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Miércoles 1 de Octubre

 

 

 
 



La nota del día
Ser marero en EE.UU. es un agravante

La policía parte de una realidad: que su misión principal es proteger a la gente honrada y sacar de las calles a los antisociales y violentos.

Fuertes penas carcelarias impone el sistema de justicia estadounidense a los miembros de maras que cometan delitos, de acuerdo con un reportaje de TCS. Según declaró el encargado de la unidad antimaras de la Policía de Los Ángeles, los jueces agregan de cinco a quince años adicionales a las penas fijadas para un delito, si el culpable es marero. Así, cuando el castigo usual por lesiones es de cinco años, el marero resulta condenado a diez. Y si ha cometido tres delitos, lo probable es que tenga que pasar su vida en prisión.

 La Policía de Los Ángeles se basa en una serie de señales y pruebas para establecer si alguien pertenece a las “gangas” ( maras en spanglish) que en principio consisten en lo siguiente: los antecedentes que se recogen de un individuo. La policía lleva fichas de los que van cayendo como sospechosos, o son procesados sin que importe la edad que tengan; la vestimenta que usan, los tatuajes, las señales que emplean para comunicarse, los lugares donde suelen permanecer; testimonios de víctimas o vecinos, denunciándolos como mareros; armas y objetos que se les encuentran.

La policía parte de una realidad: que su misión principal es proteger a la gente honrada y sacar de las calles a los antisociales y violentos. Pero pese a los esfuerzos que se hacen, las maras siguen enquistadas en los barrios bajos de las grandes ciudades norteamericanas, aunque en los últimos años la criminalidad que se relaciona con ellas ha disminuido.

El problema es gravísimo porque en sus inicios no se tomaron medidas ejemplarizantes, en parte porque no se entendió que era una forma de crimen organizado. En gran medida las maras o pandillas juveniles son copia de las mafias criminales de los adultos, y el sector donde se reclutan endurecidos y sicópatas. El marero que sobrevive por lo general termina incorporándose a pandillas delincuenciales, sobre todo las relacionadas con la droga.

Las maras, se señaló en el reportaje, se sostienen de robos, extorsiones y tráfico de drogas. Cada una reclama un territorio; las guerras entre las pandillas con gran frecuencia tienen que ver con disputas territoriales.

La lucha se basa en información


Cuando un marero es aprehendido en territorio hostil, le golpean e inclusive llegan a matarle. De allí que los ritos de iniciación de los jóvenes que quieren incorporarse a una mara implican con frecuencia incursionar en territorio enemigo para pintar señales o robar emblemas.

Las autoridades de Los Ángeles saben que los jóvenes se incorporan a las maras desde muy temprana edad, a menudo entre los diez y los quince años. Mientras más joven sea un recluta, más fácil es adoctrinarle y convertirle en un adepto fanático y capaz de perpetrar cualquier atrocidad. Además se tiene la ventaja, para ellos, de que es pura carne de cañón que se puede sacrificar sin ningún miramiento.

La lucha contra las “gangas” se basa primordialmente en contar con la debida y exacta información sobre sus miembros, sus movimientos, sus contactos con el crimen organizado y la localización de sus escondites y territorios. Cada vez que un grupo de pandilleros es capturado, la policía contacta con las computadoras del cuerpo para saber antecedentes. Sólo en El Salvador es prohibido llevar tal clase de datos.

 

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