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Miércoles 1 de Octubre

 

 

 
 


Palabras
Joyas del chiste popular

Carlos Balaguer*
Editoriales
pintorbalaguer@hotmail.com

Contra lo que no han podido los doctos y falsos moralistas es contra el humor picaresco. El género literario de la sátira, el chiste popular y callejero tiene un innegable valor cultural.

Elaborado con un exquisito lenguaje soez, con un desbordante sentido del humor y con un ingenio increíble, el chiste rojo es moralmente aceptado en las fiestas, en las tertulias y en los templos de la cultura.

La razón es simple: abre los diques de nuestra felicidad reprimida. Así como un recuerdo o una fotografía pueden desatar las lágrimas que negamos a la vida, un chiste vulgar, pero refinado en su ingenio, hace que soltemos las risas contenidas en nuestro ser, ante la dura y humana realidad.

El autor de los chistes populares es anónimo. O mejor dicho, es la vida misma la que ha escrito esas joyas de la literatura popular que el pudor nos impide algunas veces disfrutar. Escritos con el discreto encanto de la felicidad lasciva o de la burla ante la vida o el destino, los chistes nos hacen reír, como hicieron reír a los niños o a los filósofos de la Grecia clásica. Estos doctos y sabios solían departir en las escalinatas de los templos con otros filósofos, entre los que estaban los sátiros y contadores del buen humor.

El chiste popular es la sublime risa de la plebe que al igual que los santos y eruditos, necesita reír y, por un instante, burlarse del mundo y de la tristeza.


Día a día

De manera sistemática el “centro” calla frente a los desmanes de los comunistas tanto criollos como globales, incluidos los fusilamientos en Cuba y la supresión de libertades en Venezuela. Los efemelenistas llegaron al extremo de apoyar la condena a cárcel casi perpetua, de disidentes cubanos, mientras los “centristas” callaron.

Partamos también de una realidad: “centro” viene a ser lo que formalmente no está en alianza con ARENA y no esté coaligado con el FMLN, como ahora los pecenistas. En términos estrictos “centro” serían el CDU y el PDC, pero los únicos que podrían a corto plazo ser un verdadero “centro” con agenda propia y sentido común, es la nueva Democracia Cristiana, una vez que termine de relegar la pestífera “vieja guardia” al desván de lo inservible.

 

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