y el desarrollo social o su experiencia de paz política y transformación social con el resto del mundo. En 1971, la Resolución 2758 de la Asamblea General de la ONU resolvió el litigio de la representación de la República Popular de China en las Naciones Unidas y sus organizaciones afiliadas. Pero estas resoluciones no confirieron el derecho de la República Popular de China de representar al gobierno de la gente de Taiwán. Los 23 millones de personas en Taiwán han sido excluidas de las Naciones Unidas.
La exclusión de Taiwán de las Naciones Unidas ha obstaculizado su capacidad de contribuir a esfuerzos multilaterales a favor del bien común del mundo.

En este nuevo siglo en el cual la cooperación global juega un rol importante en todos los esfuerzos para la paz y prosperidad, la comunidad internacional no puede darse el lujo de excluir un socio responsable y amante de la paz. Las Naciones Unidas deben defender el principio de la universalidad e invitar a Taiwán a dar una mano para ayudar a hacer del mundo un mejor lugar para todos.
*Agregado de prensa de la embajada de República de China.

 

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