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Ministerio Espiga
En el nombre de Jesús

Por Salvador Gómez, Predicador Católico
www.espiga.org.sv"
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre. Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es SEÑOR para gloria de Dios Padre". (Fl 2, 9-11)
Cuando Josué, mi hijo, tenía cinco años, una noche me dijo: "Papito, tengo miedo, sueño con monstruos y no puedo dormir". Le hablé de Jesús, le dije que repitiera muchas veces: Jesús, Jesús, Jesús... y le acompañé hasta que se quedó dormido repitiendo ese nombre glorioso.
En los momentos más difíciles de mi vida, cuando me siento impotente y no sé que hacer, comienzo a decir: "Jesús, Jesús, Jesús, Padre, Padre, Padre..." y esa oración me da paz aún en medio de la tormenta.

Ya es parte de nuestra cultura, casi todos nuestros abuelos, ante cualquier situación que los amenaza, un temblor, un huracán e incluso un estornudo, automáticamente dicen: "¡Jesús!".
En su carta a los Colosenses, San Pablo nos recomienda que "todo cuando hagáis, de palabra y de obra, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias por su medio a Dios Padre" (Col 3, 17).

Jesús es el nombre que está por encima de todo nombre. Cuando el nombre de tu enfermedad sea cáncer, sida, hepatitis B, cuando te digan que tu hijo recién nacido es un niño especial.. recuerda que por encima de ese diagnóstico médico terminal, está el nombre de Jesús y repite: "Jesús, Jesús, Jesús".

Cuando padre, madre, esposo, esposa, hijo, hija o cualquier otro nombre, al pronunciarlo te cause dolor, angustia, tristeza, en lugar de ellos pronuncia el Nombre: "Jesús, Jesús, Jesús".
Cuando llegue la hora de tu muerte, con el último aliento que te quede, trata de pronunciar ese glorioso Nombre y pasarás en paz de este mundo a Su presencia.
Orar en el nombre de Jesús es orar como El nos enseñó y sobre todo acercarnos al trono de la gracia seguros de que el Padre escuchará nuestra oración pues está hecha en el nombre de su Hijo amado. "Dando gracias continuamente y por todo a Dios Padre, en nombre de nuestro Señor Jesucristo". (Ef 5, 20)

Orar en el nombre de Jesús es un privilegio que tenemos solamente sus discípulos.
Podríamos comenzar la oración diciendo: "Padre, venimos a tu presencia en el nombre de Jesús tu Hijo amado..." o como lo hacemos en cada Eucaristía: "Por Cristo, con él y en él, a ti Dios Padre Omnipotente..."
Aún cuando la costumbre es terminar la oración diciendo: "... por nuestro Señor Jesucristo".
¡A El la gloria, por los siglos de los siglos, amén!



 

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