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La nota del día
Ser marero en EE.UU. es un agravante
La
policía parte de una realidad: que su misión principal
es proteger a la gente honrada y sacar de las calles a los antisociales
y violentos.
Fuertes penas carcelarias impone el sistema de justicia estadounidense
a los miembros de maras que cometan delitos, de acuerdo con un reportaje
de TCS. Según declaró el encargado de la unidad antimaras
de la Policía de Los Ángeles, los jueces agregan de
cinco a quince años adicionales a las penas fijadas para
un delito, si el culpable es marero. Así, cuando el castigo
usual por lesiones es de cinco años, el marero resulta condenado
a diez. Y si ha cometido tres delitos, lo probable es que tenga
que pasar su vida en prisión.
La Policía de Los Ángeles se basa en una serie
de señales y pruebas para establecer si alguien pertenece
a las gangas ( maras en spanglish) que en principio
consisten en lo siguiente: los antecedentes que se recogen de un
individuo. La policía lleva fichas de los que van cayendo
como sospechosos, o son procesados sin que importe la edad que tengan;
la vestimenta que usan, los tatuajes, las señales que emplean
para comunicarse, los lugares donde suelen permanecer; testimonios
de víctimas o vecinos, denunciándolos como mareros;
armas y objetos que se les encuentran.
La policía parte de una realidad: que su misión principal
es proteger a la gente honrada y sacar de las calles a los antisociales
y violentos. Pero pese a los esfuerzos que se hacen, las maras siguen
enquistadas en los barrios bajos de las grandes ciudades norteamericanas,
aunque en los últimos años la criminalidad que se
relaciona con ellas ha disminuido.
El problema es gravísimo porque en sus inicios no se tomaron
medidas ejemplarizantes, en parte porque no se entendió que
era una forma de crimen organizado. En gran medida las maras o pandillas
juveniles son copia de las mafias criminales de los adultos, y el
sector donde se reclutan endurecidos y sicópatas. El marero
que sobrevive por lo general termina incorporándose a pandillas
delincuenciales, sobre todo las relacionadas con la droga.
Las maras, se señaló en el reportaje, se sostienen
de robos, extorsiones y tráfico de drogas. Cada una reclama
un territorio; las guerras entre las pandillas con gran frecuencia
tienen que ver con disputas territoriales.
La lucha se basa en información
Cuando un marero es aprehendido en territorio hostil, le golpean
e inclusive llegan a matarle. De allí que los ritos de iniciación
de los jóvenes que quieren incorporarse a una mara implican
con frecuencia incursionar en territorio enemigo para pintar señales
o robar emblemas.
Las autoridades de Los Ángeles saben que los jóvenes
se incorporan a las maras desde muy temprana edad, a menudo entre
los diez y los quince años. Mientras más joven sea
un recluta, más fácil es adoctrinarle y convertirle
en un adepto fanático y capaz de perpetrar cualquier atrocidad.
Además se tiene la ventaja, para ellos, de que es pura carne
de cañón que se puede sacrificar sin ningún
miramiento.
La lucha contra las gangas se basa primordialmente en
contar con la debida y exacta información sobre sus miembros,
sus movimientos, sus contactos con el crimen organizado y la localización
de sus escondites y territorios. Cada vez que un grupo de pandilleros
es capturado, la policía contacta con las computadoras del
cuerpo para saber antecedentes. Sólo en El Salvador es prohibido
llevar tal clase de datos.
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